Crónica de la Galería de La Casa de Oscar 20.

En medio del laberinto…

Crónica de la Galería de La Casa de Oscar 20

En medio del laberinto

Ante todo uno debe ser siempre agradecido, que quede claro.

Se ha desarrollado sin accidentes, sin contagios y sin malos momentos el Proyecto “10 Noches de Verano” que se realizara en nuestro querido patio apodado Bierrodromo. Y eso es para agradecer, desde lo humano que puso cada parte (los que vinieron, los que propusieron y nosotros, los anfitriones), desde lo profesional de los artistas y del buen comportamiento de los espectadores. Nunca hemos sido de contar billetes para satisfacernos con lo hecho. Siempre, siempre, primero que no haya heridos. La salud ante todo.

No se imaginan lo bello que es estar de este lado del mostrador, disfrutar de un show, de un piropo por la comida servida, de un simple gracias.

Es por lo que más nos preocupamos, atender bien y además, que no cueste caro. Y este es un momento de gran esfuerzo; Quién no tiene ganas de salir? Quién no tiene ganas de darse un abrazón? Quién do desea festejar un logro, un cumpleaños, un título, un encuentro…?

Hace un año y monedas empezamos a caminar dentro de un laberinto, y lo hacemos sin querer dar saltos para ver cómo se sale. Poniendo el alma, rascando ideas, monitoreando posibilidades. Verdaderamente se hace largo, pero no vamos a decaer. Le seguimos dando vueltas al asunto, sin atajos, sufriendo el camino.

Los escenarios cambian y debemos adecuarnos mal que nos pese.

Hacemos una nueva propuesta: Feria cambalache con posibilidad de mesita.

¿De qué se trata?

La feria nos permite mostrar el lugar y todo lo que tenemos para vender a precios muy accesibles. Ese dinero nos ayuda a pagar gastos fijos. Y vamos a tener un pequeño menú para picotear algo y beber.

Estamos limitados por el horario, que para la Feria será estricto de 16 a 20 hs, pero para quienes se queden en alguna mesita, se extiende hasta las 22.30 hs.

Los esperamos jueves, viernes y sábados de abril. Pueden hacer reserva…

Cuídense y cuiden a quien los cuida. Hagan de eso un círculo vicioso.

Lo esperamos…

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Crónica del viaje de un loco por la R40. (61) Día 14 de la Travesía…Lo onírico (2)

Crónica del viaje de un loco por la R40. (61)

Día 14 de la Travesía…Lo onírico (2)

No era el único al que desviaron en Güer Aike. En la Estación de servicio de La Esperanza (un paraje) había unos diez motoqueros a los que tampoco se les permitió el acceso.

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La Mañana era fría y lluviosa. Me encontraba a unos 80 kms de volver a tomar contacto con la RN40, exactamente donde existe una Estancia llamada Tapi Aike, en pleno desierto. El paisaje hacia los lados de la ruta son de grandes extensiones de llanura de pastura corta y alguna ovejas. Con un fondo de montañas de picos nevados.

La esperanza a Tapi Aike (Santa Cruz)

Consideré que este desvío por el cual estoy transitando para volver a empalmar la RN40 tiene que ver con cierta premonición de mi sueño. Estaba en un camino desconocido, cruzándome con personas que tampoco lo habían transitado y tratando de entender las lógicas que tienen las vías de transporte. Ningún camino te lleva a ningún lugar, todos tienen un fin. Si ese fin es comercial o turístico, el transito y el estado de la ruta, es bueno o magnifico. En cambio si es para conectar un pueblo con otro, el mantenimiento de ese tramo depende de las bondades de las comunas conectadas. Ha pasado por rutas rurales hecha pedazos, pero como en esa zona, todos tienen una chata (Camioneta tipo 4×4), lo llaman transitable.

Un viajero que conocí en DF México que aconsejó, que por más mala que sea una ruta, tratara de no separarme del brazo de agua de cualquier geografía. Cualquier accidente o necesidad debería ocurrir en todo caso, cerca de poblaciones. Y adentrarse en desiertos, por sobre todo los cálidos, les aseguro no es para cualquiera.

Allá por 1986, intentaba llegar a San Antonio de los Cobres, en la Provincia argentina de Salta, ligada a la frontera con Chile. Para hacerlo desde el sur debí atravesar lo que se llamaba “El desierto de las burras”. Por entonces manejaba una Daihatsu Cab Van 600, lo que los chilenos llaman “Pan de molde”, por su parecido en la forma a un pan lactal. Según mis cálculos estaba a unos 20 kms de ese sitio y me quedé sin combustible. Con el fervor juvenil que tenía por entonces, empecé a caminar con unos bidones.

Unos de los cuales tenía un litro de agua sucia, con la que imagine mojaría mi cabeza. Debo ubicar al lector diciendo que eran las 2 pm y hacía 36° de temperatura. A los diez kms (calculados en tiempo por reloj) me había tomado todo ese agua, filtrándola con la remera. Tres episodios inesperados sucedieron. En el primero, voy caminado a buen paso y suponiendo que faltaban otros 10 kms para llegar a la gasolinera. De pronto y en el horizonte a los costados del camino veo manchas negras de grandes dimensiones. A medida que me fuí acercando la imagen pasó a ser de lo más bizarra. Esas manchas eran de un centenar de mulas a cada lado de esa ruta de arena y sal. A unos doscientos metros podía ver con claridad esas manadas. Pensé en qué hacer. Hacía casi hora y media que caminaba y nadie había transitado el lugar. Ya conocía el camino para atrás y tendría que esperar ayuda (recuerden que en esos años, los celulares solo existían en películas). La otra era seguir y ver qué onda. Así que empecé a andar con el mismo tranco sin dejar de mirar a esos grupos de animales. No sabía si me atacarían. No tenía data del comportamiento de un asno cuando le invaden el territorio. A medida que avanzaba todos esos animalitos de dios no dejaron de seguirme con sus miradas. Creo que el miedo era mutuo. Terminé pasando esos doscientos metros, como se dice vulgarmente, con la cola entre las patas.

El segundo episodio fue más dificil y lo resolví de un modo místico. El camino no tenía ni alambrados. A lo lejos podían verse crecer las figuras de algunos picos de piedra. Luego de una breve bajada y casi llegando a la linea de elevaciones sucedió lo impensado; El camino se bifurcaba con dos exactos e iguales desvíos. Me olvidé de señalar que el último cartel que había visto decía San Antonio de los Cobres 200 kms. Sin agua, sin mapa y ciertamente desorientado, me encontraba en la simple tarea de decidir por cuál de las salidas seguir. Traté de sacar conclusiones del tipo; El que se ve más transitado, el más prolijo, el más ancho. Y eso no me ayudó, ya que eran dos rutas exactamente iguales. Entonces, me senté mirando esa bifurcación, y llegué a una conclusión. Busqué una piedra pequeña que me gustara en ese suelo. La tomé con mis dos manos y la lancé hacía arriba parado en el medio del lugar de dónde venía. Al caer y rebotar se acercó más al camino de la derecha. Ese camino tomé. Y era el correcto. El otro me hubiera llevado a una salinera abandonada, y vaya a saber cúal hubiera sido mi destino.

El tercer episodio, ya a esta altura inesperado, sucedió a los 14 kms de mi caminata y cuando aún faltaban otros 14 más. Una camioneta se detuvo por donde caminaba y me socorrío.

Debo decir que mi sed ese día nunca fue tanta, y que la piedra que arrojé hacia arriba, la guardo como un recuerdo.

La seguimos…

Crónica del viaje de un loco por la R40. (60) Día 14 de la Travesía…Lo onírico

Crónica del viaje de un loco por la R40. (60)

Día 14 de la Travesía…Lo onírico

Fue una noche en la que tuve sueños extraños. Siempre ando con papel y lápiz o lapicera para escribir aunque sea dos renglones de lo soñado, ya que como a la mayoría de los humanos, ni bien ponemos en funcionamiento el cerebro en otra cosa, lo soñado se olvida o se fragmenta tanto que ya no puede entenderse o recordarse nada de él. Y los escribo desde hace mucho tiempo para luego analizarlos o tratar de relacionarlos con algún recuerdo, inconveniente o conflicto. Y siempre tienen algo que aparece entre sus enigmáticas señales. La noche anterior mi descanso fue profundo, relajado y placentero. Desperté sin sobresaltos como saliendo de una escena donde estaba en un lugar desconocido con otras dos personas que estaban perdidas y me preguntaban qué dirección llevaba un camino, que era una especie de sendero muy delgado entre la mata y los arbustos de un paisaje de valle. No tenía modo de explicar mi desconocimiento acerca de dónde se dirigía aquel rumbo, ni siquiera sabía dónde yo mismo, estaba parado. Luego de una breve charla con aquellos caminantes en las que conversábamos sobre las posibilidades de un espejo de agua, abrí mis ojos y empecé a escribir.

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Desayuné rapidamente, realicé una carga de combustible e inicié mi trayectoria por la RN40 que me llevaría de Río Gallegos a Rio Turbio (dentro de la Provincia de Santa Cruz) y que tiene unos 300 kms. Era una mañana fresca, con lloviznas, pero con poco viento.

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Ni bien puse el pie en el acelerador busqué acompañarme con uno de los audios musicales que traía de tambores nigerianos. Entendí que el paisaje ameritaba hacer esa mezcolanza de desierto patagónico con sensaciones africanas.

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Les aseguro que ningún vehículo me sobrepasó yendo en la misma dirección y que ni bien inicié ese tramo, mi celular se quedó sin servicio. O sea que manejé incomunicado con el mundo que no sea lo cercano o lo evidente, eso que se alcanza con la mirada a ras de suelo.

Todas mis previsiones estaban alerta. Algunos sectores de la ruta son de ripio, en peores condiciones que los ya pasados, pero siempre hay que ir viendo si el camino es transitable, por sobre todo por el tipo de móvil que me trasladaba..

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Para salir de Río Gallegos tomé la RN3 hasta su desvío por la RN40 a unos 35 kms pero no pude acceder debido a que la RN40 estaba cortada porque en parte y por la gran cantidad de agua caída en esos días (Más el poco mantenimiento) estaba imposible de ser transitada si no viajabas en vehículos que no fueran 4×4. El corte estaba señalado y custodiado por Gendarmería. Amablemente se me explicó el motivo, y a pesar de mi insistencia de querer pasar haciéndome cargo de mi deseo, se me negó el paso. Para ubicarse en el mapa esto ocurrió muy cerquita de un pueblo llamado Güer Aike .(59)

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Inmediatamente fui a mis mapas a revisar por dónde podía llegar a Río Turbio y ver si desde el norte podía hacer este tramo negado de ripio puro y profundas zanjas. Plan B; retomé por la RP5 (60) e hice una parada en La Esperanza (61) luego de casi tres horas de conducción. Allí bajé a tomar un café caliente y festejar los primeros 4.000 kms de ruta total.

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Mi plan en ese momento era completar el trazado de la RN40 desde Río Turbio, pero hubo complicaciones gracias al clima…

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La seguimos…

(59) Güer Aike es un pueblo que dista a unos 30 kms de Río Gallegos, yendo de este a oeste de modo horizontal. La RN3 viniendo del sur y antes de empalmar con la RP5 cruza el Río Gallegos montada en un bello puente que puede ser observado desde un mirador cercano.

(60) La RP5 se inicia en Guer Aike y recorre 181 kms de pavimento asfaltado que une a Río Gallegos con la ciudades de El Calafate, Río Turbio y 28 de noviembre.