«Qué levante la mano quién quiera estar solo. Y que la apoye en algún lugar gentil, quien quiera compañía» elduendeerótico
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No tengo ganas de no tener ganas…
No tengo ganas de no tener ganas…
Las ganas son producto de las vitaminas que nos da la vida.
No se consiguen en frasquitos en la farmacia de la esquina.
Para conseguirlas, hay que amar la vida.
De pronto aparecen e iluminan el camino y el horizonte hacia donde te llevan. Pueden encenderse y lubricarse en un momento inesperado. Y son capaces de atreverse a romper las reglas del deseo formal de tu entorno. Muchas veces nos llevan de narices hacía lo prohibido, hacia lo inalcanzable, así como tambien hacia lo conocido con mucho placer.
Las ganas no tienen formato, solamente pueden variar de intensidad, incluso pueden reprimirse o desaparecer. Lo bueno sería satisfacerlas. ¿Para qué vivimos?, si no para hacer, lo que se nos da la gana. En un sistema mundial de obligaciones cotidianas, por ganarse unos pesos para pagar lo que siempre estamos debiendo, lo recomendable es no perder las ganas. No solo de las que parecen pequeñas como las de comerse un chocolate o salir a caminar, si no, las ganas revolucionarias de romper con un sistema tan opresivo.
Las ganas no tienen dueño, cualquiera puede tenerlas, solo que quién tiene más poder, parece que tiene la ventaja de resolverlas más repetidamente. Pero tener ganas, es tener poder.
Hace muchos años, que no tengo ganas de no tener ganas. Creo que, no tener ganas de nada es un estado cercano al suicidio, y ni se me ocurre.
Lo que he descubierto con esto de tener ganas siempre, es que a veces, se nos hace difícil la vida por cumplirlas y es bueno en esos momentos, encontrarse con gente que te renueve las ganas, que te aliente a no perderlas. Y les aseguro, que hay mucha gente bella y dispuesta. Y si esas ganas, que no vienen en frasquito, que no tienen formato, que van y vienen, y que nos llevan a cualquier parte, las ponemos en lo que amamos hacer, entonces la felicidad es un aroma que nos mantendrá flotando mientras vivamos.
elduendeoscar
Escrito para el programa cultural de La Casa de Oscar, llamado “Al ángulo izquierdo donde duele” T2 E:26 emitido por Radio La Plata el 27 de octubre de 2020.
Cinco desencuentros en una esquina…
Cinco desencuentros en una esquina…
Mientras esperaba en la carnicería para comprar un pollo, escucho la siguiente conversación, que dio lugar a escribir otros cinco desencuentros…
-Hola. tiene pato?
-Hola señor, no, pato no vendemos, le puedo ofrecer lechón, cordero, algún corte de vaca, pollo…
-No gracias, buscaba pato…
Desencuentro 1
Ella deseaba un hombre con buenos abdominales. El deseaba una mujer con buen cerebro.
Desencuentro 2
Ella tenía una gran perspectiva de futuro. El apenas un presente insulso.
Desencuentro 3
Juntos ahorraron peso por peso obsesivamente. Uno se enamoró de otra persona.
Desencuentro 4
Ella miraba con menosprecio cómo él se vestía. Él lo hacía, cuando ella se desvestía.
Desencuentro 5
Para él, el punto G no existía. Ella lo descubrió con un amigo.
elduendevenenoso
Escritos en una esquina mientras hacía una cola para comprar…7 de nov de 2020
Mi árbol genealógico numeroso
Mi árbol genealógico numeroso
Vengo de familias numerosas, de antepasados europeos, tanto los maternos como los paternos.
En ambos casos mis ancestros escaparon de las pobrezas y miserias de sus países, el hambre y la guerra hizo que buscaran en América el oro y el moro prometido. Si estuvieran vivos, todavía seguirían buscando.
Empezaron tan de abajo que hasta podría mentirles diciendo que ellos fueron constructores de las primeras vías del subte.
Puedo decir que todos vinieron con una mano atrás y otra adelante. En algunos casos, hubo algunos que para triunfar se sacaron la mano de adelante.
Mis bisabuelos italianos vinieron mas pobres y hambrientos que lombriz de desierto, desde un Borgo llamado Gangi en plena Silicia. Isla que ha manejado la mafia por muchos años. Siempre me pregunto que habría sido de mi existencia, si ellos hubieran sido parte de la mafia y no tuvieran que haber venido a ser laburantes acá.
También suelo acusarlos de no haber dejado fortunas para repartir entre los descendientes, pero debe confesar que sigo el mismo camino.
Se fueron a vivir a los campos de Azul y Necochea, hicieron lo que pudieron hasta levantar una casa. Eso les llevó la vida. Murieron con sus manos ajadas, pero dejaron hijos, muchos hijos. Como corresponde a una vida sin televisión. Que tanto distrae a las masas.
He sido testigo de la organización de la juntada dominguera de ambas familias. En una de ellas, se realizaban escenas de teatro e improvisación a cargo de mis tíos, en la otra juegos de cartas como la canasta, la loba, el truco, el chichón, la escoba.
Y como toda familia, siempre hay personajes sobresalientes, el soltero, el jugador, el mujeriego, el vago, la sexy, el drogón, el cornudo, el infiel, el trasnochado, el zurdo, el gorila, el boludo, el alcohólico, el fanático, el inútil y una basta lista interminable.
También están lo que tienen éxito y se apartan de la familia, como diciendo, a esos, no los conozco.
Pero por suerte de 50, alguno bueno sacas.
Será por eso que la familia no se elige y a los amigos sí.
elduendeoscar
Escrito para el programa cultural “Al ángulo izquierdo donde duele” del Centro Cultural “La Casa de Oscar”, T2 E:20 “La familia, primera parte: Lo ancestral y lo heredado. A emitirse por Radio La Plata 90.9 el 15 de setiembre de 2020.
Mis tres pedos
Mis tres pedos
En primer lugar, quiero aclarar que el título se refiere a tres momentos de mi vida en los que me emborraché. No tiene que ver con cuestiones digestiva. Tenemos un idioma que puede confundir, si no se explica el punto al que va dirigido.
Era un adolescente trabajador. La pobreza nos metía en un rincón constantemente. Y trabajar hacía de mi existir algo digno. Dejé mis estudios por entonces para mantener el plato lleno. Verdaderamente nunca había bebido, ni siquiera para probar. En vista de los ejemplos familiares de bebedores, no me interesaba formar parte de ese paisaje. Pero, sépase, el hogar y la escuela no son los únicos lugares donde uno se educa y adquiere experiencias. La calle, el afuera de casa, el mundo, las relaciones extra familiares, hacen lo que me atrevo a decir la “Universidad de la vida”. Por entonces trabajaba en dos talleres, el de mi padre, que armaba acumuladores de autos “Baterías Oscar” y en “Carburación Cosentino”. Gremio duro y sucio.
A los 16 años, tenía amigos que bebían y sabían con claridad hasta donde. Bueno, a veces. Resulta que el fin de año, nos permite a casi todos los trabajadores, descansar el primero de enero. El día previo, el de la despedida de año, la gente bebe. ¡Y cómo bebe! Hicimos una juntada de amigos y todos bebimos vino. Todavía se conseguían las botellas de litro. Hacía muchísimo calor. Cuando quise acordar, mientras la joda seguía, empecé a tener sueño y calor, mucho calor. Además de una especie de no control corporal. Me saqué la camisa y me recosté en una reposera. Serían las cuatro de la mañana, no puedo precisarlo. Desperté a las dos de la tarde. El Sol estaba alto y brillante. Y desde su aparición y hasta ese momento, me había dado de lleno sin ningún tipo de protección. Resultado; quemaduras en brazos, pecho y rostro. Hospital, reto de las enfermeras y vendas con mucha crema. Tenía más ampollas que un laboratorio.
El día dos de enero, era laborable. Asistí vendado, pensando en que mi patrón me daría días libres. Minga. Me miró cómo diciendo “mirá este boludo” y me dijo; “Bueno, quedate a hacer tareas administrativas, acomodando repuestos y si podes, barrete el taller”.
Mi antigüedad era de dos años sin faltar un día y sin cobrar nunca una hora extra. ¡Cuánta bondad tiene los explotadores!
Mi segundo momento sin poder responder coherentemente con mi cuerpo a lo que me decía la mente, fue en una crisis matrimonial.
Ya rondaba los 30 años y la pareja no funcionaba entretenidamente. Creo que los dos le pusimos ganas y hasta planeamos tener un hijo más a pesar de nuestras diferencias. Por entonces, no fue el vino, si no la ginebra. No les recomiendo emborracharse con ella. Vomite dos días, me dolió la cabeza una semana y tuve mal humor para todo.
Y mi último momento de ebriedad aconteció en Brasil. Estaba de paseo por el Morro de San Pablo, un lugar paradisíaco. Es el extremo de una Isla llamada Tinharé. Fue en el año 2002. A mis cuarenta y cuatro. El lugar tiene unas playas extensas y continuadas que se enumeran Playa uno, Playa dos…y así. Con barricas y puestos de tragos tropicales. Un mar tranquilo. Una playa de algas y corales. Viajé solo y me instalé por cinco días en un hostel de un argentino a cambio de tareas de reparaciones, una especie de trueque.
La segunda noche, había fiesta en las playas. Cada playa tenía su música, Electrónica, Bossa, Samba, tropical, etcétera. Y cada ambiente estaba iluminado de acuerdo a lo que sonaba. Y no había que pagar entrada. Vos caminabas por la playa y había música. Uno podía bailar, meterse al agua, tirarse en la arena, mirar a otros y beber. Y allí nació mi tercera derrota con el alcohol. En cada playa me tomé un licuado tropical. Maracuya con frutilla y cachaza. Melón, banana y vodka, frutilla, ananá y rhum…Cuando llegué a la quinta playa, empecé a sentir que el mundo se movía demasiado. Me senté como una hora a esperar a que se me pasara el mareo. Me refresque la cara con el mar y empecé a volver. Tres japonesas hablando raro me seguían. Me dejé alcanzar y empezamos a hablar en un ingles bien básico. Recuerdo que me reía de cualquier cosa y ellas se contagiaban y se reían tambien. Volver al hostel fue una aventura.
De los tres pedos, mas fuertes de mi vida, ese, fue el mas divertido…
Escrito para el programa Cultural de La Casa de Oscar “Al ángulo izquierdo donde duele” T2 E:19 Hablemos de bebidas. Emitido el 8 de setiembre de 2020 por Radio la Plata 90.9
La encerrona de la libertad
La encerrona de la libertad
Hace unos años visité a un amigo por entonces en la cárcel de Olmos. Cumplía una condena a la que le faltaba un año. Estaba pagando punitivamente a una falta a las leyes de la sociedad. Gran parte de los prisioneros tienen un día de visita semanal, algunos no. Mi intención era acompañarlo y alentarlo a que tratara de soportar ese encierro sin complicarse con riñas o disputas de poder (que las hay dentro de todos los Penales), intentando portarse de la mejor manera. Eso sucedió y finalmente hoy está libre. Ya pagó.
En aquella oportunidad hablamos sobre muchas cosas. Él aprovechó mi presencia masculina, para hablar de temas que no hablaba con el resto de sus visitas, todas femeninas.
La falta de libertad, obliga a hacer muchas cosas con las que uno no está de acuerdo, por sobre todo cuando el sistema carcelario está preparado para que se cumplan las reglas sea como sea, externas e internas, que no son las mismas.
Y las reglas o códigos, no los pone uno, ya están.
El escenario del patio donde nos sentamos a hablar, mira a un edificio de cemento gris sin pintar con ventanas diversas; mira a una especie de hotel para tener sexo; a una capilla evangelista; puede verse un lugar tipo deposito con mostrador donde se revisa todo lo que ingresan los visitantes; estábamos a la vista de otros presos siendo visitados. Toda esa escena no fue bella. Era una escena, casi del medioevo. Tal vez deba usar una palabra que nunca usé, funesta. Que significa el origen de lo desgraciado, de lo triste.
Una de las preguntas que le hice fue: ¿Qué pensar hacer cuando salgas?
Vi que le brillaban los ojos, y dijo algo así: “Aquí he visto lo que imaginaba y no quería ver. Gente violenta, irrazonable, a la que uno tiene que saludar y a veces escuchar callado. Hay hombres que se van a morir acá a dentro y no les importa nada. Por eso hay distintos pabellones. A mí me tocó uno mas o menos tranquilo, pero es como dormir al lado de la dinamita. No sabes qué la va a hacer detonar. Hay que respetar lo códigos, no podes equivocarte. Sos boleta. Y te juro que cuando salga de acá, no me meto en ningún kilombo más. Quiero vivir otra vida, a esta gran casa, no quiero volver. Ya se me fueron tres años adentro. Te juro que ha sido una dura lección. Voy a escuchar a la gente que me quiere. Voy a pedir perdón. Voy a abrazarme con mis amigos”.
Para aquellos que creen que el encierro por la peste ha sido terrible, recuerden que todo, todo, todo, siempre puede empeorar.
Creo que es hora de soñar, de desear y de ir a buscar aquello que anhelamos, aquello por lo que sentimos que forma parte de nuestra esencia.
¿Verdaderamente creemos estar en una encerrona de la libertad?
Falta menos. Aprovechemos a imaginar cómo vamos a vivir dentro de poco. Qué vamos a valorar, qué vamos a compartir, qué vamos a dar. Aprovechemos la libertad de poder hacerlo, el muro no es tan grueso, ni tiene tantas rejas.
elduendeoscar
Imagen: Diario El día.
ALMA, DESEOS Y CINTURA DE GORDO
ALMA, DESEOS Y CINTURA DE GORDO
Voy a confesarlo en el primer renglón: Me encanta comer de todo.
Tengo alma de gordo, deseos de gordo y cintura de gordo.
Es más, ya han empezado algunos a decirme…gordo.
Tengo una sensación contradictoria con esto. Por un lado me duele que aún hoy haya gente que se muere de hambre, y por el otro, creo que como casi, como dos personas.
Es paradójico encontrarse con cifras que dicen “Que si el mundo (los gobiernos) manejarán bien sus economías, nadie se moriría de hambre”. También es inentendible, que usemos a la naturaleza como si fuera una alacena de alimentos que no se acaban sin cuidar las condiciones en que la dejamos.
Las cifras y los hechos vandálicos en este sentido, nos las teneos que comer crudas.
El hombre es un animal que desea devorarse, diría elduendeácido.
Vamos al grano, tengo alma de gordo.
Saben ustedes cuales son los requisitos para ello?
Primero no negarse a un poquito más en el plato.
Segundo, dejar el plato limpio pasando pedacitos de pan en los últimos restos pegados.
Tercero, hacerse agua la boca en las vidrieras de comidas.
Cuarto, comer sin hablar, con la boca llena es imposible. Si se habla, se come frío o menos.
Quinto, mi frase favorita “Todo bicho que camina va a parar al asador”.
Y les explico que son los deseos de un gordo:
Qué cuando alguien reparte porciones, te toque la más grande (las más chiquitas que se las coman los que hacen dieta)
Qué cuando te venden comida al peso, se equivoquen a favor en el precio.
Que en la cuenta de un restoran no te cobren uno de los dos platos que comiste.
Que tu Doctor no te diga tenes que comer menos.
Que cuando haya una reunión en tu casa, sobre comida. Esto, por dos motivos. El primero para que quede demostrada nuestra abundancia al servir y cuando haya revancha en otro lugar no se olviden. Es como “marcar pautas”. Y segundo, para comerlas al otro día.
Ahora bien, porqué digo que tengo cintura de gordo:
Me lo decían personas de mi entorno y ahora me lo dicen los pantalones y remeras.
Me empezó a costar atarme los cordones, ni qué decirles cortar las uñas de mis pies.
La zunga la uso de vincha.
La balanza se está portando como el dólar, que amenaza de dos dígitos a tres en cualquier momento.
Cuando alguien me pregunta o me dice “Estas engordando”, respondo que no, que solo estoy decorando mis abdominales con cosas ricas.
Solo se me ocurren dos cosas para cerrar el texto; Buen provecho y cerrame la mesa 8.
Escrito en LCDO para el programa cultural «Al ángulo izquierdo donde duele» del Centro Cultural «La Casa de Oscar» «Qué carajo comemos» T2 E17. A emitirse el 25 de agosto de 2020 por Radio la Plata 90.9









