Sin la muerte en la mochila

“La Casa de Oscar” 14                                                     8 de junio de 2006

Sin la muerte en la mochila

¡Hola hibernadores terrenales! Uds., los que me conocen, saben que he perdido el miedo. Para los que me conocen poco, eso ha sido en el siglo pasado.

Fue durante una disputa con la muerte misma.

Ella se me presentó, diciendo que debía hacer un viaje, como su acompañante. Como me sentía joven, me dije, perdido por pedido, con la parca, me peleo.

Según ella, yo estaba jugado. La miré fijo, mientras ella me indicaba el camino. Cuando pude, y sacando fuerzas desconocidas, le arrebaté la guadaña, y le asesté un guadañazo. Cayó sorprendida y maldiciendo. Sin certificar su estado, empecé a correr.

Estuve tres noches sin pegar un ojo. Sabía que podía estar escondida sin que la vea. Y que sería tan traicionera como lo había sido yo. Pero no podía vivir de esa manera. Pensando que se me aparecería para capturarme para siempre.

Reflexioné acerca de que sin dudas, alguna vez tendría que llegar ese momento. Que nadie tiene certificado de eternidad. Y que muchos ni siquiera de trascendencia. Entonces se me ocurrió un plan.

Vivir y disfrutar cada momento.

Compartir mis éxitos y aprender de las derrotas.

Cuidar el cuerpo que me lleva y que me trae.

Dedicar mi tiempo a construir afectos.

Y tan a rajatabla persigo ese plan, que me he olvidado de la muerte.

Tanto que ya no le tengo miedo.

Por que sé, que ella evitará que yo siga viviendo

Pero hasta que eso pase, yo vivo.

elduendeoscar

Este pequeño relato, es para homenajear a Marcos, que tal vez muchos de Uds. no han conocido. Y que tan joven, ha sido conducido hacia lo incierto, dejándome preguntas sin hacer. Y haciéndome ver, que mi plan, debe seguir vigente.

Acerca de elduendeoscar

Curioso ladrón de palabras en desuso, especialista en rompecabezas con letras y reciclador de lo inhóspito. Todo lo hago para entretenerme mientras voy muriendo. Mentiroso narrador de lo que existe como evidencia y testaferro de la verdad absoluta de las miserias.
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