EL ABURRIDO VÍCTOR

El aburrido Víctor

“Llegará el día en que el capitalismo venda sonrisas impresas en 3D para pegarse sobre la boca” elduendevenenoso

Su inteligencia era insuperable por cualquiera de todos los integrantes de su familia. No solo de su núcleo familiar, si no, de todas las generaciones de personas con su propia sangre. Es más, podría decirse que superaba con holgura a todos los de su clase y a los alumnos de los grados ascendentes, durante todo el ciclo escolar transcurrido. Estoy hablando de Víctor, un niño que nació sabio y que no puede encontrarle solución a un solo problema existencial: el aburrimiento.

Veía aburrido como los niños de su escuela, sus compañeros de aula, jugaban alegremente en los recreos y se aburría terriblemente con las lecciones insípidas de las maestras. Muchas veces llegaba al hartazgo con las conversaciones entabladas con sus limitados padres, quienes decidieron acudir a algún especialista para que los ayude. Les asombraba ver a un niño que luego de almorzar se encerrara en la biblioteca y se la pasara leyendo toda la tarde en silencio, sin televisión, sin celular y sin computadora. Esos padres llegaron a pensar que estaban gestando a un extraño monstruo.

Víctor era absolutamente respetuoso. Incluso a sus diez años percibió que a los que no estaban a su altura intelectual, debía tratarlos con cuidado de no ofender. En la etapa más cínica que tiene la niñez, Víctor, dominaba sus emociones mejor que cualquier adulto. Había descubierto que el odio no podía dejarlo en un lugar mejor que si usaba inteligentemente la tolerancia. Dicen que el amor vence al odio.

Frente a un psicólogo, Víctor se mostraba tal cual era y en cada explicación que daba sobre la realidad de su entorno el especialista no encontraba escollo para actuar. Víctor tenía una convicción tan poderosa sobre sus opiniones que solo un muy buen argumento en contra, podía retrotraerlo. Pero era imposible. Su discurso empezaba igualmente a molestar cuando le explicaba a la directora de su escuela que no quería ascender en grados simplemente por ser más inteligente. Eso es meritocracia respondía y “… yo quiero crecer junto a los de mi generación”, justificaba.  Tampoco le interesaba formar parte de un grupo de reflexión con adultos ni de integrar un equipo de investigadores. Le parecía un privilegio que no le traería buenas perspectivas, ya que veía en los adultos, posiciones muy firmes y sin soporte argumental.  Víctor quería entender qué festejaban las personas. Ese era su tópico, su preocupación más elevada. Era un niño capaz de deslumbrar con sus teorías, pero jamás sonreía. Y sin tapujos y esperando desmentidas, daba la siguiente explicación:

No entiendo qué se festeja y me parecen absolutamente contradictorias las respuestas que me dan los adultos… El proceso de vivir empieza en el nacer y se sabe que no existe la eternidad humana, que todos somos mortales. Se festeja el haber nacido como algo milagroso y no se festeja el haber vivido. Miren nomás los velorios. Gente entristeciéndose por lo que ya sabían que iba a pasar. El ser humano festeja cumplir años o sea ir envejeciendo, algo que imparablemente lo va degradando. Contradictoriamente a la idea de festejar el hoy, el ahora, se festeja la acumulación de la edad. Los casamientos se festejan. Que dos personas se hayan encontrado y cumplan con todos los requisitos sociales necesarios para hacerlo, se festeja. ¿Qué se festeja? A veces tan ampulosamente, ¿La burocracia? Cuando ese matrimonio decide separarse no se festeja y tal vez ambas personas hayan tomado la decisión más perfecta de todas a sus problemas de pareja. Eso no se festeja.

Se festeja que a un niño traumatizado por la pérdida, se le caiga un diente con un cuentito en el que un ratón pagará por esa pieza, y se festeja en Navidad que un tipo desconocido entre a tu casa a dejar regalos mientras vos dormís. Se festeja que tres tipos lleguen hasta tu casa en camello luego de un largo camino desde oriente medio y dejen sobre los zapatos regalos exigidos a cambio del buen comportamiento. ¿Nadie se pregunta de dónde salen tantos regalos? ¿Y gratis?

Se festeja el aniversario de todo, de los negocios, de las parejas, de las muertes, de los viajes. De todas cosas que ya pasaron y que solo forman el imaginario del pasado y qué esas cosas y emociones no van a volver a pasar.  No se festeja despertarse y si se festeja un aumento de sueldo, que trae más compromiso horarios y responsabilidad laboral.

Los adultos se emborrachan si pueden en cualquier festejo, sea en un bautismo, sea en un cumpleaños, en un homenaje. No les importa perder la cabeza y lo más trascendente de esos festejos es emborracharse. Mostrarse ridículo al hablar y al realizar cualquier acción. ¿Qué se festeja? ¿Alcoholizarse? ¿La barra libre, el tequilazo, la cerveza tirada sin límite? Hay gente que festeja drogarse porque no puede festejar en todo caso,  un mundo en paz y armonía.

Hay gente se junta para festejar disparates, al tomate, al alcaucil, al ternero que matan, hasta se inventó la Fiesta del Salame Quintero. Me parece demasiado, pero finalmente y lo que más me cuesta entender -prosiguió Víctor y para terminar-,…es que hay gente que festeja tener odio y es capaz de pelearse con sus amigos del alma, con sus parientes, con sus vecinos simplemente por una posición política.

No puedo estar feliz si veo que dos elefantes buscan juntos el agua para salvar la manada y dos humanos pujan por un poco de poder para aventajar al otro.

elduendeoscar

Escrito para ser leído en el programa 16 de “Al ángulo izquierdo, donde duele”  bajo la consigna “El festejo” por http://ultra1079.com.ar/  el 5-7-2017

Imagen: Batpedia (modificada)

EL MISMO PENSAMIENTO

EL MISMO PENSAMIENTO

 “Haber vivido una vida distinta no nos impide pensar lo mismo sobre algunas cuestiones personales” elduendeácido

 Antes de dar una vuelta entera caminando lentamente por alrededor del parque todos los días a la misma hora, se lo ve pasar a Don Hipólito rumbo a la iglesia de su barrio. A las 17 hs va a orar y luego hace la caminata que termina en su casa a eso de las 20 hs. Esa es su rutina de lunes a sábados, ya que los domingos juega a las bochas en otro parque de la misma ciudad.

Dicen sus vecinos que no le interesa conversar con nadie, que eligió la soledad una vez que enviudó hace como cuatro años. En su etapa activa de su vida laboral, fue maestro mayor de obra y su casa la hizo entera, desde las bases hasta los techos, desde las paredes hasta los pisos.

Su matrimonio duró exactamente 43 años y por más que lo intentaron, no tuvieron hijos. Su mujer tuvo una larga agonía por una enfermedad de las que no se curan, y que a uno lo va desmejorando de a poco. A pesar de no llegar a los 65 años y tener un buen aspecto físico, este hombre decidió quedarse solo para siempre. Sus pocos amigos de los domingos, se cansan de invitarlo siempre a alguna peña, a alguna milonga o algún asadito donde encontrarse con otra gente, tal vez, hasta con una nueva compañera. Pero el siempre se niega. Y sus días pasan así, según como ha elegido que pasen. En el barrio lo tienen como a una persona de buen humor pero de poca charla.

Muy distinta es la vida de Don Capristo, vecino del mismo barrio. Tiene la misma edad, pero se casó cinco veces. Enviudó cuatro y con la última mantiene una relación cercana que podría tipificarse como de “cama a fuera”.  Con todas sus mujeres ha tenido hijos y si no tuvo más es porque la naturaleza se lo impidió. La naturaleza de ellas, de sus mujeres, ya que este hombre tiene hijos que van de los 48 años al último que tiene apenas  dos años. Suele errarle al nombrarlos, pero a todos los quiere por igual. Dejó de ir a la iglesia cuando le dijeron que no podían casarlo con su actual pareja, cuando todavía estaba viva su anteúltima esposa. Capristo fue comerciante iniciado en la venta de artículos varios a los pasajeros de los viejos trenes y colectivos. Luego fue feriante, vendedor callejero y llegó a tener un pequeño supermercado. Según sus palabras este es un país que le enseño a ser ingenioso y haber aprendido cuándo comprar, cuándo vender, qué y cuanto comprar y qué precio o valor tienen las cosas. Gracias a los contactos y a su amplia experiencia, hoy vive del modo comercial llamado pasamano. Compra y vende por teléfono. Se queda con una comisión pequeña pero con eso, seguramente llegará mejor que con su próxima jubilación al final de sus días. A ninguno de sus hijos le faltó el techo y el plato de comida. Y a ninguna de sus mujeres el sexo. Las mujeres que son patronas o empleadas de los comercios de la zona ya lo conocen y si hubiera que destacar una opinión generalizada de este hombre en la voz de todas ellas, podría decirse que Don Capristo es un “Lancero” que siempre deja picando algún piropo con la excusa de que “por las dudas hay tener una velita encendida”.

Don Hipólito y Don Capristo se conocen y se saludan cuando se cruzan. Son como dos paisanos en un pueblo chico. Buenos días, buenos días. Lindo día, parece que se viene la lluvia o ¡Mamita qué frio! Pero no mucho más. Son vecinos no próximos, pero vecinos y nunca tuvieron una conversación algo profunda. En lo que más se parecen es que a ninguno le importa la vida que lleva el otro. Y hasta podría decirse que ninguno de ellos sabe qué vida ha llevado el otro.

Una tarde se encontraron en la panadería. A Don Hipólito le gustaban los bizcochitos con grasa que se hacían allí y a Don Capristo le gustaba la morocha que atendía, pero como excusa, compraba el pan nuestro de cada día. Ese encuentro dejó algunas frases que hablaba de sus vidas diferentes, pero que nadie fue capaz de refutar.

-¡El pan más rico de la cuadra se hace en esta panadería!¿No es cierto vecino?  Dijo Capristo en voz alta, tratando de sacarle una palabra…

-Si bien el pan no es malo… ¡Yo vengo por los bizcochitos! Dijo Hipólito.

-Lo envidio sanamente, le respondió Don Capristo, yo tengo que cuidarme por el colesterol.

-Le confieso que es mi único vicio, agregó Hipólito y aclaró, por sobre todo luego de enviudar.

-Que hombre humilde que había resultado, continuó Capristo y acercándose con voz baja le dijo “Si yo le cuento mis vicios lo dejo con la boca tan abierta que no se come ni los bizcochitos”.

-No hace falta amigo. Para mí los vicios son como un pañuelo lleno de moco y prefiero no resfriarme. Afirmó Don Hipólito.

-De algo hay que morirse Don, no vamos a quedar ni en el recuerdo. Respondió Capristo.

-Yo prefiero una vejez tranquila donde nadie me moleste. Espero no ofenderlo. Replicó Don Hipólito.

-Lo entiendo. Por cómo he sido, yo jamás tendré tranquilidad, pero le digo, que estar entretenido es ser feliz. Sentenció Don Capristo.

-¡¡Cada uno encuentra su corneta y la toca como quiere!! Aseveró Don Hipólito, mientras pagaba por sus bizcochitos. Y se fue dejando en el aire un silencio que se llenó de preguntas.

Mientras caminaba a paso lento, Don Hipólito con sus bizcochitos en la mano, pensó exactamente lo mismo que Don Capristo, que se quedó mirando cómo se alejaba: ¡Pobre hombre!

 elduendeoscar

Relato escrito para ser leído en el programa 15 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” el 28 de junio de 2017 por la http://ultra1079.com.ar/

Imagen: https://www.etsy.com/es/market/antiguo_perro_pintura

HISTORIAS DE AMOR Y SEXO (2)

PEQUEÑAS HISTORIAS DE AMOR Y SEXO (2)

Estas historias son anónimas y en algunos casos populares.  No fueron escritas por el propietario del blog. Han sido adaptadas a un formato de texto radial para un programa llamado “Al ángulo izquierdo, donde duele” en el que se leen, semana a semana relatos de amor y fútbol. Temas pasionales si los hay. La selección tiene que ver con cada temática semanal abordada dentro del programa, así como la música que se escucha dentro de ese espacio radial. Los textos que figuran en esta segunda entrega se adhieren a la consigna “La Calentura”,  junto a otro texto de otro formato más extenso y con un lenguaje subliminal.

Huevos nuevos

El dueño de un gallinero que producía huevos para vender en el mercado, notó que la producción de sus gallinas había mermado. Decide agregar un par de gallos jóvenes para aumentar el plantel de machos, ya que solo contaba con un gallo viejo que mantenía empollando a todas sus aves.                                                                                                    Supuso que esa medida sería una solución, por lo que compró un joven y fuerte gallo en una veterinaria del pueblo. Pero inmediatamente lo encontró en una situación rara y decidió matarlo. Cambió de tienda de animales y trajo otro del pueblo vecino, con el mismo resultado. Viajó hasta la capital de la provincia para traerse otro y lo soltó en el gallinero para observarlo. Volvió a su rancho sin dejar de estar atento.                         Cuando el gallo viejo vio que el joven nuevo está paseándose por el gallinero, comienza a preocuparse nuevamente.                                                                                                                      – Otra vez están tratando sustituirme, -piensa el viejo- debo hacer algo.                                Se acerca al  nuevo gallo y le dice:                                                                                                       – Veo que has llegado recién. Viste que lindas gallinitas tengo. Crees que eres el más fuerte de la zona, ¿ah? Bueno, aún no me siento preparado para que me pasen a degüello. Por lo que no voy a hacerte fácil las cosas. Para demostrarte que soy más gallo que tú, te reto a una carrera alrededor del interior del gallinero. Daremos diez vueltas, y el que gane tendrá a todas las gallinas, solo para él. ¿Aceptas cagón?                                                                         El gallo nuevo, no se asustó y se sientió más fuerte que el viejo. Y dobló la apuesta:               – Perfecto, acepto tu desafío. ¡Ya me veo esta noche pisando a todas esas nenas con plumas! ¡Las voy a hacer cacarear como nunca! Para que veas que soy mucho más fuerte que tú, te doy media vuelta de ventaja. Me gustaría que sientas, viejo de mierda,  que tenés una esperanza, ¡jajaja!.                                                                                                                      Los dos gallos se preparan para correr y las gallinas se colocan alrededor del gallinero para alentar a los gallos. La carrera se inicia y luego de la quinta vuelta el gallo viejo mantiene su ventaja, pero a medida que pasan las vueltas, va perdiendo distancia. Curiosamente corría con un ala abierta que tocaba a todas las espectadoras al pasar haciéndolas gritar. Al finalizar la novena vuelta el gallo viejo apenas está enfrente del joven. El cacareo todas las gallinas fue aumentando.  El granjero, que oye el alboroto, sale de la casa con su escopeta, creyendo que es un zorro que se ha metido al gallinero. Al espiar, ve a los dos gallos corriendo alrededor del gallinero y cómo el joven va tratando de alcanzar al viejo. Entonces monta la escopeta, apunta y de un disparo, ¡Pum!, asesina al gallo joven.                                                                                                                                        Cuando va caminando lentamente camino a la casa con el gallito colgando destrozado de sus manos,  dice para sí mismo:                                                                                                           – Qué cosa rara, es el tercer gallo gay que compro este mes…

elduendeoscar

Cuento anónimo adaptado para ser leído en el programa 12 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” por la Locutora Marguy Ibarra el 7 de junio de 2017 por http://ultra1079.com.ar/

La verdad de abajo

A su vuelta de unas merecidas vacaciones por España, y a punto de descender del avión en su tierra natal, una mujer mayor se enteró  que se estaban realizando controles exhaustivos en la Aduana y ella venía con sus maletas llenas de objetos declarables.   Sentado a su lado durante todo el vuelo de regreso, estaba un cura, con quien conversó de distintos temas hasta tomar cierta confianza.                                                                               En un momento del vuelo le dijo al párroco:                                                                                     – Padre ¿puedo pedirle un favor?                                                                                                         – Si hija mía, ¿qué quieres?                                                                                                                    -Mire, compré un depilador eléctrico, súper sofisticado, muy caro, el cual aún no he usado, y tengo miedo que supere el límite permitido para artículos electrónicos en la Aduana. ¿Podría usted esconderlo debajo de su sotana?                                                                 -Hija mía,  puedo. Pero debo advertirte de antemano, que yo no sé mentir.                         La  señora, sin otra solución a la vista, se lo dio y pensó: ¡¡Ay!!!…. ojalá que no le pregunten nada al cura.                                                                                                                     Un agente aeroportuario que controlaba los escáneres para las valijas le pregunta al religioso: ¿Algo para declarar Padre? A lo que el párroco responde:                                           – De la cabeza a la cintura, ¡Nada que declarar hijo mío!                                                      Medio extrañado por la respuesta el  agente pregunta:                                                                 -¿Y de la cintura para abajo, qué tiene que declarar?                                                                       – ¡Allá abajo –dice el cura- tengo un instrumento para mujeres que nunca ha sido usado!     Y el agente echa una carcajada y dice:                                                                                                – Ja Ja, Me ha hecho reír Padre, pase…El próximo de la fila por favor….

elduendeoscar

Cuento anónimo adaptado para ser leído en el programa 12 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” por la Locutora Marguy Ibarra el 7 de junio de 2017 por http://ultra1079.com.ar/

A toda velocidad

A la edad madura de cualquiera, uno debe haber conseguido todo aquello que soñó desde niño. Tener un amor, amigos, profesión, trabajo, casa y auto, por ejemplo                    Miguel logró, no sin esfuerzo, comprarse un auto de alta gama que deseaba desde que lo vio mucho tiempo antes. El primer sábado que pudo, se dio el gusto de pasear por su ciudad y de salir a la ruta. Se sentía dueño del cielo a pesar de no despegarse del asfalto. Se animó a darse el gustito de acelerar de más en un lugar qué, lamentablemente para él, estaba vigilado por una patrulla vial. Al verlo en su imprudencia, el vigilante salió en su búsqueda, y Miguel, en lugar de detenerse, aprovechó la velocidad de su flamante adquisición e intentó escaparse. Pero las cosas no fueron tan sencillas y al tener que detenerse en un semáforo fue alcanzado y desviado a la banquina para dar explicaciones. Un policía solitario se había ocupado de perseguirlo y sin mediar palabras de simpatía, le exigió que mostrara toda la documentación. Luego de leer los datos del registro de conducir, tarjeta verde, VTV, seguro y matafuegos, observó patentes y luces. Al terminar y sin dejarlo hablar hasta ese momento a Miguel, el policía le dice: “Mire maestro, en veinte minutos termina mi guardia y me voy a casa. No quisiera pedir refuerzos, secuestrar su auto, testear su alcohol en sangre y hacerle una contravención. Veo que Ud. no es más que un boludo jugando a las carreras o cosa parecida. Si Ud me da una explicación que me cierre, que me convenza, de porqué venía a semejante velocidad y por qué carajo no se detuvo cuando se vio perseguido, yo lo dejo ir en este mismo momento.                         Miguel tragó saliva, pensó un instante y le respondió: “Hace unos días mi mujer se fue de nuestro hogar con un policía. Cuando vi su patrullero siguiéndome, pensé que Ud. era aquel policía que se llevó a mi esposa, y que me seguía para devolvérmela.                    Tenga Ud. un buen domingo, le dijo el policía, devolviéndole la documentación.

elduendeoscar

Cuento anónimo adaptado para ser leído en el programa 12 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” por la Locutora Marguy Ibarra el 7 de junio de 2017 por http://ultra1079.com.ar/

PEQUEÑAS HISTORIAS DE AMOR Y SEXO (1)

PEQUEÑAS HISTORIAS DE AMOR Y SEXO (1)

Estas historias son anónimas y en algunos casos populares.  No fueron escritas por el propietario del blog. Han sido adaptadas a un formato de texto radial para un programa llamado «Al ángulo izquierdo, donde duele» en el que se leen, semana a semana relatos de amor y fútbol. Temas pasionales si los hay. La selección tiene que ver con cada temática semanal abordada dentro del programa, así como la música que se escucha dentro de ese espacio radial. Los textos que figuran en esta primera entrega se adhieren a la consigna «La Locura»,  junto a otro texto de otro formato más extenso y con un lenguaje subliminal.

Te dije que no juegues al fútbol

Hacía mucho tiempo que el oficinista le había echado el ojo a su compañera, pero siempre mantuvo un perfil bajísimo para no mostrar ningún tipo de interés. Cuando podía y sin ser visto le miraba los ajustes que le producía el pantalón elevando las nalgas y en más de una oportunidad le tomó fotos con su celular para observarla detenidamente en el baño sentado en el inodoro. Luego borraba esas fotos para no ser descubierto. Debemos decir que éste, es un hombre casado sin hijos y de unos cuarenta años. Por demás fiel. Pero la fantasía es la fantasía.                                                                                                                      Una mañana la joven, asistió a su trabajo con una minifalda que mostraba unas piernas torneadas producto de los ejercicios de trote que todas las tardes hacía con un grupo de personas en un parque cerca de su casa.                                                                                       Esa jornada  fue terrible. Él trató de concentrarse en su labor sin éxito. Llamó a su mujer para hablar con ella, cosa que nunca había hecho desde su oficina en los diez últimos años. Solo quería distraerse de las piernas de su compañera.  Pero la carne pudo más.                     En un momento se acercó a ella y le confesó que sus piernas lo habían distraído toda la mañana. Como respuesta, la joven le dijo insinuantemente: ¡Al fin me mirás, ya no sabía cómo lograrlo!                                                                                                                                Luego de esto, al salir de la empresa, se fueron a la casa de ella y mantuvieron sexo, horas y horas. Y abrazados en cucharita se quedaron dormidos. Cuando despertaron eran las 6 de la mañana del otro día.  El hombre, en ningún momento avisó de su prolongada ausencia e inmediatamente urdió un plan para volver.                                                         Tomó sus zapatos y los ensucio de barro y pasto. Hizo lo mismo con las partes bajas de su pantalón. Al llegar a su casa la mujer le preguntó preocupada ¿Qué te pasó que no volviste anoche? Y él respondió con la verdad: No me vas a creer. Tuve una tarde y una noche de sexo con mi compañera de trabajo. Ella lo miró de arriba abajo y le dijo: ¡Mentiroso! ¡Estuviste jugando al fútbol!

elduendeoscar

Cuento anónimo adaptado para ser leído en el programa 11 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” por la Locutora Marguy Ibarra el 31 de mayo de 2017 por http://ultra1079.com.ar/

Es tuyo

Luego de varios años intentado tener el tan deseado hijo varón y dentro de los últimos posibles, fisiológicamente, la mujer quedó embarazada. Tuvo que cuidarse durante todo el proceso dado que por su edad cercana a los cincuenta años, las cosas no son tan fáciles. Tenían dos hijas, una de 23 años y otra cuatro años menor, ambas bellísimas. Llevaban con su esposo, veinticinco años de casados.                                                                                    El día del parto, que en este caso se hizo por cesárea programada, le impidió al padre que estuviera presente al momento de dar a luz como con las hijas anteriores.                             El bebe fue directo a la incubadora que estaba al lado de la cama de la parturienta, hasta estabilizarse. El padre miró decepcionado al niño. Era tan feo que tuvo una mala impresión y fue a contársela a su esposa.                                                                                           -Querida, el bebe es horrible. No puede ser mi hijo, Basta con que mires a las hijas  tan bellas que tenemos. ¿Qué tenés para decirme? ¿Me engañaste?                                               En medio del caos psíquico y físico en el que nos deja una intervención de este tipo, la mujer le respondió:                                                                                                                                 -No mi amor, esta vez, te juro que no.

elduendeoscar

Escrito para ser leído en el programa 11 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” por la Locutora Marguy Ibarra el 31 de mayo de 2017 por http://ultra1079.com.ar/

La de Pérez

En la morgue estaba el cuerpo de Pérez, un conocido vendedor callejero, encontrado muerto en su casa sin que se sepan los motivos. Justamente se iniciaban las tareas de autopsia para develar el caso. Luego de tal tarea el cuerpo quedó en congelación permanente hasta que los parientes decidieran que hacer con el cuerpo.                                 A la semana todo estaba esclarecido. Un simple infarto llevó al buen hombre a otro universo. Y los pocos familiares que vivían el pueblo decidieron enviar sus restos al crematorio.                                                                                                                                             El empleado de la morgue que tenía la tarea de meter el cuerpo en el crematorio descubrió que Pérez tenía un miembro sexual desproporcionado, semejante a su antebrazo. Para hacerle una broma de mal gusto a su mujer, separó esa porción corporal y la llevó a su hogar en una bolsa. Al llegar, metió el pedazo de cuerpo en el congelador sin que su esposa lo viera. Y le propuso: -¿Mi amor, que te parece si hacemos una picadita?, a lo que le mujer no se opuso. Inmediatamente y a modo de piropo le dijo a su mujer: ¿Me preparás un vermut con cubitos como te sale a vos, la mejor de todas?, sabiendo que este pedido la llevaría inexorablemente al congelador donde había dejado los restos. Pasaron diez minutos y esposa no se acercaba al living con el aperitivo acordado. Se levantó de la comodidad del sillón y se fue hasta la cocina. Encontró a su mujer con los brazos apoyados en la mesada y con la cabeza baja llorando desconsoladamente.                                       Tratando de calmarla, le preguntó por qué lloraba.                                                                        Y ella en medio de sollozos, le dijo ¿Qué le pasó a Pérez?

elduendeoscar

Cuento anónimo adaptado para ser leído en el programa 11 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” por la Locutora Marguy Ibarra el 31 de mayo de 2017 por http://ultra1079.com.ar/

El INVITADO QUE NO VA A VENIR

El INVITADO QUE NO VA A VENIR

“Lleva un frasco de veneno con cuidado, ya que si se cae y se rompe, el veneno se desparramara y no será simple limpiarlo” elduendevenenoso

La otra noche se juntaron las chicas en un bar a tomar unas cervezas y contarse la vida, Clara, Jorgelina, Mariana y Laura. Las cuatro están en pareja y fueron compañeras de la Escuela Secundaria del Colegio Normal hace 17 años. Todas cumplen este años los 30, los famosos 30. Suele decirse que es la edad de la crisis femenina. Desde nuestros antepasados se suponía que si a los treinta no te casaste, sonaste, sos la soltera de la familia. La solterona. Pero los tiempos han cambiado tanto…                                                       Cada una contaba cómo quería festejar y tiraba al aire una lista de invitados íntimos, que iban desde los familiares a viejos compañeros de escuela. Qué música les gustaría que suene esa noche, cómo irían vestidas y otros temas. Analizaron los costos de cada fiesta en estas épocas en que sacar un billete de la cartera es como perder una lagrima. Clara, deslizó una idea que enseguida fue tomada como genial por el grupo. Ella propuso que aunque los cumpleaños son en distintos meses, buscar una fecha y festejar juntas. Se pusieron de acuerdo, ya que muchos son amigos en común y prácticamente las cuatros conocen a las familias de las demás. Eligieron una fecha luego de qué todas hayan cumplido, ya que por superstición acordada no se festeja de antemano. Cada una se llevó la idea para irla pensando y elaborar el listado de invitados. Volvieron a encontrarse dos semanas después en el mismo lugar. De a poco fueron nombrando a quienes invitarían. Y como entre ellas había varios amigos en común el listado se achicó bastante. Pasaron todo a un papel en limpio y Mariana destacó un par de coincidencias. “¡Che –les dijo riéndose- tres de ustedes invitan a la profe de Historia del último año! No sé… a mi no me cayó tan bien la vieja. Me aplazó porque le dije que Napoleón era Genovés!  Boluda le dijo Laura, era fanática de la Revolución Francesa y vos confundiste la nacionalidad de Napoleón con la de Colón!!! Jajaja. Todas rieron al unísono. Finalmente acordaron que más allá de aquella desaprobación había sido una mujer confidente y consejera. Y que por lejos. Había sido la mejor de todas, incluso que la de Educación Física, que era joven pero era un sorete de persona.                                                                                                                                  Mariana siguió explorando las coincidencias y dijo en un tono irónico: Chicas veo que todas invitamos a Marcelo, el chico que cursaba en el otro quinto y es al único de ese curso que invitamos…qué onda?. Bueno dijo Clara, yo tuve una historia con él. Un touch and go. Me estás jodiendo dijo Mariana, yo también. Naaaa dijo Laura, yo también bolu!. Jorgelina se mantuvo callada. Mientras Clara, Mariana y Laura contaban sorprendidas entre risas pícaras y gestos de asombro, los cuándo y los cómo, destacando lo bueno que estaba el flaco, Jorgelina hacia fondo blanco el balón de cerveza como queriendo tragar veneno. Ellas no podían creer la coincidencia. Jorgelina las miraba con cierto desagrado. Hasta que las interrumpió, y un poco angustiada dijo: -Perdón, Marcelo fue mi novio por un año y veo que todas se lo voltearon, ¡Qué sorpresa!… Fue como una bomba de hidrógeno. Parecía por un instante que toda señal de vida se había perdido. Ninguna sabía dónde esconderse. El silencio duró una eternidad, hasta que la misma Jorgelina reabrió la charla: “No fue una gran historia, no se preocupen, pero ahora que sé que se revolcó con todas no quisiera invitarlo”. Y por un boludo como él, tampoco quisiera perder nuestra amistad. Discúlpame, -dijo Clara sentidamente- yo no sabía nada de tu relación con Marcelo. Viste que hubo un tiempo largo sin vernos. Lo mismo dijeron Mariana y Laura.  Intentaron descular si las relaciones fueron en un mismo tiempo, o sea si cuando Jorgelina era novia, el flaco se dio el permiso de historias paralelas con sus amigas. Al menos con las presentes no. Eso quedó claro. La conversación continuo profundizándose pero sin que hubiera culpables o víctimas.                                                                                                            Eso sí, Jorgelina, al llegar a su casa, buscó las fotos que guardaba de aquel amor. Y una por una las despedazó y las prendió fuego. Total le dijo, como si estuviera presente, ya no vas a estar invitado a ningún festejo mío…

          elduendeoscar

Texto leído en el programa 4  de “Al ángulo izquiedo, donde duele” por la locutora Marguy Ibarra el 5-4-2017 por http://ultra1079.com.ar/

imagen: SOLTEREANDO – WordPress.com 

RESACA

RESACA

«La oportunidad es como una buena comida, se debe aprovechar sin desperdicios hasta dejarnos satisfechos» elduendebobó

Desde el preciso momento en que Mario se dio cuenta de que no tendría una nueva oportunidad, siempre se pregunto qué habría pasado…

Era un día como el de hoy, raro. El cielo se la pasaba mostrando momentos de sol y bandadas de nubes. Alguna más grises que otras. Parecía un preludio de lluvia en cualquier momento. Por la ventana que da al fondo donde tenía su pequeña huerta podía verse como se oscurecía y se aclaraba el color verde de las plantas de tomate en flor. Y también del Palo Borracho, del Ficus, y de la enredadera…

Era una tarde especial para mates, para estar con compañía, para compartir una charla. Lejos del mundanal ruido y de vecinos de edificios.

El día anterior había sido uno de los más complicados. Los trámites para habilitar un proyecto no se terminaban nunca. Además, un fuerte golpe en un dedo culpa de un clavo que no quiso entrar fácil. Y como si esto fuera poco, una discusión que tiene ribetes históricos con su madre y que no los pondrá nunca de acuerdo. Todo ese entuerto lo dejaron al final del día con tanta incertidumbre que la Teoría del Caos era un chiste. Y sin embargo y por obra del azar, Mario conoció a una extranjera, una española que se llamaba Conchita y que ya culminaba su estadía y estaba a punto de volverse a su patria luego de seis meses de estudios.

Cuando se la presentaron unos amigos, ninguno le dijo cómo se llamaba. Quedó sin saber cómo ocultar la risa de vago ni bien ella se lo contó.  Interesado en volver a verla, le propuso al grupo venirse para la quinta a compartir la tarde del día siguiente. Los cuatro, sus tres amigos y Conchita aceptaron a gusto. Y se llevó del último instante de la despedida una mirada de esa morocha que lo dejó titilando. Pero lo mejor estaba por pasar. Ni bien llegó a su casa, llamó a su amigo José que se la había presentado y le hizo un par de preguntas sobre ella. La primera y directa ¿La flaca tiene onda con alguno de ustedes? Y la respuesta fue: “Yo tengo mi pareja y estoy muy bien con la loca. Lo que no puedo entender es a los chicos, sabes que hace seis meses que está acá y nadie le tiró onda, son unos pajeros”. Inmediatamente se les ocurrió un plan. Al otro día, Mario pasaría por Conchita y se mandarían solos para la quinta. Los amigos se borrarían aduciendo ser invitados a un partido de fútbol cinco. Y entonces pusieron manos a la obra. La primera que no tuvo inconvenientes fue Conchita, a ella le encantaba la idea de conocer el afuera de la ciudad. Y le pidió a sus amigos que le dieran su número de celular a Mario, para concertar horarios. Cuando Mario se enteró que todo estaba organizado de acuerdo a sus intereses, estaba más contento que payaso cuando le pagan.  Prefestejando el gentil acontecimiento que sucedería en unas horas, Mario se puso a beber unas cervezas artesanales mientras escuchaba música y jugaba con la Play.  Y se acostó tardísimo. Se despertó con una  resaca que parecían dos. Eso de beber con el estómago vacío….Se preocupó por dos cosas a la mañana de ese día. Limpiar un poco la pequeña casa donde está la huerta -ya que a simple vista parecía un campo de batalla de pendejos solteros-, cambiar las toallas –que tenían olor a pasado…a pasado por huevo podrido- y llenar la heladera con algún copete para amenizar. Un vino, tres cervezas, un ferné… Luego de todo ese movimiento, el lugar resultaba “formalmente” ameno y limpio. El dolor de cabeza no había cedido y sentía que en cualquier momento se le explotaba. En buena hora decidió clavarse dos ibuprofenos y echarse a dormir un rato. 

Habían acordado que Mario la pasaba a buscar tipo dos de la tarde. Ella, lo esperaba paradita en la esquina del departamento que alquilaba. Estaba vestida con una pollera blanca acampanada como aquella que hizo famosa a Marilyn posando sobre una alcantarilla. Zapatillas, aros grandes, pelo suelto y un top negro que cubría sus senos sin corpiño de modo ajustado. Y un detalle de color, envolviendo su cuello un pañuelo rojo, como la muleta de los toreros, esa manta que hace que el toro se enfurezca.

A la hora de haber estado esperando, Conchita llamó a otro de los amigos, que no eran de ese grupo, que inmediatamente pasó a buscarla.

Mario se despertó como las cinco de la tarde sintiendo que salía dificultosamente de las marañas del pulpo de Morfeo, el Dios de los sueños de la Mitología Griega. Cuando se dio cuenta de la hora, se quiso matar.

Conchita, viajaba a España al otro día.

Y como decía en el inicio de este relato, Mario cuando se dio cuenta de que no tendría una nueva oportunidad, siempre se pregunto qué habría pasado…

elduendeoscar

Escrito para el programa 3 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” leído por la Locutora Marisa Waters el 29-3-2017 por http://ultra1079.com.ar/

 

ADAPTACIÓN DEPORTIVA

ADAPTACIÓN DEPORTIVA

«Lo sorprendente de cualquier juego libre es cómo nos atrapa» elduendebobó

El equipo estaba haciendo el precalentamiento físico solo por copiar algunas imágenes de jugadores profesionales que lo hacían por entonces. No sabíamos si servía para algo. Era la famosa entrada en calor. Hoy la ciencia lo nombra distinto pero hablando siempre de la misma cosa lo describe como “Acondicionamiento corporal precompetitivo”.  En ese  preciso momento o “trabajo” previo a cualquier partido cualquiera que sea un poco detallista descubre al más rápido, al más estirado, al más lento y… al más vago. Esa frase que dice “en la cancha se ven los pingos” es un perfecto resumen.

El club era un club del pueblo, como casi todos, hecho con el supremo esfuerzo de unos cuantos al principio, sostenidos por sus hijos o admiradores durante años y aprovechado por algún que otro puntero político para los meetings de su partido y para presentar promesas que dormirán en cajones imaginarios. Esa tarde calurosa la gente que nos invitó, había alquilado las instalaciones para recibirnos. Era una invitación humilde, amateur, pero con el corazón. Lo planeado era jugar un partidito y luego comernos un asado todos juntos, como debiera ser. Podría recomendárseles a los grandes cráneos que organizan el fútbol mundial un tercer tiempo, como en el rugby. Cuando el espacio lúdico se termina, cuando el juego se acaba,  la realidad somos nosotros con nuestras miserias y limitaciones. ¿Y porque no juntarnos luego de competir? Tendremos, los futboleros, que aprender de algunas reglas y algunas costumbres de otros deportes para crecer. Mientras tanto el fútbol, será chato. Solo un negocio que no regocija el ocio pero si que alimenta el odio.

El predio tenía, como pocos por entonces, tres vestuarios. Uno para el local, uno para el visitante y otro para el o los árbitros. Nos había tocado jugar en lugares donde había un solo vestuario y el local se cambiaba detrás de una lona. Con solo recordar esas historias no puedo creerlo. Aquella vez que desde antes de entrar al campo de juego soplaba un viento que levantaba las chapas del nuestro vestuario tanto, que parecía lo iba arrancar de cuajo y las otras veces, en que los vestuarios quedaban al cuidado del canchero, sin llaves ni candados. Ahí sí que si nos afanaban las pertenencias teníamos que volver caminado y con botines. El que siempre desconfió de los rateros de vestuarios fue el “Panadero”, apodo surgido por su profesión. Él se escondía toda la guita que llevaba en una bolsita de tela que le había hecho la mujer atada al cordón que ajustaba el pantalón y que quedaba apretada entre la tela y los testículos. Solía decir…”esta guita sí que me costó un huevo cuidarla”, por sobre todo luego de algún pelotazo en la zona.

El cartel pegado en la puerta de ingreso del vestuario del local decía “Acá solo entran hombres que quedarán en la gloria”. Inmediatamente salió de allí un anciano con un balde lleno de agua sucia, un trapo de piso colgado de su hombro y sosteniendo en la otra mano, una rama larga con una sopapa incrustada en una punta. La imagen resultaba tan bizarra que no es necesario explicarla. El alambrado que rodeaba la cancha tenía más agujeros que un queso gruyere atacado por polillas. De las dos pequeñas gradas que se construyeron para acomodar en lo más alto a los simpatizantes locales quedaban solo los esqueletos de hierro. ¿Los tablones? Anda a saber en qué asado terminaron de existir. ¡Y no quieran imaginar el estado del campo de juego!… Y como si esto fuera poco, como dicen los vendedores de variedades en los bondis, la red de los arcos era una falta de respeto a los pescadores. Por el agujero más chico se escapaba un tiburón y su familia. Tampoco puedo olvidarme del banco de suplentes al sol. Un montículo de tierra seca arrancado de la zanja que rodeaba aquella cancha. En fin, lo importante era jugar, lo importante era cumplir con el desafío que había nacido unos meses atrás en un torneo que jugamos en Chascomús. Aquella, había sido una competencia entre varios equipos por un premio importante. Este solo era un partido amistoso, ¡Bah!, amistoso. Eso lo podes decir cuando termina, si fue amistoso o no. Porque cuando la redonda empieza a rodar, se desatan todas las pasiones y todos los talentos. También todas las ganas y todas las impotencias.

Cuando terminamos con aquella entrada en calor, el árbitro, un hombre vestido de camisa a cuadros y vaquero, con mocasines y sombrero, nos advierte que cuando el toca él pito el partido se para y que lo que él dice no puede discutirse. Así la cosa empezó. El tipo caminaba la cancha menos que un elefante por un techo. Y como las líneas estaban descoloridas pidió que fuéramos leales, y que cada vez que se nos fuera afuera la pelota avisemos. Luego de toda esta adaptación deportiva a los recursos, al terreno, al referí y al sol, empezó el partido. Perdón. Creo que no les hablé del balón con que jugamos. Mejor, lo dejo para otro relato, porque estoy seguro, pero seguro de que no me van a creer.

                                                                                             elduendeoscar

Leído al aire en el programa 5 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” por la Locutora Marguy Ibarra el día 12 de abril de 2017 en http://ultra1079.com.ar/

Imagen: Hugo Pata Maceroni

LA PASTILLA

LA PASTILLA

«Eternamente se preocupará el hombre por encontrar la eternidad» elduendeácido

Cualquiera de nosotros sabe inconscientemente que todo se termina, todo tiene un final. El problema es aceptarlo. Es duro entenderlo. Pero todos sabemos que en algún momento de nuestras existencias dejamos de tomar la teta, de jugar con los autitos o las muñecas, de creer en Papá Noel y los Reyes Magos, de cursar la escuela, de descansar para trabajar, de solterear para casarse, de estar solo a tener hijos, de tener hijos a tener nietos, de vivir en casa de mamá a alquilar y otros ciclos que son mayoritariamente comunes. Claro que hay quienes la pasan mejor o distinto. Cada uno debiera obligatoriamente interpretar que la vida es vivir camino a la muerte, esto es de una realidad tan objetiva que nadie escapa. En los diarios hace pocos días apareció la publicación de un descubrimiento con él que, según científicos, se podría detener el envejecimiento y lograr que una persona se mantenga físicamente activa con un cuerpo de 50 años y llegar así hasta los 120. El tema da como para hacer puré.  En un grupo de amigos cincuentones que se juntaban desde hacía 30 años, uno de los integrantes tiró el tema en la mesa de reunión “¿Che, vieron que va a salir una pastillita que te estira la vida hasta los 120?”. Inmediatamente cada uno dio su versión. Alejandro dijo que la vida le parecía aburrida y que ni se le ocurría vivir hasta tan viejo. Leandro se puso serio y dijo “¿Me estás cachando? Si es cierto, que esperen un poco porque a mi suegra no le queda mucha vida, a ver si la toma y vive mucho más”. Algunos rieron. Carlos sostuvo que tampoco la tomaría. Se imaginan dijo casi refunfuniando, “nosotros estamos casamos hace 30 años con Juana y hoy creo que estamos unidos para aguantarnos. Creo que los dos, Juana y yo, queramos vivir mucho más”.  Alberto reía todo el tiempo. Era el único solterón del grupo. Todos lo acusaban de no haber conseguido pareja por ser mentalmente un pendejo. Pero no decía nada. Finalmente Miguel confesó que él si la tomaría. Que su vida es linda y tranquila y que le gusta lo que hace, por lo que estirarla no le parecía mal.  Siguieron esbozando cada uno sus pensamientos y reacciones. Algunos de acuerdo, otros de modo parecido y así por unos minutos. Cada uno había dicho lo suyo espontáneamente reflexiones cortas pero no profundas, como toda charla de un grupo que se junta cada tanto y que si bien las personas se conocen, no se conocen tanto como para establecer parámetros profundos de opiniones. Alberto aprovechó un momento de silencio y metió un bocadillo…”Ustedes me hacen reír” sin agregar más que gestos de cabeceo negando. Todos lo miraron esperando que hable, que aclare sin oscurecer, hasta que Leandro, el más alterable del grupo, le propuso que diera su versión. Y Alberto, dio rienda suelta a su ironía:

Soy el único soltero del grupo. Ustedes siempre me critican y creen que sufro del síndrome de Peter Pan, ese que se diagnostica cuando alguien no quiere envejecer y hasta se viste como si fuera mucho más joven.  Y ahora hay algunos de ustedes que quiere tomar la pastillita milagrosa que les estira la vida.  Déjense de joder. Ya está. Lo vivido…vivido. Fue. Qué sentido tiene vivir 100 años en un mundo en guerra, en un mundo lleno de egoísmos, en un mundo en el que no sabes qué tipo de poder te va a someter, quien va a ser tu asesino, donde va a explotar la próxima bomba. Realmente si no pudieron tener una vida feliz, háganse cargo viejo. Alguno de ustedes hizo algo por los pobres? –preguntó casi enojándose. Alguno de ustedes hizo alguna denuncia de corrupción, alguna protesta contra los genocidios? Alguno de ustedes está dispuesto a dedicarse los próximos cincuenta años a buscar soluciones para la humanidad si es que esa pastillita de mierda funciona?

Entre acusaciones cruzadas de ¿vos qué hiciste? La tranquilidad con que había empezado la reunión se perdió como se pierde un diente de un trompazo. El clima de diálogo se había oscurecido y la tormenta crecía. Las miradas eran rayos casi asesinos y al punto de iniciarse una rueda de insultos, cada unos tomó sus pertenencias y se fue yendo. Por unos días nadie comunicó nada. Ni hubo comentarios en el grupo que tenían en la red del celular. Si podía leerse que los más ofendidos salían de ese grupo de comunicación. Finalmente a las dos semanas, Alberto, el “provocador”, escribió en su muro de otra red social:

“MIENTRAS EXISTA EGOISMO EL HOMBRE VA CAMINO A SER DEVORADO POR LA NATURALEZA DE SUS ACTOS Y MIENTRAS EXISTA NATURALEZA EL HOMBRE SEGUIRÁ SIENDO DEVORADO POR SU EGOISMO”

elduendeoscar

Relato escrito para el Programa 5 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” emitido el 12 de abril de 2017 por la http://ultra1079.com.ar/

Imagen: http1.bp.blogspot…1600 Old-Women-2.jpg

 

TEATRO PARA VIVIR

TEATRO PARA VIVIR

«Una sola idea puede cambiar el mundo y una sola obsesión, destruirlo» elduendeácido

Uno de los más grandes problemas de la humanidad dentro del capitalismo es… llegar a fin de mes. Son muchos los participantes de esta carrera económica que une dos variables, lo que ganas y el nivel de vida que tenés.

Paradójicamente son muchos los que quieren vivir con dos pesos la vida de un rey y son muchos los que ganan como un rey y viven una vida de dos pesos.

Pedro notaba de dos maneras que su sueldo le alcanzaba para vivir menos. Una era porque cada vez le alcanzaba para menos cosas y la otra que debía trabajar más tiempo para ganar lo mismo. O sea que para optimizar su “vida”, debía trabajar más. Todo un chiste moderno.

Pero un día se cansó. Y tomó una decisión que cambio el rumbo de sus variables. Ganar mucho y trabajar cada vez menos. Magia? No. No.

Paraba siempre en un café a desayunar antes de entra a su oficina. Leía los diarios que le contaban de corrupción por todos lados, bóvedas llenas de dinero de origen espurio, listado de evasores sin condena, jueces cajoneando causas económicas, contrabando, agentes de bolsa prófugos, y un listado de eventos actuales que le indicaban que el camino a hacerse rico no era trabajando. No era la pala. No era la brocha. No era el pico.

En ese café céntrico se dio cuenta que la gente bien peinada a la gomina, de trajecito y con atteche en mano dialogaban con distintos visitantes del lugar, entre los cuales había comerciantes de la zona, nenes de mamá con billetes y agentes de bolsa.

Con los pocos morlacos que le restaban se compró un maletín de primera, un frasco de gel humectante, se afeito hasta los bigotes y le pidió prestado a su amigo Marcelo un traje gris que le quedada al dedillo. Marcelo, un funcionario destacado le preguntó que se traía en mano y Pedro, para no tener que escuchar el sermón del cuídate con lo que estás por hacer, solo le comentó que andaba detrás de una mina con guita. Y le prometió devolver lo prestado ni bien ocurriera el levante.

Al otro día Pedro era otro. Parecía un muñeco de torta de casamiento sentado en la misma mesa de siempre pero con modales recatados, sobrios y calculados. Si hasta el mozo que lo atendía todos los días se sorprendió y le preguntó “¿se ha ganado la lotería?”.  Para aprovechar cada posibilidad de hacer su propia propaganda le respondió “No diga nada, pero estoy tras un invento maravilloso”.  Y de adentro de su maletín sacó una carpeta y solo mostró la fotocopia de un dibujo que se robó de una página llamada Duende a lápiz… de un dibujante excepcional llamado Gastón Villalba. La obra se llamaba “El tiempo trayendo a la Justicia”. Y mostraba sobre un fondo Davincesco un caballo alado y mecánico impulsando hacia adelante a un carro de dos ruedas que transporta a dos personas, una de ellas tiene los ojos vendados. De esto se trata, pero no lo cuentes, por favor, le dijo al mozo, casi susurrando. El camarero miró el dibujo como quien mira una receta escrita en ruso y le dijo “quédese tranquilo, yo no le contaré a nadie”.

Existe un proverbio italiano que dice “Si quieres que un mudo hable, confíale tus secretos”. Pedro sabía de esa frase y pudo ver que a los cinco minutos de estar simulando una larga charla de negocios por celular apagado, el mozo comentaba lo que se le había confesado a otro parroquiano. Y luego intuyó que esa persona le contaba a otra. Pedro no dejó de anotar falsos datos en un cuaderno, medidas, profundidades, porcentajes, cifras millonarias, idea de patentamiento, y números de teléfonos y nombres inexistentes. Toda una perfecta simulación de persona elegante con contactos, con una ocupación obstinada pero prolija.  Le agregaba con un accionar actoral desde los modales a las posturas, a los movimientos de mano, una gesticulación indescifrable. Los demás presentes, quedaban atraídos en esa mañana por el misterioso halito que dejaba Pedro sin darse por enterado a propósito. Así durante un mes sin oxidarse no dejó de armar lo suyo. Solo tenía una idea.

Al terminar su desempeño teatral, y con poco tiempo, salía corriendo hacia la oficina donde se ocupaba de atender el teléfono como recepcionista y a la maldita fotocopiadora que cada tanto lo ensuciaba de tóner. Pero antes de llegar a su trabajo, como el personaje público de Superman, Clark Kent, se cambiaba de ropa para soportar la rutina diaria y cuidar “su” único trajecito.

Durante los días siguientes, se le fueron acercando desconocidos interesados en su invento. A quienes le prodigaba una escueta explicación dejando siempre algo escondido, como teniendo el as de espadas en la manga. Y de tanto tirar la línea sobre el agua el pescador logra que algún pez pique. Dicen que los dibujos posteriores que mostró intensificaban la idea de un vehículo de dos ruedas paralelas (tal las del dibujo original) que se desplazaba sin perder gravedad a una velocidad de 20 km por hora con un combustible Bio diesel. El secreto más guardado era la compensación hidráulica y el frenado. La ventaja sobre otros biciclos era la posibilidad de viajar cómodamente dos personas. Su patentamiento aún está en trámite.

Los 200.000 dólares que recibió por el proyecto de una constructora japonesa como anticipo, le permiten tomar sol muy bien acompañado en las costas del sudeste asiático.

Su frase preferida es “Tu vida cambia, con una buena idea”

elduendeoscar

 

Leído en el Programa 3 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” por la locutora Marguy Ibarra 29 de marzo de 2017 http://ultra1079.com.ar/

Imagen: Gastón Villalba

 

EL AMOR FUERA DEL CLOSET

EL AMOR FUERA DEL CLOSET

«No todas las inclinaciones terminan en caída, muchas veces nos llevan a los cielos»  elduendeérotico

Esa semana el trabajo se había vuelto un huracán cada día más desproporcionado y avasallante. En la Fiscalía se venía trabajando en tres casos importantes que se habían robado todo el tiempo de las últimas dos semanas. Entre pesquisas, reuniones, búsqueda de datos, certificaciones, detenciones y revisión de los procedimientos, no había quedado lugar para las charlas íntimas habituales entre los componentes de aquella oficina de la Justicia. Y encima la Fiscalía entraba en Turno. Y cuando se está de turno, siempre aparece un caso que te revuelve las tripas y te modifica hasta el sueño. Y en esa oficina eran siete los integrantes. ¿Se imaginan? Tres casos resonantes con crónicas periodísticas amarillas atacando por todos lados y sembrando odio. A uno de los detenidos hubo que dejarlo en libertad porque no había evidencia suficiente para mantenerlo detenido, pese la presión social que iba in crescendo. La propia fiscal con un problema familiar serio y dos del equipo viajando para exponer en un Congreso.  Todo un panorama propicio para estresarse.

Los cuatro que estaban al frente de la dependencia se reunieron en un bar cercano el jueves a la tardecita a tomarse una relajante cerveza. Los primeros minutos fueron para dejar en claro que los tenían en un arco con tanto trabajo, pero que había que ponerle el pecho a las balas, por así decirlo con esa metáfora doliente.  Luego de eso, uno de ellos propuso cambiar de tema de conversación. Y sobre la mesa se disparó una pregunta pícara del Secretario: ¿A qué no saben quien salió del closet? Al parecer es un tema muy de actualidad que provoca sorpresas masivas. El ayudante del Fiscal dijo sin darle importancia “a mi ya no me asombra nada”.  Pero la curiosidad de los integrantes del Cuerpo Letrado presentes necesitaba ser disuelta. Y casi juntos dijeron ¿Quién? Haciéndose el informado, el Secretario deslizó “el Juez Pesteche…al que al parecer le llenaron la cocina…de humo. ¡Para, para! –dijo el ayudante- Pesteche el bigotudo que encanó al Jefe de la Regional por las coimas? El mismo, dijo el Secretario. Los comentarios no subían de volumen porque había mucha gente alrededor, pero sí de picardías e ironías. El tema los fue llevando a otros y a otros temas hasta que dieron las 21 en el reloj y al otro día había que madrugar. Habían logrado distraerse por un rato.  Al saludarse en la vereda destacaron la valentía del Juez de confesar sus inclinaciones.

Esa misma noche quedaron en repartirse las tareas hasta que vuelvan los ausentes. Por la mañana bien temprano, rodeando el escritorio del Secretario se pusieron de acuerdo. Uno atendería al periodismo y se ocuparía de solicitar diligencias. Los tres restantes tomarían cada uno los tres casos importantes pendientes para seguir enfocados y acelerar decisiones.  Todo funcionó maravillosamente. La Fiscal, cada tanto se comunicaba para asesorar y definir cuestiones finas de los casos, sin dejar de atender su problema familiar. Los dos congresistas  que estaban en Córdoba, en cada break también se comunicaban para dar sus impresiones personales sobre las causas. Eso sí, en la oficina no dejaban de relacionar cualquier pavada con la salida del closet de Pesteche. Tanta era la imaginación -un tanto discriminadora- que flotaba en el ambiente, que cualquier objeto punzante era del juez. Cualquier protesta el voz alta obligaba a decir…”a vos te falta un Pesteche”. Y de esta forma transcurrió toda esa mañana que confundía neurosis con trabajo, nervios con gastadas y no dejar cabo suelto sin aferrarlo al pobre Juez. Uno de ellos mirando una foto de archivo con la imagen del mencionado Pesteche, dijo; “Es feo, pero el amor es más fuerte”. El día fue transcurriendo sin novedades. Trabajando en equipo las cosas iban saliendo, de a poco, pero saliendo. Lo peor estaba por pasar.

El viernes la Fiscalía empezó a estar de turno y desde ese momento, todos los casos temáticos relacionados con ella, caerían en el diezmado equipo. Todos sus integrantes se mueven a sus domicilios pero deben mantenerse comunicados de modo activo. O sea, hay que atender a los llamados. Te dicen que hay que ir, y hay que ir. Son las reglas del juego judicial.

A última hora por televisión parte de la población se enteraba de un caso de violencia extrema con ribetes escalofriantes. El Secretario llama al Ayudante y le comenta lo que está viendo. Éste le dice “pobre esa Fiscalía de turno, les cagaron el fin de semana”. Intercambiaron algunas palabras y se desearon un buen finde. Luego de colgar, el Secretario recibió una llamada más indeseable que el cáncer de su hijo. El Comisario de la 37 le informaba de un trágico suceso en la zona residencial de Gonnet y que debía presentarse de inmediato. Habían asesinado al Juez Pesteche y por tratarse de un menor como presunto autor del crimen, la causa cayó en sus manos. Al joven lo encontraron llorando al lado del cuerpo y solo se le escuchó decir entre lágrimas “perdóname, vos sabes que te amo solo a vos”.

Lo más desgraciado fue un detalle de época. Esa noche en que se juntaron en el bar y hablaron entre risas de la salida del closet del Juez, alguien grabó la conversación y fue entregada a los medios…

Tiempo después, se supo que el Dr. Pesteche creyó haber sido engañado por aquel joven, su pareja, con otro joven, y decidió quitarse la vida con un veneno letal. Dejó una carta para el Juez actuante donde explicó su decisión. En ella dejó una frase que aún hoy sobrevuela en Tribunales “El amor es más fuerte que la Justicia”.

elduendeoscar

Leído por la Locutora Marguy Ibarra en el programa n°5 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” por http://ultra1079.com.ar/ el 12 de abril de 2017

 

Variedad literaria