Imborrable amistad

Imborrable amistad

Si, pasó el tiempo. Ese fenómeno imposible de detener, tan caro para nuestras vidas, y que muchas veces lamentamos haber perdido en un amor, en un proyecto, en alguna causa.

El tiempo es capaz de envejecer nuestras ingenuidades, atormentarnos con pérdidas humanas, enlentecer nuestras reacciones, limitarnos la paciencia y la tolerancia, por un lado. Por otro, suele curar heridas, sanar amores y malos negocios. Puede hacernos sabios, hacernos sensibles, hacernos pacíficos, hacernos útiles.

El tiempo tiene un poder invisible en el cuándo se acaba todo, digamos en el se nos acabó y le sigue nuestra muerte. La lucha por ganarle a la muerte, es vivir la vida intensamente, entretenernos con aquello que nos hace felices. Y una herramienta fundamental de esa lucha, es sellar amistades. Sobre todo, hacerlo con la profundidad del afecto con un “para siempre”.

Esa unión es indestructible. El tiempo no puede romperla, no puede despegarla, no puede borrarla. 6 de enero de 1966

Si, pasó el tiempo. Y vos, tan conmigo hasta mi muerte. Tan profundamente sellado a mi corazón.

elduendeoscar

Para mi amigo más lejano en el tiempo, Ricky Sarrío. Juntos en la foto del 6 de enero de 1966.

Escrito en La Biblioteca (6 y 48 de La Plata) julio de 2018

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UN POBRE QUE LLEGÓ…

 

La gobernadora de la provincia donde vivo hizo una reflexión incómoda.

Tal vez merece una respuesta respetuosa de un graduado.

UN POBRE QUE LLEGÓ…

DÍA DEL ANIMAL

Mientras intentaba darle formas al sueño de tener un lugar donde encontrarme con amigos, lo que hoy es “La Casa de Oscar”, repasaba los últimos textos para cumplir con la asignatura pendiente que me había dejado una adolescencia de imposibilidades.
Se trataba de estudiar para la última materia de la carrera que había iniciado con mucho esfuerzo, entre hijos, matrimonio, trabajos y empleados en 1997.
A pesar de la gran cantidad de obstáculos que hubieron en el camino la consigna era no bajar los brazos. Había que cocinar, encargarse de la escuela, suplir ausencia de trabajadores, asistir a las cursadas, ser marido, ser patrón, ocuparme de los chicos del club, de las entrevistas con los padres y un montón de otros detalles que no interesa agregar.
Desde niño había soñado con ser médico. Una vez se lo respondí a mi madre cuando me hizo esa pregunta incontestable que siempre hacen los padre ¿Cuando seas grande que querés ser? Mi respuesta fue ser médico y mi fundamento fue “para que no envejezcas mamá”. Discúlpame mamá, viste como somos los hijos. Estudié otra cosa y no pude evitar que las arrugar te ganen.
Miraba a mi alrededor en la juventud y veía que todos estudiaban algo; música, medicina, ingeniería, arquitectura y otras cosas. Yo tenía que trabajar para tener el guiso, la sopa o el puchero. El estomago estaba primero que la cabeza.
En un rapto de estupidez, aún me sigue pasando, reflexioné sobre mi entorno familiar y descubrí que ninguno de mis padres y tíos era un profesional universitario. Y tenía 10 ejemplos, o sea 10 tíos además de mis progenitores. Algunos sin siquiera con la escolaridad primaria completa. Y miré hacia mis pares o sea mis primos y hermanos. Y vi que había dos que estaban terminado sus estudios terciarios o académicos. Por lo que creí entonces que me sería difícil la escalada hacia un título sobretodo agregando que tengo 28 primos. Igualmente me propuse a los 20 años y cuando pudiera seguir estudiando. Así y con mi hija en brazos recibí mi título de Bachiller a los 31 años. Con un poquito de esfuerzo diario y sin dejar de lado mis responsabilidades, seguí, seguí, seguí.
Y luego de tantas luchas, a contramano con el universo, conseguí a mis casi 47 años completar la carrera universitaria Y con un 9 en mi mesa final y puedo decir que dando cátedra (disculpen mi falta de humildad aquí) sobre un tema que me apasiona que es la motricidad infantil y la integración social del cuerpo, conseguí finalmente mi Título de grado en el Profesorado de Educación Física. Logro que no me coloca por arriba de nadie pero sí en la espalda de todos aquellos que necesiten un envión para conseguir lo suyo.
Y este texto lo escribí pensando en que el logro se lo debo a la fidelidad gatuna que me tuve, a la lealtad canina de no pasar a nadie por encima para lograrlo, a la conciencia de pájaro cuidador de mi hogar, a la leoninidad con que peleé cada paso, a la inteligencia de zorro para organizar todas las estrategias y al espíritu de supervivencia en las dificultades que tiene una lagartija.
Y porque simbólicamente al mirar mi pasado me digo “Qué animal”

Fue el 29 de abril, allá por 2005.

elduendeoscar

Escrito el 29 de abril de 2014 en LCDO

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¿ES AMOR?

Tres historias de dos con una pregunta final…

Lima_26

DOS MEDIAS

Me acosté desnudo. En medio de la noche desperté con ganas de orinar. Me levanté descalzo para ir, sin prender las luces, como siempre lo hago. Sentado en el inodoro me dí cuenta que tenía medias. No recuerdo habérmelas puesto. Lo más extraño es que una era negra y la otra azul. Dormido como estaba intenté ir para atrás en el tiempo para dilucidar qué había pasado. Hasta que me propuse no preguntarme nada y seguir durmiendo. En la cama estaba ella, acurrucada entre cobijas. Me acomodé como pude y me dormí.
En el desayuno, me confesó que se le había ocurrido vestir mis pies en la oscuridad por que al tocarlos estaban fríos y no la dejaban calentar los suyos. ¿Es amor?

DOS COPAS

Sentados los cinco en una mesa disfrutamos de una deliciosa cena. Empezamos a beber una hora antes del primer bocado aperitivos, que para quien no sabe, abren el apetito. Coincidentemente las charlas iniciales y las miradas de estudio, también habrían de hacerlo. La idea de tan gustosa reunión, tenía origen en la organización de un evento cultural masivo, cuya responsabilidad tendría ese grupo.
A medida que las copas de vino empujaban la comida hacia su viaje final, las risas, las sonrisas y los guiños, aumentaron. Ideológicamente todos acordaban y cada uno aportó su parte.
El postre, un helado con whisky, coronó el desborde de alcohol que ya estaba fuera de sitio. La dirección temática cambió de sentido e inesperadamente se volcó hacia la sexualidad. Las dos parejas contaban anécdotas de sus viajes y de sus atrevimientos. Entre ellas competían confesando excesos. A las dos de la madrugada cada quien se fue a su casa. A las tres, suena mi teléfono. Una de las mujeres me confiesa que se olvido la cartera en el sillón y que ya vendría a buscarla. Haciendo un esfuerzo la esperé, pero no encontré su accesorio. Llegó pidiendo disculpas por la hora y el olvido. Fue hasta el sillón Y para mi asombro se sentó comodamente. Inmediatamente dijo -Y por que no me traes una copa? Algo desacomodado le pregunté, Quieres beber agua?. No, me respondió, con agua…no se festeja nada.
Y serví dos vinos más…
¿Es amor?

DOS DESEOS

Todos los días haciendo el mismo recorrido para cumplir con las mismas obligaciones, es mecánico, monótono y por lo tanto aburrido. Tardamos años en darnos cuenta lo robótico de nuestro vivir. Pocas cosas nos distraen en esa rutinaria tarea; un accidente, una cara rara, un vendedor ingenioso, una lluvia…

Esa tarde, al volver por la misma senda de la plaza que lleva a cruzar por la última avenida, a doscientos metros de su casa, Alberto, no pudo dejar de observar lo que pasaba. Delante suyo caminaba una mujer joven que enviaba mensajes de voz por celular. Por el volumen que mantenía de conversación podía deducirse que se estaba peleando con su pareja y que la cosa no tenía remedio. Antes de llegar al borde de la acera para cruzar la calle pudo escuchar “…se acabó, ya fue, me acuesto con el primero que se me cruce…”. Surgió en el interior del pensamiento de este muchacho un deseo risueño, ser el primero…

¡Qué cantidad de cosas decimos cuando estamos enojados con el mundo! y ¿Qué noción perdemos de lo que hacemos cuando nos enojamos! Casualmente y aún con el teléfono clavado en el oído, esta bella mujer se lanzó a cruzar la calle sin mirar y si no fuera porque este hombre la sujeto del brazo para evitar que sea atropellada, estaría hoy descansando en paz, por decirlo de alguna manera.

Ella se sorprendió con el sacudón hacía atrás, pero entendió enseguida que la había salvado. Ciertamente confundida agradeció el gesto. Él le comentó que la veía alterada y que lo mejor era sentarse a tranquilizarse y luego seguir. Y se ofreció de conciliador. Charlaron una hora intercambiando visiones de la vida, contándose anécdotas y siéndose amables. Todo finalmente terminó en un albergue transitorio.

Cuando Alberto llegó a su casa, se miró al espejo, sonrió por relacionar el deseo con lo sucedido y se le ocurrió otro deseo…volver a verla.

Cosa que hasta hoy, no volvió a suceder.

¿Es Amor?

Dan

Imagen: Parque del Amor, Lima, Perú

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ECONÓMICAMENTE INCORRECTO

Económicamente incorrecto…

“Contaba las estrellas y cuanto terminaba, algunas se le habían muerto” Vene

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¿Los números que están al revés, cómo se suman?

¿Si los números están acostados, son más anchos?

¿Los números que se diferencian, por qué se juntan?

¿Si los números dicen cosas, no serán letras?

¿Por qué se van los números están escritos?

¿Si los números crecen, por qué hay más pobres?

¿Los números son agudos, tienen acento?

¿Si los números escapan, querrán ser libres?

¿Si los números son perversos, tienen condena?

¿A qué juegan los números que hacen trampa?

bobó

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San Valentín 2018

San Valentín 2018, un anhelo…

“Quien sin amores va, solo es una mitad” Dan

Tengan el amor en lo más alto, su sabor a sal en sus encías, su efervescencia en las venas, su objetivo en la mirada, sus deseos en las hormonas, sus formas en el tacto, sus vivencias en el recuerdo, su validez en los besos y caricias, sus caprichos en la tolerancia, sus días grises en la esperanza, su reciprocidad a toda hora y su sustento, en el corazón.

Dan

Escrito en “La Casa de Oscar” el 14 de febrero de 2018

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Anécdotas de playa (2)

Padres perdidos

Es una costumbre muy habitual en las playas, empezar a aplaudir cuando un niño se pierde de la vista de los progenitores. Cuanto más poblada sea la playa, más probable es que los menores se distraigan jugando y pierdan orientación respecto del lugar donde sus padres tienen las lonas o la sombrilla. Habitualmente es el guardavida quien levanta a upa al niño, y lo pasea por la orilla tratando de hacerlo visible. Los aplausos surgen espontáneamente por donde pasa y tal evento propone avisar a los señores papis. Se suman curiosos, ansiosos y aplaudidores al trayecto, que generalmente en cinco minutos se termina.

Estaba disfrutando de una lectura cuando oigo lo primeros aplausos. Me levanto de la silla para observar el lugar desde donde venía la procesión e identifico al bañero trayendo en sus brazos a un niño de unos cuatro años.  Pienso, pobre niño. No solo está perdido, si no que tiene que subirse a upa de un desconocido y además ser observado por un centenar de personas que aplauden. ¿Llegarán a creer que son aplaudidos ellos por su travesura? El grupo caminó unos doscientos cincuenta metros y volvió sobre sus pasos. O sea, pasó dos veces por el mismo lugar. Volvieron a empezar el recorrido y en la mitad una madre, que solidariamente aplaudía junto con los demás, se levantó y fue a buscarlo. ¡Era el suyo! ¡Habían pasado dos veces antes por delante y con su hijo! y no se habían dado cuenta…

Tal vez la escuela de padres perdidos tenga hijos que se pierden.

elduendeoscar

Anécdota de playa, Mar del Tuyú, enero de 2018

Lo más pancho

No todas las playas están pobladas de vendedores. Las hay absolutamente privadas donde su atención depende de los concesionarios del balneario o del hotel que posee los derechos de uso. Hay playas exclusivas para socios como las de Itaparica, Brasil, donde el Club Med se encarga del all inclusive (todo incluido).  Existen playas exclusivas para nudistas, como El Saler, en Valencia, España. Playas como Punta Rasa, en San Clemente, donde se puede ingresar con cualquier 4×4. En estas playas los vendedores escasean. Y verdaderamente la tranquilidad de estar frente al mar es otra cosa que cuando uno vacaciona en una playa plagada de ellos. Y dejo claro que no me perturba que la gente se gane el pan del modo que pueda. Lo que realmente me molesta, es que cada cinco minutos escuchas ¡Churro-churro!, ¡Hay coca!, ¡Helaaaado! u otra cosa. Y también me perturba sentarme a diez metros de la orilla para observar lo maravilloso del mar y su inigualable sonido, y por delante pasan o se detienen carritos de venta de todo tipo.  Algunos con sonido de música que no querés escuchar. Delante de mío, o sea, entre el mar y yo se paró con su carro el panchero, o vende panchos. Hot dog (perro caliente en yanquilandia). Una salchicha de no sé qué, de 20 centímetros, hervida, sobre un pan de Viena (?) abierto sobre un cartoncito que lo soporta. Y por encima y zigzagueante una mezcla de mostaza y mayonesa. Y como aderezo final un casi puré de papa fritas arrojado por toda la superficie. Si algo contradice la naturaleza, es un pancho. Comida pasatista. Tenes que estar muy al horno para matar el hambre con eso.  Su costo es de dos dólares (40 pe) mínimo. Sueño con estar gastando lo mismo y en la Barceloneta (en cualquiera de sus playas), Barcelona, España, para tomar una cañita (un vaso tipo trago largo de cerveza fría).

Eso sí, de lo más pancho, pero tendría que volar hasta allá.

elduendeoscar

Anécdota de Playa. Mar del Tuyú, enero 2018

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ANÉCDOTAS DE PLAYA

ANÉCDOTAS DE PLAYA

Quienes me conocen saben de mi placer de estar frente al mar. Desde que lo descubrí a los 8  años ha sido para mí, un paisaje misterioso, fascinante y poderoso. En mi visita por las playas suelo escribir describiendo un poco las costumbres, un poco hechos, personajes y casualidades que se dan en las playas. Les convido algunas…

Esta serie de relatos tiene como destino hacer de la cultura pagana de vacacionar en las playas, el rescate de alguna historias para entretenerse y pensar en que todo es posible. Son experiencias personales en distintas costas mezclando realidades y ficciones junto a relatos de terceros.

elduendeoscar

 GROSO-GROSO

Ayer en la playa, el viento hizo volar una sombrilla que le pegó en la cara a un tipo muy musculoso que se estaba yendo.

Sorprendido, se quedó paradito en el lugar donde estuvo clavada, junto a objetos cubiertos por una pequeña loneta.

Cada tanto se tocaba la cara como para aflojar el dolor del golpe. Mirando para todos lados, insultaba en voz baja. Muchos testigos sin moverse de su lugar estaban esperando el desenlace.

Una hora después llegaron los propietarios.

Dos ancianos de unos setenta años que caminaban muy despacio.

El fornido tipo beso a la señora y saludo con un leve apretón de manos al abuelo.

Pude escuchar que dijo “me quedé cuidando sus cosas para que no se vuelen”

Groso

(Anécdotas de playa, San Clemente del Tuyú Romano)   21 DE ENERO DE 2018

PELUQUÍN

Cuando instalamos nuestra media carpa a unos 30 metros de la orilla del mar, en plena arena blanda, no nos dimos cuenta. Nos pareció extraño que hubiera ese hueco de arena habiendo tanta gente. Luego de acomodar los bártulos playeros empezamos a visualizar al “vecindario” que nos rodeaba. Familias con hijos, adolescentes con música, parejas grandes solas y algunos solitarios eran los pobladores de esa tarde. Sumados los carritos de venta de panchos, choclos, prendas, licuados, gaseosas, agua caliente, helados y los infaltables churros y bolitas rellenas. Así la playa es una analogía transmutante de lo que es una ciudad y nunca entendí a qué se le llama vacaciones en la playa. Ese gentío y todos sus ruidos son parte indisoluble del paisaje de los descansos veraniegos de los pobres.

Luego de un rato nos dimos cuenta. A dos metros de nuestra pequeña carpita había tirada sobre la arena un peluquín de pelo negro. Inmediatamente supusimos que un viento fuerte podría haber deschabado a alguna cabeza pelada o que alguien habría hecho un festejo la noche anterior y ese adminiculo hubiera formado parte de un disfraz. Hasta ahí todo bien. Pero nos empezamos a preocupar, ya que la gente al verlo, lo esquivaba como con asco y miedo. Y se nos cruzó la idea de que pudiera ser parte de algún ritual maléfico. Creo que como parte de mi neurosis llegué a pensar que tal vez hubiera alguien enterrado y que no sería un peluquín, sino, el pelo emergiendo a la superficie. Casi contaminados por las conductas del resto, charlamos la idea de movernos de allí seriamente. Pero no lo hicimos.

Una paloma lo picoteó varias veces, lo atrapó en su pico y se lo llevó. Tal vez para su nuevo nido.

Anécdotas de playa, SAN CLEMENTE DEL TUYÚ ROMANO, 22 DE ENERO DE 2018

SOBREPESO

Un hombre de unos cuarenta años caminaba con gran dificultad por su sobrepeso rumbo al mar. La tarde era calurosa y una buena refrescada se hacía innegable. Ingreso al agua hasta cubrir su cintura. Las olas, a pesar de su alta talla y gran porte, igualmente lo desestabilizaban. Durante unos cinco minutos esa escena ocupó mi atención y la de otros. En lo particular se me ocurrió pensar en cómo haría el guardavidas, para sacar a ese hombre del agua, si hubiera que hacerlo para salvarle la vida. Y se lo cuento a un amigo guardavidas de la playa de Ostende.

Y él me cuenta que “…una vez un habitante de Europa del Este -según se pudo interpretar el idioma con que se manejaba- vacacionaba junto a su familia en una playa española. Este hombre pesaba alrededor de 150 kilos. Ingreso al mar como cualquiera hasta que empezó a tener dificultades para salir y empezó a tragar agua y dar manotazos. Allí, los dos guardavidas que vigilaban a los bañistas, salieron corriendo en su dirección y en un santiamén llegaron a él. Pero se encontraron con una dificultad inesperada. Habitualmente para sacar a alguien del agua, se lo toma por los brazos con una mano y con la otra se nada hacia la orilla junto al pataleo casi frenético para acelerar el auxilio. El diámetro de los brazos de este hombre en problemas era un impedimento, por lo que tuvieron que abrazar cada brazo (uno de cada lado) y empujar con sus pies hasta salir. Tanto fue el patear el agua que terminó agotándolos, pero lograron salvar esa vida. Este hombre, luego del auxilio, se sentó en una reposera en estado de shock y permaneció unas tres horas con los ojos abiertos y sin hacer ni una mueca”. Su familia mientras tanto, seguía jugando en la arena.

Anécdotas de playa. Ostende enero 23 de 2018. Escrito en base a un hecho ocurrido en San Clemente y el relato de WA junto a JJ de su anécdota en Torrevieja, España.

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