SEMBRAR Y COSECHAR

SEMBRAR Y COSECHAR. 

“La sombra de un árbol no tiene semilla, lo que crece en las sombras, sí”  elduendeácido

Cada uno es dueño de la quintita que siembra y de la cosecha que ésta le brinda cada tanto, y hasta el final de su vida.

Si se siembran tomates, se cosecharán tomates. No hay formula rara aquí. La misma lógica de producción tendrá todo aquel que siembra melones, sandías, perejil u otra plantita.

Suena fuerte escuchar: Si siembras dudas, cosecharás desconfianza, si siembras soluciones, cosecharás respuestas, si siembras interrogantes, cosecharás reflexiones y si siembras distancias, obtendrás soledades. Suena fuerte, suena profundo, suena posible.

La idea de sembrar y cosechar en esta nota, es más bien metafórica y para mostrar una especie de causa efecto.

Pero tiene una relación tajante y directa con cualquier tipo de frontera, distancia, nivel, status y particularmente en la diferenciación con los demás cuando repasamos algunas de las siembras de nuestros antepasados.

La xenofobia, al apartheid, la discriminación, el nazismo y otros menjunjes han sido sembrados en el mundo que vivimos y desde entonces no se ha dejado de cosechar odio, subestimación, soberbia, aislamiento y muertes.

Cuando una persona insulta a otra por su color, formato corporal, raza, religión, ideología, nacionalidad, riqueza y otras tantas cosas, establece un lugar desde dónde se emite el insulto. Digamos que ese insulto establece una posición frente a las personas, frente a los valores y frente a la vida misma. Sembrar un insulto tiene seguramente una cosecha inesperada.

Dada la complejidad que resulta detallar cada uno de los elementos que surgen luego de insultar a alguien, ya sea por lo que se dice (por lo que quiere provocar y por lo que finalmente produce), nos vamos a abocar al siguiente listado de creencias, para nosotros ficcionales y de cierto interés de quienes lo creen para diferenciarse del resto.

Para este listado de creencias de unos sobre otros, hemos omitido la carga adjetivante de palabras usadas para decirlas o demostrarlas:

Los pobres no quieren trabajar.

Es muy difícil tener personal a cargo.

Son todos negros.

Es una reunión de grasas.

Demasiado escote.

No seas marica.

Comportamiento subversivo.

Usa ropa ajustada.

Algo habrán hecho.

Los gordos no entran.

Sacate la gorra.

Cortita la falda.

La droga les pega mal.

Tiene cara de enfermo.

Es un pobre campesino.

Anda a saber quién es el padre.

A este listado pueden seguir agregándole más frases.

Lo más paradójico resulta cuando alguien de la misma clase insulta al otro sin darse cuenta que pertenece a la misma clase.

Vaya a saberse a cuántas buenas personas no nos hemos podido acercar a partir de prejuicios instalados, sembrados desde antaño.

Vaya a saberse cuántas historias de amor no se han podido establecer a partir de creer en esas fronteras tan invisibles y tan resistentes.

Vaya a saberse cuántas revoluciones de sangre se necesitan para llegar a ese mundo donde la paz, la armonía y la bondad sean un bien común.

Quién esté libre de todo prejuicio siembre la primera semilla.

elduendeoscar

Texto escrito para el programa 28 de “Al ángulo izquierdo donde duele” del día 4 de octubre de 2017 por la FM 107.9 Ultra o ultra1079.com.ar

Imagen: Centro maestro de bienestar

Anuncios
Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Una biografía de fantasmas…

Una biografía de fantasmas…

“La psiquis es un fantasma que suele reaparecer para recordarnos que podemos tener miedo”  elduendeperverso

Allá por el año 1968, cuando apenas mi vida cumplía 10 años, todo cambió de repente.  Debido al desbordé del Rio Matanza que provocó una inundación de aguas tan sucias como la conciencia de los corruptos, tuvimos de mudarnos a la casa de nuestra abuela materna.

En aquella casa inundada escuché varias historias sobre seres y entidades que trataron de asustarme desde niño, sin lograrlo. Al menos eso creo.

Mi madre decía que no había que dormir boca arriba por la posibilidad de que un sapo se colocara sobre mi corazón y eso causaría mi muerte. También decía que había que volver temprano a casa o comer toda la comida si no, vendría el Hombre de la Bolsa y me llevaría como castigo.

Una tarde se contaban entre vecinos la muerte de una persona que no era de buena semilla y alguien dijo “esa alma va a penar mucho para entrar al cielo”. La interpretación que hice por entonces fue un poco tomada de una realidad imposible y de mucha imaginación. Por un lado nunca había visto cómo se abría un cielo para entrar, cosa que luego de mirar como pasaban las nubes, solo era posible para quien pudiera volar. O sea que ese muerto volaría hasta alguna puerta o agujero para entrar al cielo. Luego se me ocurrió que un cuerpo sin alas no puede volar.  Y pensé si existiría alguna nave que llevará al muerto hasta esa abertura. También pensé que una escalera larga podría servir, pero cómo podría subir una escalera un muerto. Todas estas teorías se las conté a Don Antonio, un hombre mayor, al que le faltaba una pierna y tenía un palomar completo. Él siempre escuchaba y se reía de mis conclusiones. Mirando a una paloma mensajera, me dijo: “Todas las personas tienen un alma, algo adentro del cuerpo que no es visible y cuando esa persona muere en su última respiración hacia afuera, esa alma sale y empieza a subir hacia el cielo”. Se me vino a la cabeza la imagen de un niño en una plaza al que se le escapaba un globo. Y el globo sube y sube y empieza a desaparecer. Me fui a buscar a algún amigo para contarle la historia y sorprenderlos con mis conocimientos. Ellos se asustaron ni bien les dije que había muerto alguien y que había que mirar al cielo para ver como entraba el alma en él. Uno de ellos me dijo que me olvidará de eso y me invitó a jugar a la pelota, el otro me dijo “cuando se murió mi tío todos rezaban con un rosario en las manos para que se vaya al cielo y yo me reía hasta que mi vieja me pegó un cachetazo en la nuca y me pidió más respeto por los muertos… pero yo no vi que saliera volando”. Y nos pusimos a jugar.

Por la noche el clima en casa era bastante espeso. Algo raro pero habitual pasaba entre mis padres. Cuando con mis hermanos se percibía esta situación, se sabía que lo mejor era; comer lo que haya calladitos e irse a dormir de inmediato. Por lo que me fui a acostar más temprano que lo habitual y empecé a recordar el tema del día: “el alma que sale y sube sin ser vista”.  Trataba de descubrir alguna pista que me permitiera entender cómo se producía ese suceso y tardé en dormirme. Por nuestras camas pasó mi madre para ver que todo estuviera bien y me descubrió despierto. Me puso la mano en la frente y me dijo “Me parece que tenés algo de fiebre” y preguntó si me dolía algo. Solo se me ocurrió preguntarle si existían almas de colores y me dijo que no, que me durmiera ya. Lo que si pude comprobar con su respuesta es que las almas existen pero que no pueden verse. Escuché que hablaba con mi hermano dormido diciendo “Otra vez te hiciste pis en la cama…y eso que te dejo la pelela acá nomás. Finalmente, y luego de varias vueltas sobre mi eje, enredar cobijas y transpirar, me dormí. Pero en mi sueño el tema apareció latente y los restos diurnos dieron sus frutos.

Despierto en medio de la noche, al menos eso creo que sucedió. El lugar aparece semi iluminado ya que a mi hermana no le gustaba dormir con las luces apagadas. Miró primeramente hacía sus camas y veo quietud. Giro mi cabeza hacía la puerta que da al comedor y me quedo helado. Siento un golpe adrenalínico que hace erizar mi piel. Mi corazón parecía un tambor explotando en mi pecho. Perfectamente enmarcada con el marco de la puerta una persona de desnuda de pelos largos está sentada en una escupidera. Puedo recordar que era blanca, toda blanca, brillante muy brillante. El resto del lugar no pierde formas, la mesa es la mesa, las sillas son las sillas. Ella me mira. Me mira fijamente como si supiera que yo miraba. Sos ojos parecen abrirse más, agrandarse y reducirse. Impresiona esa mirada. Me tapo la cabeza para dejar de verla y trato de pensar. De a poco voy levantando la cobija para volver a verla porque se me ocurrió que si yo me tapaba ella podía levantarse y venir hasta mí. Cuando ya puedo volver a verla sentada en aquel lugar, ya no estaba. Miré para todos lados y dejé de verla. Entonces empecé a gritar. Y en pocos segundos mi madre en enagua se apareció preguntándome ¿qué pasó? Intento contarle completamente agitado y con el corazón en la boca lo que había visto y le pido que prenda todas las luces, que estaba allí todavía pero que no podía verla. ¿Qué cosa? ¿De qué hablás? Y me abrazó tratando de calmarme. Volvió a ponerme su mano en la frente y me dijo…vos tenés fiebre. Me recostó, me puso un paño mojado en la frente, se quedó un rato a mi lado. Y no recuerdo más nada.

Sin que hubiera sido el proyecto familiar tuvimos que escapar de aquella inundación ocurrida en Valentín Alsina a finales del ‘68 a un barrio llamado los Hornos donde nos alojó nuestra abuela materna. Una casilla prefabricada de las llamadas “Vivienda Tarzán”. Paredes endebles, pisos de cemento, ventanas corredizas y un techo sano, lo que mejoraba nuestra vida diaria. Prestada solidariamente a compartir con mi abuela y su hijo menor hasta que pudiéramos acomodar nuestras vidas.

Pegada a la casa había un pequeño terreno que oficiaba de jardín del largo del terreno donde se armó aquella otra. Y pegado a este terreno, había una casa antigua del tipo casona galería que mostraba la disposición de las habitaciones de modo visible, ya que el límite era un pequeño alambrado y no una pared. Puedo recordar el color amarillento de sus paredes y marrones oscuros de las aberturas. Todas las puertas tenían trancas o sea unos tirantes de madera pasantes que evitaban el ingreso de ajenos a la hora de dejar la casa. En ella habitaba Don Carley. Un hombre solitario y barbudo del que nunca supe mucho más. Algunos comentaban que vivía en un campo como casero. Y cuando estaba en esa casa era por poco tiempo y podía verse ropa colgada o fuego para un churrasco.

Solo cuando acompañaba a mi abuela a sacar alguna verdura de la huerta podía verlo disimuladamente y escuchando breves charlas con ella. Alguna vez vi que devolvía las gallinas que de nuestra casa de pasaban a la suya.

Esa casa me producía cierta curiosidad. Era todo un misterio. A mis once años había derrumbado unos cuantos mitos y alguien vecino me había contado que en esa casa había fantasmas. Era entonces mi próxima aventura. Descubrir qué había en esa casa cuando no estaba Don Carley.

Lo primero que hice fue escruchar o sea estudiar la actividad, para ver cuando podía intentar entrar. Esto tenía que ser de día para poder tener una precisión sobre el lugar para no ir de noche sin un conocimiento y ser una presa fácil. No solo de un fantasma, si no de un perro, de una telaraña gigante o de alguna persona, ya sea la del propietario o la de otra habitante. Esta sospecha de la existencia de otro surgió a partir de ver que el hombre barbudo colgaba ropas que no serían las suyas, para secarse al sol y del implacable cuidado de cerrar todas las puertas siempre. Agrego que para poder observar la casa hice un agujero entre ladrillos de la pared desde adentro del pequeño baño que daba un perfecto panorama. Agujero posible ante la falta de revoques, que mantuve secreto y que nadie descubrió al igual que otros, por lo que espiaba a mis tías y primas cuando se bañaban.

Luego de observar pacientemente durante un tiempo logré deducir el cuándo y el cómo entrar a la casa, cosa que hice de manera perfecta y creo sin dejar ninguna huella. Aprovechando mi pequeña y flaca figura, entré por una pequeña ventana que daba al fondo y no era vista por nadie. No había perros. No había personas. Encontré muy pocos muebles y mucho olor a humedad en el ambiente. Podía verse lo que lo que el poco sol que entraba por los altos ventiluces iluminaba. Una catrera con cobijas revueltas. Una mesa sucia con dos botellas de vino vacías, un puñado de migas de pan sobre la mesa y un plato también sucio y vacío. Y sola una silla algo derrumbada. Y otra pieza con un gigante ropero donde solo había unas cajas por encima y unas cajas adentro. Los cajones con diarios y nada que llame la atención. Mientras estaba haciendo el testeó siento que alguien intenta entrar por el movimiento del picaporte de la puerta del frente y empecé mi rápida huida. Me fue fácil trepar y correr pasando por debajo del alambre para ocultarme en aquel baño. Me puse a observar por el agujero y no vi a nadie. Me quedé un rato mirando hasta que mi tía me pidió que terminara lo que estaba haciendo, ya que se quería bañar. Dejé que lo hiciera, pero no puede evitar espiarla. Luego de ese hermoso rato, me puse a pensar en lo ocurrido en lo de Don Carley. Y me di cuenta que había dejado una pista. La ventana del fondo había quedado bien abierta. Y cuando ingresé por ella, estaba apenas abierta.

Se me ocurrió ir a cerrarla en plena noche, pero, me paralice al ver que desde una de las habitaciones podía verse el reflejo de una luz titilante. No muy intensa, pero visible por el ventiluz de la habitación donde estaba aquella cama sin hacer. Juro que no vi que alguien entrara luego del ruido del picaporte. Suspendí mi ida a cerrar esa ventana.

Tres días después recomencé mi tarea de espiar los movimientos de aquella casa. Por mi lugar de observación veo por primera vez una puerta abierta y a Don Carley solo y sentado en aquella ruinosa silla tomando mate. Unos pájaros raros empezaron a cantar. Podía escuchar sus fuertes notas estando en el baño.  Este hombre empezó a mirar hacia donde yo estaba de una manera intimidatoria. Como si me mirará a los ojos. Eso sentí. Era una mirada directa hacía el lugar donde yo estaba. Los pájaros bajaron a la huerta y luego salieron volando sin dejar de cantar raramente. Los miré hasta dónde pude, ya que el agujero era limitado. Luego quise volver la mirada hacia Don Carley y ya no estaba. Dejé mi observación y le fui a contar a mi abuela sobre los pájaros esos. Ella me dijo “Mientras no sea pájaros de mal agüero…”. Le pregunté qué quería decir eso. Y agregó “Son pájaros que cantan o revolotean trayendo malas noticias pal que los escuche”. A nadie le conté que había hecho, era un secreto personal.

Me pregunté si vaticinaban algo respecto a mi aventura. Entrar a una casa sin permiso, escuchar un picaporte sin que, entre nadie, sostener una mirada penetrante y fija con alguien, una luz parpadeante y finalmente unos pájaros extraños. Decidí suspender mi búsqueda dándome por satisfecho suponiendo que sí había fantasmas en esa casa. Pero esa noche recibí el susto de mi vida.

Para entonces ya nos habíamos mudado a una casa que estaba frente a la de mi abuela. Solo había que cruzar una calle de tierra muy poco transitada y con una muy pobre iluminación. Solía caminar por el barrio a cualquier hora y me conocía muy bien sus movimientos. Al salir de la casa de mi abuela para ir a cenar a la mía, encaré un caminito en diagonal por el que debía saltar una zanja, al saltarla veo que detrás de un gran árbol de coquitos y de entre las sombras más oscuras de la noche, una figura casi humana viniendo hacía mí con sonidos guturales y cayendo en esa zanja tan putrefacta. Solo pensé en correr lo más rápido que podía hasta llegar a casa donde asustadísimo, no sé de dónde saqué tantos pies. Le dije a mi padre que alguien me quería atrapar y que estaba cerca de la casa de Don Carley. Él sin dudarlo salió con su revolver para ver de qué se trataba. Yo me quedé casi temblando al lado de mi madre. Hasta que mi padre volvió para contarnos que era el mismísimo Don Carley que muy borracho se cayó a la zanja.

Creo que estuve como un mes sin visitar a mi abuela y nunca más volví a ver a aquel solitario y barbudo señor.

Luego de un largo peregrinaje por otras dos casas, nos alejamos de Los Hornos, ese bello barrio de la ciudad de la Plata, para acercarnos más al centro, dentro del casco urbano. Y nos alojamos en familia a mis trece años en una casa de la calle 20 a la altura del 878, entre 49 y 50. Frente mismo al Tribunal de Faltas, antes llamado Corralón Municipal. Era una casa de material con fondo y un pequeño galponcito de madera. Allí vivimos desde finales del año 1970 hasta mediados del año 1979. Exactamente a 50 metros de lo que era por entonces el Regimiento VII de Infantería.

No puedo especificar exactamente el cuándo ni el cómo empezaron a ocurrir cosas raras en aquella casa.

La primera de ella fue que alguna de las canillas se abría. Esto solo lo notábamos cuando llegábamos hasta ella para usarla y la encontrábamos abierta. Retábamos al que la hubo usado antes reclamando que sea cerrada. Pero en todos los casos, el último en usarla, la había cerrado perfectamente. La casa tenía cinco canillas. Una en el pasillo que usábamos para regar o baldear; una en el galponcito que posaba por encima del piletón de lavado de ropas; una en la cocina y dos en el baño. Una en la pileta y otra en el mezclador de la ducha, pero esa no funcionó nunca. Cuando sucedía no sucedía siempre con la misma canilla, o sea, si la última en abrirse sola era la de la cocina, posteriormente le tocaba a otra. Supuse en principio que era una broma de alguno de mis dos hermanos o de mi padre. A mi madre no le gustaban esos chistes. Pero una tarde estando solo en casa, descubrí que se había abierto la canilla del pasillo sin que hubiera nadie. Allí empecé a sospechar algo. Y cerré mi idea completamente. Una noche en la que estábamos todos cenando en el comedor se abrió la canilla del baño y los últimos en usarla fuimos mi hermano y yo y hasta nos hicimos un chiste diciendo “Vamos a cerrarla bien, no sea cosa que crean que somos fantasmas”. O sea que, nadie había sido.

Lo segundo extraño que pasaba es que cada tanto y en cualquier horario el depósito de agua se descargaba solo sin que nadie tirara de la cadena.

Y eso también fue notado por todos. Debido a la coincidencia de que el agua estaba presente en ambos casos, o sea, canillas abiertas y descarga al inodoro, consulté a un plomero amigo, quien vino con sus herramientas y luego de un rato no encontró nada raro en el funcionamiento. Luego de despedirlo, me encontré con la canilla del galpón abierta, cosa que lamentablemente no ocurrió mientras el profesional estaba.

Una tercera secuencia nos empezó a preocupar. El picaporte de la puerta que daba de la casa al fondo se movía en presencia de uno o dos de nosotros. Casualmente nunca cuando estaba mi padre, que se reía cuando le contábamos y decía “dejen de drogarse”. Además, esta vez yo sí creí que era él quien desde afuera movía la manija y escapaba. Pero tampoco.

Era verano. Cuando hacía mucho calor, aquella puerta que daba al fondo la dejábamos abierta hasta irnos a dormir. Cuando se levantaba el fresco la cerrábamos sin llave. Una noche de verano algo fresca, estábamos todos comiendo con la puerta cerrada. Cada uno ocupado en lo suyo con la televisión encendida. De pronto empieza a moverse locamente el picaporte. Mi padre se desorbita y nos pide que nos tiremos al suelo, apaga la luz y abre intempestivamente la puerta revolver en mano. Todo fue muy rápido. Y solo la luz del televisor iluminaba a nuestros cuerpos tirados. Mi padre salió tras algo… pero no encontró nada. Nos costó recomponernos. Comimos desconfiadamente. Habíamos cambiado las posiciones en la mesa y mi padre se colocó al lado de aquella puerta.

Las cosas raras, siguieron pasando sin sorprendernos, aunque mis hermanitos se asustaban y no podían estar solos en la casa.

No volvió a pasar nada nuevo hasta el día en que se cayó el crucifijo.

Esa tarde mi madre le cuenta a mi padre, que sobre la cama había encontrado al crucifijo de metal y hueso caído sobre la cama con el Cristo de espaldas al techo. Este símbolo cristiano colgaba de un clavo un metro por encima del respaldo de la cama matrimonial que usaban mis padres.

Mi padre refirió a una casualidad o a un viento aquella caída, y volvió a colocarlo en su lugar. Dos días después, mi madre volvió a encontrarlo sobre la larga almohada y nuevamente con la espalda negando al cielo, y sin decirle a mi padre intentó colocarlo. Pero no encontró el clavo de donde colgaba desde siempre, ya que no era de nuestra familia, si no que formaba parte del mobiliario que tenía aquella casa cuando arribamos. Ella me lo cuenta primero a mí y le propuse buscar el clavo. Hicimos un rastreo milimétrico y no dimos con él. Revisamos cada ranura del piso de pinoteas, cada cobija y sabana desarmando por completo la cama. No tuvimos suerte. El clavo había desaparecido como por arte de magia.

El crucifijo finalmente lo pusimos en una vieja cómoda tratando de que quede parado mirando aquella cama. Eso fue por la tarde, a la noche estaba caído.

Fui a visitar a una conocida mentalista para resolver el misterio. Y ella me pidió que ponga vasos con agua todas las noches por siete días a partir de la luna llena ya que seguramente habría un espíritu pidiendo que se rece por él.

Sin dudarlo fui a preguntarle al dueño de aquella casa si alguien había fallecido en ella. Si, me dijo, hace unos diez años, murió mi padre.

elduendeoscar

Escrito para leer en el programa 31 de “Al ángulo izquierdo donde duele” por la FM 107.9 ultra o ultra1079.com.ar el 25 de octubre de 2017

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Leer y creer…

Imagen | Publicado el por | Deja un comentario

Medir la maldad…

Medir la maldad…

Publicado en Uncategorized | 1 Comentario

Doble pechuga

Doble pechuga

“El deseo descontrolado es la madre de la obstinación y el padre de todos los pecados” elduendeerótico

Vivo en la avenida 60, una calle de doble mano separada por una gran rambla, con algunos arbolitos y pastitos cortos. Según entienden algunos, ideal para que sus perros la llenen de caca. Las cagadas ecológicas que le dicen. Exactamente frente a mi casa abrieron el sábado pasado una pollajería o pollería, como quieran llamarla. Un negocio donde se vende pollo de diversas maneras; trozado, por piezas, entero, en milanesas y otros inventos con carne blanca y sin plumas. Un comercio típico de la época. Lo paradójico de mi relato es que en el barrio y en casi dos manzanas existen cuatro negocios del mismo tipo. Supongo que, por cómo está la economía, les debe costar un huevo mantenerse. Además, las carnicerías también venden pollo y hay otras dos competidoras en el mismo radio.                                  El lunes un vecino me cuenta que fue muy bien atendido y que compró en el nuevo local unas pechugas marinadas y rellenas de caprese (el caprese es una mezcla de mozzarella, tomate y albahaca). Habitualmente cuando compro empanadas, la mayoría son de caprese.  Me encantan. Así que como todos los lunes por la tarde de salí a hacer mis mandados. Vivo solo y separado hace cinco meses y me ocupo, claro, de mantener las alacenas completas a mi gusto. Lo primero que hice fue cruzarme para adquirir las pechugas rellenas que me recomendó el vecino. Para llegar debo cruzar sobre la rambla y evitar gambeteando los restos que dejan los perritos. No me quejo por la distancia, es exactamente frente a casa. Al llegar, noté que había cola para comprar y ningún cartel de ofertas como son de tener las otras pollerías. Hice un saludo general de ingreso y la única persona que lo contestó fue la mujer que estaba atendiendo a dos manos detrás del mostrador. Y a cada cliente que se iba le saludaba agradeciendo. Gestos que se están perdiendo digamos. Cuando llegó mi turno, volví a saludarla y nuevamente me devolvió el saludo. Amablemente me preguntó que andaba buscando y le dije sobre las milanesas de pechuga rellenas con caprese. Ella se mostró algo molesta cuando me dijo que ya no le quedaban y que recién a la noche iba a hacer para mañana martes. Que la disculpara. Y me ofreció unos filetes de merluza, también marinados que con cinco minutos de microondas o de horno calentito, o porque no sartén, lo tendría cociditos y ricos. Algo resignado le compré tres filetes y la saludé. Antes de irme me dijo:

 

-Gracias por su amabilidad, le prometo que esta noche voy a hacerle unas rellenas que no se va a olvidar de mis manos…y espero que mañana vuelva.

Su tono fue entre agradable y sensual. Fui a hacer las compras que faltaban y volví a casa sin dejar de pensar en la imagen que me había quedado de su boca diciéndome “no se va a olvidar de mis manos”. Esta experiencia de hombre mayor y solitario me está haciendo sentir que puedo ser joven de nuevo. No quiero fantasear, pero qué linda que está la morocha. Confieso que a la noche mientras me tomaba una copita de vino pensé de nuevo en aquella frase… “no se va a olvidar de mis manos” y me fui a dormir en medio de deseos inconfesables.

El martes a las cuatro de la tarde encaré por mi pedido. Ya en la vereda de enfrente me di cuenta de que cruce distraído la rambla sin mirar y tuve la mejor de las suertes, no pisé ningún sorete, pero además no me arrolló ningún auto. Un negligente con el azar a su favor. Me metí en la Pollajería y me puse nuevamente en cola. Sólo que esta vez además de saludarnos, ella me sonrió. Esperé mi turno sin dejar de mirarla. Sus manos eran rápidas y de movimientos precisos, exactamente como pensé. Cada tanto ella levantaba su mirada y me enganchaba mirándola. Creo que se alegraba de mi presencia. Hasta que por fin llegó mi turno. Y luego de saludarnos nuevamente me dijo:

– ¡Ya sé por que viene! ¡Viene por mí! No sé si me puse colorado, pero antes de que yo dijera algo, ¡agregó…-Ja ja…viene goloso por su mila rellena de caprese!

– Si, si, si, le contesté como tartamudo que están torturando.

De una heladera saca un plato donde posaba una gigantesca pechuga rellena diciéndome…anoche pensé en usted. Y me muestra su obra. Me pareció hermosa. Y le dije “está noche si que la voy a pasar bien”, le agradecí por haber recordado mi pedido. Empezó a envolverla y antes de cerrar el paquete agregó un choricito bombón. Atento, le dije que no le había pedido eso. Ella mi miró con sus ojos oscuros y penetrantes, se volcó hacía a delante sobre el mostrador exhibiendo un escote que dejaba ver el camino a la felicidad y casi susurrando me dijo: -No me diga que Ud es de esos hombres que no aceptan regalitos de la vida…. Juro que me quedé petrificado. Ni bien pude desenredarme del matete que tenía en la cabeza producto de las fantasías, la imagen del escote insinuante, su voz y toda mi situación de hombre solo, pude esbozar una sonrisa diciendo…-Si me lo dice así, le acepto. Una vez que termino de envolver, me dijo cuanto debía pagarle. Pero antes de entregarme el paquete me dijo…-Antes de irse me tiene que contar algo…  – ¿Qué cosa? Le respondí curioso. Ella, mirándome a los ojos me preguntó ¿Cómo le fue anoche? -Anoche, dije balbuceando, anoche, bien, bien, ¿Por qué me lo pregunta? Y enseguida agregó -No me dijo de cómo le fue con mis filetes…Puede relajarme y responderle que estaba muy ricos. Juro que en lo primero que pensé fue en que sus palabras “no se va a olvidar de mis manos” me habían desvelado, pero eso no se lo podía contar.

Volví a casa confundido. La morocha me estaba haciendo delirar la soledad. Crucé la rambla, y esta vez acerté con pisar una inmensa cagada. Pero estaba eufórico y lo primero que me dije, fue…suerte. Voy a tener suerte.

A las 19 hs me fui al analista, ya que, según mi mujer, mis amigos y él, creen que soy terriblemente celoso. Y qué esa fue la causa de mi separación. Lo explico, mi ex mujer era bailarina, siempre rodeada de hombres, de productores, de fotógrafos, de compañeros, etc, etc.  Llegaba a cualquier hora porque había ensayo o set de filmación o juntada para festejar una obra. Cuando no tenía que ir a entrenar, tenía que probar vestuario…era muy evidente. Llegaba sin hambre, cansada y sin ganas de tener sexo…demasiado fuerte. Y yo ahí, siempre esperándola. Ni los mensajes contestaba. Fue. Igualmente, ese martes tenía muchas ganas de contarle lo de la nueva vecinita “doble pechuga”. Pero a los dos minutos de mi relato, con mucha habilidad me hizo retomar las producciones pendientes para trabajar. Y no pude decir casi nada. Al volver a casa, vi que la morocha estaba cerrando su local. Y alcance a saludar con mi brazo, aunque no sé si me vio. Me preparé la rellena con un puré de batatas y me la comí con una gula fenomenal. Estaba espectacular. Mientras la comía, perversamente recordé como seis veces su frase “no se va a olvidar de mis manos” y la última vez que lo hice, fue antes de dormirme, contestándole…y si te agarro, vos no te vas a olvidar de las mías.

Por la tarde del miércoles, decidí ir a contarle lo buena que estaba su pechuga rellena como para charlar un rato y sacarle algún dato. Mientras esperaba ser atendido, veo que la pollajera, atendía a un miserable vecino que conozco hace muchos años. Un baboso viejo verde casado con dos hijos, uno más estúpido que el otro. Ella, lo atendía con toda delicadeza y buenas palabras. Cada vez que se daba vuelta a buscar mercadería a los estantes, este viejo de mierda, le miraba el culo como si estuvieran solos. Y empecé a molestarme a tal punto que pensé en darle una trompada cuando pasará. Pero debo decir, que ella, lo atendía como si fuera un galán, un buen hombre y como si le tirara onda. Por sobre todo cuando le dijo; – ¡Gracias por su compra, espero verlo prontito, no se pierda! Pasó por al lado mío y lo miré como diciéndole de todo y ni mosqueo. Se fue con una sonrisa de tarado contento. Cuando llegó mi turno estaba ofuscado. Ella lo notó y me preguntó que me pasaba. Nada, le dije sin agregar detalles. Vine para contarle que la milanesa rellena estaba muy rica y que el chorizo bombón, lo comeré otro día. Y agregué…hasta luego, y me fui como rata por tirante.

Una cosa es que esa mina me llene de fantasías a mí y otra cosa es que se ande regalando con cualquiera. Y menos con ese desgraciado.

Si, tendrá buenas manos, pero a mí no me cierra. Y seguro que tiene una fila de candidatos. Mira que me voy a creer que es una mina fiel.

El día que me coma el choricito que me regaló…voy y se lo digo.

Mientras tanto voy a observar desde mi vereda todos sus comportamientos.

Ah. Me olvidaba. Al volver ofendido, pisé otro sorete de perro, en cualquier momento me pongo una perrería.

elduendeoscar

Escrito para ser leído en el Programa 24 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” del 6 de setiembre de 2017 por la FM 107.9 Ultra o ultra1079.com.ar

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

NO EXISTE EL FÚTBOL SIN ERRORES

No existe el fútbol sin errores

“Caer en la desgracia de creer que todo está perdido es haberlo perdido todo de antemano” elduendebobó

Ningún juego existe sin errores al ser jugado. Las reglas que organizan un formato para que el juego se encuadre en ellas tratan de ser lo más justas posibles. Intenta tener una imparcialidad a la hora de castigar las faltas o las trampas que quieran ser cometidas por los participantes.

El fútbol profesional no es un juego, es un deporte institucionalizado a partir del rigor de su reglamentación que universaliza los modos en los que debe jugarse, en las formas de ser llevado a cabo, en la organización de sus torneos, en las transferencias de jugadores, en la formación de los árbitros, en la afiliación de las entidades encargadas de regularlo a nivel regional, municipal, provincial, nacional, por continente y a nivel mundial. Entre otros elementos como la revisión y conformación de nuevas reglas, la incorporación de la tecnología y diversos factores sociales que van surgiendo a medida que el mundo vaya hacia su destino.

Básicamente las reglas intentan organizar un juego a partir de la universalidad de cinco factores comunes en todos los juegos, a saber: El terreno donde se desarrolla (campo, mesa, tablero, mar y otros), el material con el que se juega (pelota, disco, auto, garrocha, etc.), la duración del juego (minutos, horas, días, longitud, altura, etc.), la cantidad de participantes (por equipos, en parejas, individuales, por posta, etc.) y por último y tan importante, el objetivo. O sea, el gol, el set, la cantidad de vueltas, los metros a recorrer, los puntos, entre otros.

Que todo esté tan perfectamente organizado no quiere decir que no se cometan errores a la hora de jugar. Tratando de hacer un recuento de los tipos de errores que existen en los juegos y hablando meramente del fútbol sintetizamos los siguientes al solo efecto de agregar enfáticamente que sin errores no existe el fútbol:

Errores de anticipación:

Un delantero se relame cuando ve que un centro le va a permitir hacer su gol y la trayectoria del balón no pudo se desviada por un defensor o retenida por el arquero. En la jerga del fútbol suele decirse que el arquero salió a cazar mariposas. Un ejemplo claro es el segundo gol de Argentina frente a Alemania en la final del Mundial de 1986, donde el Tata José Luis Brown cabecea al fondo de las mayas.

Errores de cruce:

Generalmente el último defensor tiene la difícil tarea de cerrar los pases en profundidad hacia delanteros rápidos que posiblemente luego de superar con gambeta o con velocidad este cierre, suelen quedarse mano a mano con el arquero y definir al gol. Si el defensor no llega justo al cruce, es posible que te la manden a guardar.

Otro error de cruce es el de llegar tarde. Cuando esto sucede, generalmente es falta a favor del contrario, cuando no amonestación y/o expulsión debido a la fuerza del contacto, el lugar del contacto y la intención del quien comete el error.

Errores de pase:

Equivocarse de jugador para pasarle la pelota, esto es, dársela a un contrario es un error que tiene distintos grados de gravedad. No es lo mismo que un delantero intente darle al balón a otro delantero de su equipo y se lo dé a un defensor rival. Esto sucedería lejos del arco propio y tendría de alguna manera la alternativa de ser corregido. Pero el que no puede dar pases equivocado es el arquero, ya que por lo general el delantero que toma ese pase equivocado se la manda hasta el fondo. Sobran los ejemplos en Argentina de arqueros cancheros o apresurados.

Errores de contención:

Algo que fue cambiando con el transcurrir del tiempo en el fútbol ha sido el modo en que el arquero responde frente a un remate del contrario. Antiguamente los arqueros intentaban atenazar los balones con sus dos brazos y manos. Hoy cualquier arquero prefiere pegarle un puñetazo y despejar a intentar sujetar el esférico y dar rebote.

Son muchos los arqueros que se les escapa de las manos el balón para que luego ingrese a su propio arco. Sobre todo, los días de cancha mojada.

Errores de defensa:

No es fácil organizar a los defensores para tratar de achicarle el campo a los atacantes. Muchos son los goles que surgen a partir de errores de posición defensiva cuando el contrario tiene la pelota. Cuando un jugador no está concentrado o realiza un error de apreciación de la posición de sus compañeros, puede dejar habilitado a los delanteros en lo que se llama la Ley de Offside. En la jerga del fútbol esto es “Quedarse enganchado”.

Por ultimo y para no hacer muy extenso este raconto, agregamos los errores de definición. Que son, sin dudas, los errores más comunes que tiene el fútbol. Para un viejo locutor radial, decir “Hizo la más difícil, errarle al arco” puede sintetizar lo que queremos decir.

Quien no erró un penal. Cada vez que nuestra selección juega un partido con definición por penales, lo sufrimos. Pelota quieta, arco gigante. Tirársela a las manos del arquero o tirarla afuera es los mismo. Para nuestra interpretación, errar un penal, es eso…errar.

Pero un penal tiene sus cosas por las que el error puede ser perdonado. El jugador muy cansado, el arquero muy bueno, la cancha barrosa, por ejemplo. Pero que decir cuando un jugador erra tres penales en un solo partido. Se viene en mente la imagen de Martín Palermo pateando el tercero luego de dos fallidos el 4 de julio de 1999, Argentina jugó frente a Colombia, en los cuartos de final de la Copa América.

Ahora si nos ponemos a ver partidos y no vemos como un delantero le erra el cabezazo a un centro perfecto, o como le pega para afuera a una pelota estando solo casi bajo los tres palos del contrario y sin el arquero, nos queremos matar.

Lo más extraordinario que le puede pasar al fútbol son los errores, ya que sin errores no hay goles. Y el fútbol sin goles deja de ser entretenido.

Para demostrarles lo que decimos: ¿No es verdaderamente bello que, a falta de segundos para terminar el partido, con nuestro clásico rival y en su cancha, un jugador de ellos meta un gol en contra que nos dé la victoria?

No todos los errores son producidos por las ganas de producirlos, la mayoría resultan de un solo axioma: Errar es humano

elduendeoscar

Escrito para ser leído el 13 de set de 2017 en el programa 25 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” por la 107.9 Ultra.

Imagen: La Nación

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

PROGRAMA 28 DE “Al ángulo izquierdo donde duele” 4-10-2017

DIFERENCIA ENTRE PORTEÑOS, PLATENSES Y GENTE DEL INTERIOR

¿Qué diferencia hay entre los porteños, la gente del interior y los platenses?
Parecen tres razas distintas de personas, pero puede decirse que viven en la misma provincia o el mismo país.
Unos muy acostumbrados a las grandes masas y los altos edificios, cercanos al puerto o lo que puede decirse a las puertas del país: los porteños. En Capital atiende Dios.
Otros un poco alejados, no tanto. Cercanos en los modelos de pensamientos, de una ciudad con estamentos sociales aristocráticos, con menos personas en cuanto a su volumen poblacional pero queriendo diferenciarse de los primeros: Los platenses. Con sus centros de Justicia Provincial y Facultades de todo tipo.
Por último, aquellos que deben forjar su futuro a través de los estudios de alguna profesión o de los que vienen desde lejos a buscar algún trabajo más redituable. Y que hablan el mismo idioma pero sienten distinto, se expresan distinto y hasta tienen otros valores de convivencia: la gente del interior. Gente del campo, la sierra, del frio que dejan sus querencias por un sueño.
Muchas veces los que opinan son justamente los que vienen de afuera a instalarse en esta ciudad para hacer una carrera académica en alguna de las facultades y su opinión no es de las mejores cuando se habla del platense. Y son más taxativas en cuanto al porteño. Para ellos, el porteño es un agrandado o un engreído y el platense es un creído o un soberbio. ¿Es así?
Mientras tanto los porteños piensan que venir a La Plata es perder el tiempo ya que ellos tienen todo lo que los platenses tienen y que no le interesas una ciudad donde podés perderte en cualquier diagonal. Difícilmente un porteño le haga una visita a un amigo platense y en cambio tal vez el platense viaje a visitarlo.
Es cotidiano escuchar a los platenses apodar a la gente del interior como “paisano”, “campesino”, “chacarero”, a veces de modo simpático y amistoso, pero otras veces suena con cierto dejo de discriminación. Cómo si el otro fuese menos.
Es en las Universidades de nuestra ciudad donde confluyen muchas de las relaciones entre platenses y personas del interior. Allí surgen generalmente grandes amistades que perduran a través del tiempo. Y también nacen otras amistades entre gente de distintos puntos del interior sin que intervengan los platenses.
En cambio el platense no le ha perdido tanto el respeto a los porteños aunque los miran de reojo y con cierta desconfianza. Si bien el platense no cree que el porteño sea un modelo a seguir por aquello de que viven en una ciudad de asfalto y cemento a un ritmo diario infernal y sin tiempo, no lo descalifica o lo desmerece tanto como a la gente del interior.
Las amistades o las relaciones entre porteños y platenses se deben mayoritariamente a la visita de los platenses hacia la capital. No al revés.
¿Vos tenés algún amigo en la Capital? ¿Te tratan con la misma onda que vos lo tratas? ¿O el porteño es un engreído finalmente y espera que vos hagas todos los esfuerzos por mantener la amistad?
Se dice que las personas del interior son más nobles, que tiene un espíritu solidario y resultan ser más dicharracheras, más cercanas al bolazo y al asado que a los bancos y la bolsa.
Se dice que los porteños son capaces de ser indiferentes a los problemas de los demás y les importa muy poco saber de la vida de los otros. Están siempre con un ego muy alto.
A los platenses se los caracteriza como pacatos, ciertamente snobs y de temas poco profundos.
En un mundo donde la cultura de cada pueblo y sus personas debe ser respetada…
¿A vos qué te parece?
¿Estás de acuerdo en estas diferencias o no?

Algunos comentarios…. (todos serán leídos al aire el próximo 4 de oct de 2017)

Neli Efe El platense que a su vez proviene de familias tambien platenses habla mas pausado y utiliza un vocabulario mas rico y culto.No pronuncia con fuerza ninguna consonante ni arrastra las eses.Tampoco utiliza el lunfardo del porteño,No eleva mucho la voz,solo lo suficiente para ser eschchado.Por cierto que me refiero a familias con preparacion universitaria especialmente y su entorno que esta influido por dicho nivel.Los mismos porteños nos dicen que hablamos de esa forma rara para ellos y que nos diferencia del resto del pais.En La plata,asimismo,hay mucha poblacion que viene a estudiar a las universidades con acentos y entonacion mu diversa porque prvienen de todo el pais e incluso de paises limitrofes.

Rocío Suárez Galán Viví en la Patagonia, en Bs As y en capital…y puedo decir que el platense es la peor escoria que hay, super engreídos, soberbios, creídos…flashean que son un christian grey por poco XD…y los chicos no tienen la más puta idea de como interactuar con una chica

Neli Efe Ninguna persona es escoria y menos si no ha cometido delitos y mucho menos discriminada por su ciudad o region de procedencia,Evidentemente estas hablando con resentimiento y eso es muy malo.Mala gente hay en todo el mundo y mi comentario esta referido a particularidades del habla y no a la calidad de persona,Te falta comprension lectura,


TRABAJO DE LA PRODUCCIÓN DEL PROGRAMA RADIAL “DESPERTANDO DIAGONALES” MARZO DE 2014 retomado para ser emitido en un nuevo formato el programa “Al ángulo izquierdo donde duele” del 4 de octubre de 2017 de 21 a 23 hs por la FM 107.9 Ultra o por internet http://www.ultra107.9.com.ar

elduendeoscar

La imagen es del genial dibujante argentino Quino.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario