Archivo de la categoría: Sobre la Casa de Oscar

Crónicas de la galería de La Casa de oscar 15

Crónicas de la Galería de La Casa de Oscar 15

«Houston, tenemos un problema«. *

Recuerdan o conocen esa frase que se refería a un mensaje de un astronauta, comunicando dificultades desde la órbita lunar a la base dónde se controlaba la navegación de la Apolo allá por los 70´s. 

Bueno, estamos en problemas gente.

Siempre me ha agradado ayudar a los ancianos con sus pesadas bolsas, a cruzar las calles, a orientarlos, a entenderlos y, si me es posible, hacerlos sonreír.

Una de mis preocupaciones infantiles, puberales, adolescentes y más grandecito, fueron, qué mundo me espera como anciano (Si bien faltan otros 100 años, me voy preparando).

Me va llegando, como a muchos, los achaques corporales y las limitaciones físicas debido a los esfuerzos realizados para vivir, desde trabajar hasta entrenar, desde caminar hasta mover muebles, desde bailar a levantar pesos, y siguen las firmas. Raro, no me pasa lo mismo con el ánimo. Pero no quiero hablar de la sexualidad, en la que debo evitar contactos diarios (je). Como diría una canción «El tiempo no para…»

Este preámbulo o introducción a una opinión personal sobre las responsabilidades, me es necesaria hacerla antes de explicar, por qué estamos en problemas.

Seguramente muchos nos estamos cuidando tanto, que hasta planchamos el barbijo. Y muchos, seguramente están hartos de usarlo. Y a otros muchos no les importa nada.

Para aquellos a los que les importa tomarse una birra sin control amontonados y sin ningún tipo de cuidados, sepan que se nota el me chupa un huevo. Y que su egoísmo pone en riesgo al resto, de los qué, al menos cuidamos y nos cuidamos.

Creo que es hora de sentarse a organizar una sociedad donde el respeto sea más importante que la indiferencia.

Si, uno puede estar harto del encierro, de las medidas, de los cuidados. Pero estar harto, no puede justificar romperlo todo.

Si la incidencia que tiene la irresponsabilidad de no usar barbijo o hacerlo mal, de no tener en cuenta el distanciamiento, de no evitar las aglomeraciones o las juntadas sin control, estamos exponiéndonos y arriesgando nuestra salud y claro, la del resto.

Miremos lo que sucede en Europa. Este virus tiene la particularidad de no ser solo contagioso si no que afecta a las personas de mayor edad.  Aunque tambien se cuentan pérdidas en edades menores.

Sin consciencia social,  estamos en problemas.

Más allá de este proyecto que justamente, junta gente. 

Siento como persona mayor, que aún no necesita que le ayuden a cruzar la calle, ni a llevar las bolsas, ni a orientarme, que muchos no me están cuidando. Ni cuidando a los suyos. 

Espero que se me entienda, y si se puede me hagan sonreír.

Si no, todo, todo, se hace más difícil…

elduendeoscar

La imagen es de viapais.com 

RESTOS DEL BODEGÓN (6) El músico pesado

Les convido con lo que quedó de algunas noches…

RESTOS DEL BODEGÓN (6)

El músico pesado

Por el barrio vive un músico. Viven varios músicos, pero este es un aparte. Es un tipo que ha caído bajo las garras del alcohol y es muy difícil qué pueda escaparse de ser engullido por esa bestia. En una oportunidad, vino junto a su banda a hacer un evento, que resultó muy bueno. Él por supuesto se embebió como para no deshidratarse por meses y se quedó luego del show a compartir un festejo de otro amigo hasta la madrugada. Por supuesto que siguió bebiendo hasta alcanzar el peso mercurio o sea el de un tipo mamado pesado. Y en la noche podemos ser simpáticos si no rompemos las bolas a la gente que no conocemos. Todos sus amigos se habían ido sin llevárselo y tuve que hacerme cargo de su humanidad sacándolo del Bodegón. El flaco había comprado todos los números de la rifa de una buena piña y no permití que se llevara el premio puesto. Lo levanté de los hombros y lo acompañe hasta la casa. Esa distancia estuvo plagada de porqués, disculpas y justificaciones sin sentido. Lo dejé en su casa y volví. Esto pasó hace como dos años. El jueves, como dice el tango “volvió una noche…”, el músico se aparece como un fantasma a mirar por la ventana. Nosotros estábamos preparando el lugar para el encuentro de varios amigos por el festejo de Lorena, la ucraniana. Primeramente no lo reconocí. Luego de asomarse, se sentó en nuestro umbral. Hasta acá todo bien. Por supuesto que su estado a las 20 hs ya era calamitoso. Hablaba solo y de música. Ya tenía menos coherencia que astronauta en el Sahara. Salí a preguntarle si necesitaba algo. Te acordás de mí, Oscarcito? Una vez…y se puso a recordarme lo que ya conté más arriba. Y como todo borracho que necesita compañía, se me pegó como engrudo en la tela. Y la verdad que alguien así primero te da pena y después queres matarlo. Nuestra charla se dio en la vereda mientras seguían llegando los invitados de la cena. Cada vez que abría la puerta quería mandarse para adentro a tomarse algún convite. Lo escuché con la paciencia de una abuela, cada vez que me lo permitía le expliqué que estaba ocupado y que lo invitaba a pasar una tarde para compartir unos mates. Pero él quería un trago y mis palabras no le servían de hielo. En un extremo mensaje místico, propio de los mamados que resucitan ligándose a una religión desconocida me advirtió que el pastor nos estaba mirando. Y que había que tenerle miedo. A esta altura de la conversación algo me empezaba a fastidiar y le di mis saludos, le repetí mi invitación y lo dejé solito con su alma, de la que tendrá que hacerse cargo. Instantes después, volvió a asomarse por el ventanal mirando a los invitados riendo con cara de demonio desencajado. Salí, le pedí que se fuera, por las buenas, claro. Me pidió que le venda una cerveza. Le dije dónde había un almacén abierto. Se fue. Pero a los 15 minutos, cuando ya estaba cocinando para el grupo de invitados, volvió. Y asomado por la ventana me mostraba un tetrabrick de vino tinto como si fuera un trofeo de guerra que me hubiera quitado de las manos. ¿Qué necesidad? Se me empezó a subir la mostaza. Me saqué el delantal y la gorra. Salí a buscarlo, lo agarré de la hombrera, lo llevé gratis hasta casi la esquina y le grité en la cara un ¡Andate! Que debe haber escuchado hasta viejo Jorge, mi vecino sordo. Volví sin agredirlo pero marcándole el territorio. Pedí disculpas a mis comensales y todo siguió como si nada. Todavía recuerdo una frase que dijo…”las coordenadas no coinciden con el tono y todo se desbarajusta…”. Buen músico, una lástima.

Al terminar la rueda de pizzas esa noche se armó karaoke y hubo varios intérpretes interesantes. Como si estuvieran escondiendo sus voces mientras comían, a la hora de cantar se lucieron. Uno de ellos eligió cantar una de Sandro que provocó entre las mujeres asistentes, suspiros, gemidos y hasta el arrojo de alguna prenda como ofrenda.

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Todo este materia es producto de esas noches de Bodegón en La Casa de Oscar (hay muchas más) en 2015, y fueron escritas luego de cada noche como los restos que quedan.

Luego compartidas gratuitamente entre contactos y redes sociales. 

RESTOS DEL BODEGÓN (5) Pitucas…

Les convido con lo que quedó de algunas noches…

RESTOS DEL BODEGÓN (5)

Pitucas…

De pronto nos tocan timbre dos señoras mayores desconocidas. Pitucas, elegantes y muy bien habladas. Me preguntan si llevábamos pizza a domicilio. Yo intentando esconder el enchastre en mis manos dentro del repasador les digo que no. Que aún nuestro sistema es pedir y venir a buscar en 20 minutos o media hora. Ellas me dijeron con tono de pena que a esta hora ellas temen andar por la calle. Eran las 20.15 de una noche calurosa. Les pregunté si vivían lejos para hacerles el favor de llevarle alguna. A dos cuadras me dijeron. Y me pidieron si podía cobrarles en el domicilio, ya que como tenían miedo de ser robadas, llevaban muy poco dinero. Tomé nota, anoté la dirección, preparé con amor (como siempre, pero me cayeron muy bien las ancianas señoras, y quise esmerarme) y a la media hora estaba tocando el timbre del domicilio indicado. Les juro que mientras estaba frente a la puerta de la casa indicada tuve un raro presentimiento. Luego de tres timbrazos separados en minutos, se asomó por la ventana una señora, también muy mayor. Que no era ninguna de las dos señoras que hablaron conmigo.

El aroma de la albahaca salía tibio de la caja pizzera y se me metía en la nariz como el mejor perfume por esas horas. La señora me dijo que no había pedido ninguna pizza y que no conocía a ninguna persona con las descripciones que le di. Mientras yo pensaba en si me había equivocado en la dirección, la señora detrás de la persiana en un rapto de sospechas me dice como enojada –le pido por favor que se vaya porque si no voy a llamar a la policía… Asombrado y confuso como quien recibe la noticia de la llegada de un primer hijo, le pedí que se quede tranquila, mientras le daba datos míos. Quién soy, dónde vivo y exactamente lo que me había sucedido para llegar hasta ese lugar y estar con ella en ese momento. Igualmente llamó al 911 y tuve que explicarles a los oficiales lo que estaba pasando. La sensación era que no entendían o no creían. Los entendí. Un tipo mayor con una caja de pizza enfriada en la puerta de una señora que no conoce para traer un pedido a otras personas que tampoco conoce, realmente suena raro. Mostré mis documentos y me fui. Hablaron con la dueña del lugar con la persiana de por medio y les agradeció que hayan acudido. Volví refunfuñando. Quería ocultar mi enfado. Pero me daban vuelta por la cabeza dos ideas: dos viejas me hicieron una broma y una tercera vieja me denunció como si fuera un delincuente. La calentura me duró un rato. Todavía me pregunto, porqué me quedé con las dudas ¿Y si las viejas se conocen y las dos le hicieron una joda a la tercera usándome? Lo cuento cómo una anécdota más. No voy a ponerme a descifrar el entuerto habiendo tantas otras cosas bellas por hacer.

elduendeoscar

Todo este materia es producto de esas noches de Bodegón en La Casa de Oscar (hay muchas más) en 2015, y fueron escritas luego de cada noche como los restos que quedan.

Luego compartidas gratuitamente entre contactos y redes sociales. 

 

 

RESTOS DEL BODEGÓN (4) Antonella, la hiperquinetica…

Les convido con lo que quedó de algunas noches…

RESTOS DEL BODEGÓN (4)

Antonella, la hiperquinetica…

Otra de las historias que me contaron en el Bodegón y que vale rescatar de tantas, fue la de Antonella. Con un grupo de amigo ella vino a festejar su cumple entre pizzas y cervezas. Cuando era chica, ella misma lo reconoce, era tan inquieta que cuando estaba en esos estados de hiperactividad la madre la llevaba a un vivero cercano de la avenida 72 y calle 21, allí ella se calmaba mirando los bellísimos cactus que se exhibían mientras la madre compraba lentamente, alguna plantita.

Yo mismo he sido testigo de tanta belleza en plantas de ese lugar y de la muy cálida atención de los propietarios. Y Antonella fue creciendo, siempre activa, inquieta. Y una de las soluciones a la gran necesidad de moverse fue empezar a patinar. Y desde pequeña anda de aquí para allá en ruedas de ese deporte al que nunca me animé. Y el día que la conocí me mostro un hermoso recuerdo de dicha actividad. En una caída se quebró el radio de su brazo izquierdo. Y aún con yeso y protector, bailaba como si estuviese sin ninguna lesión.

Esa noche contraseña para entrar de su grupo fue “La quebrada de Humahuaca”.

Estábamos haciendo milanesas. Ojo, dije milanesas. Por qué lo aclaro. Porque lo artesanal en la comida se va perdiendo. Hoy la cosa se resuelve con el delibery (reparto a domicilio), con la rotisería o casa de comidas o con la carnicería o pollajería donde te vendan milanesas listas para meter al horno. No, no. Yo dije “Estábamos haciendo milanesas”. Huevo, perejil y ajito cortadito bien chiquito. Toque de sal. Rebozador finito. Y suprema deshuesada con nuestras propias manitos. Hay un toque secreto, pero no se dice.

elduendeoscar

Relatos escritos al fin de cada evento de Bodegón en setiembre y octubre de 2015 en La Casa de Oscar.   Leídos en el programa cultural llamado «Al ángulo izquierdo donde duele» por Radio la Plata 90.9 , 15° Aniversario (parte 4) emitido el 20 de octubre de 2020

RESTOS DEL BODEGÓN (3) EL repartidor de guías…

Les convido con lo que quedó de algunas noches…

RESTOS DEL BODEGÓN (3)

EL repartidor de guías…

Antes de seguir contando me voy explicar cómo se juega al Yenga a dos visitantes que quieren jugarlo mientras se toman una cerveza helada.

Otro día Marcos me contó que en algún momento de su vida fue repartidor de guías telefónicas. El trabajo los hizo durante 7 años seguido. El pago que recibía era ínfimo. Sabido es que el pensamiento de una empresa no es la mejora de los ingresos de sus trabajadores. Siempre es (salvo contadísimas excepciones) ganar más y más. Y no importa cómo. En nuestro caso, la viveza criolla como arte de sobrevivir en nuestro país, se justificaba por allí. O sea, me pagas poco, te gano por afuera. Muchas veces uno cree que los de arriba, los patrones, no saben de este provecho extra al sueldo que uno puede tener y yo creo que ellos lo saben, entonces pagan poco. Uno de los casos más comunes es el de los mozos. Se les paga poco y se les pide excelencia en la atención con un doble fin, el de quedar como un lugar donde se atiende bien al cliente y que este se sienta forzado a dejar una propina. Entonces allí es cuando el dueño del lugar tiene “derecho” a decir fijate lo que ganas de propina a cualquiera de los garzones que piden por mejoras. O muchas veces te contratan con una paga miserable y fuera de convenios pero te advierten que lo interesante es ese premio, que posteriormente solo habita en el dar de personas amables.

Marcos se había aprovechado de aquellas personas que teniendo una guía por la entrega que hacía o no teniendo ninguna, eran capaces de pagar algo por una de ellas. Y así hacía su recaudación por afuera de lo permitido. Si alguno se quedaba sin guía, tenía que llamar por teléfono para reclamar y la respuesta era, venga a buscarla. En cualquier horario que pasará repartiendo, siempre había alguno que no estaba, se inventaba una firma de recepción y listo, sobraba una para vender al mejor postor. Lamentablemente este guille (en lunfardo maniobra para obtener un beneficio ilícito) se daba una vez por año.

El reparto de hacia entre dos personas, en este caso Marcos y un compañero. Todas las calles y uno por vereda. Caminaban con una zorrita (carrito con dos ruedas para transportar peso) cada uno. Muchas veces las mujeres se enojan cuando les dicen zorras y en realidad no es que se les esté diciendo vivas, pillas, atorrantas. Cuando se los digan, sepan que es porque tienen que soportar a un marido pesado y llevarlo por la vida como una carga.

Con la zorra bien cargada arrancaban cerca de las 9 de la mañana y terminaban al atardecer. Por lo que el asunto de la recaudación, por simple deducción, era más próspero al término del día que al inicio. Hete aquí que la mañana que decidieron arrancar a las 8 o sea una hora más temprano por un barrio de la periferia fueron asaltados y aún no habían “vendido” ningún ejemplar. Claro que los malvivientes mas chupados que flaco a dieta no les creyeron y les revisaron hasta el calzoncillo a punta de revolver y de cuchillo. Solo se llevaron monedas. Que sirvió seguramente para el trago del estribo. Marcos y su compañero se volvieron a la empresa y denunciaron el hecho. Y agregaron que esa gente también les robó las guías (idea del compañero de Marcos que sirvió para desquitarse al día siguiente de reparto)…

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Relatos escritos al fin de cada evento de Bodegón en setiembre y octubre de 2015 en La Casa de Oscar.   Leídos en el programa cultural llamado «Al ángulo izquierdo donde duele» por Radio la Plata 90.9 15° Aniversario (parte 4) emitido el 20 de octubre de 2020

RESTOS DEL BODEGÓN (2) El viejito sexy

Les convido con lo que quedó de algunas noches…

RESTOS DEL BODEGÓN (2)

EL VIEJITO SEXY…

Una comensal contaba con detalles las anécdotas de su trabajo, que es cuidar ancianos que no tienen familia en una institución del Estado. Contaba qué casi todos los viejitos, con distintos problemas de salud, andaban en sillas de ruedas cercanos a los 80 años y que al grupo se había sumado un abuelo con Párkinson que andaba con bastón tembloroso por todo el espacio. En un recreo que se da todas las tardes todos los internados de esa área son llevado a un jardín al aire libre y se los deja tener conversaciones entre ellos. Mientras este proyecto social transcurre, el personal del lugar los espía por una ventana. Y en una de esas reuniones ¡Se ha formado una pareja!

El abuelo del bastón, resultó ser un encarador profesional y estableció un romance con una de las abuelas. Ella era una mujer de más de setenta años con un sobrepeso importante y una movilidad bastante reducida. Sin embargo Cupido andaba dando vueltas y les dio un par de flechazos que dejó perplejos a más de uno. Y la perplejidad aumentó cuando en aquella tibia tarde el abuelo se tomó la licencia de meter su mano en los pechos de su deseada y nueva seducida. Y todo esto, a la luz del día y frente al resto de sus sorprendidos compañeros de asilo. Quién contaba esta aventura salió al trote de su escondite para separar a los abuelos acaramelados. El anciano se enojó y no quería soltar la teta que tenía en su mano, que además temblaba aceleradamente, haciendo de lo más bizarra esa imagen. Cuando fueron separados se tiraban besos por el aire como lo hacen los grandes actores del cine al despedir un tren con su amante o cómo lo hacen aún algunos románticos cuando saben que no verán a su amor por un tiempo. Desde los trabajadores de la institución se propusieron vigilarlos como si fueran suegras. Pero el abuelo lo volvió a intentar para demostrar que cuando las feromonas te penetran no hay modo de frenar el impulso.

En este momento del relato debo servir una comanda de Papas Fritas de la Abuela en otra mesa. Las llamamos así porque quién tuvo abuela cocinera no puede olvidarse de las delicias de su cocina. Y estas Papas…mamita.

 

El espacio donde cuidan a los abuelos se separa en tres partes como si fuera una casa chorizo a la que se le cerró la galería con un gran ventanal que da a un patio. De un lado las nenas y del otro los nenes, separados unos veinte metros. En el medio, una oficina donde el personal mira hacia el pasillo comunicante y nada puede escaparse de ser visto. Resulta que el abuelo enamorado estudio el modo de ir desde su sector hasta el sector donde dormía su amada. Y para que quede claro, era imposible pasar por delante del lugar destinado a las personas que colaboran con el proyecto sin ser descubierto por más que sea de noche. Así que el abuelo, con el bastón en mano y su temblor a cuestas empezó la aventura de ir por el patio (que no estaba iluminado) dando toda una vuelta de casi 100 metros, para llegar sin ser visto hasta el lecho de su deseada mujer. Sigilosamente y por sobre todo caminando lentamente por su imposibilidad motriz el abuelo llegó. Hay quienes calculan que lo hizo en una hora de trayecto. Y al llegar, con la habitación oscura y no se sabe fehacientemente de qué modo, fue directamente a la cama de ella, quien estaba dormida. Aún así el abuelo se bajó los pantalones y calzoncillos hasta los tobillos y planeó “tirarse” encima de la pesada y tetona abuela. Pero, como decía Tusam, “puede fallar”. Justamente a esa hora, los enfermeros inician la ruedas de supervisión y de aplicación de remedios. Y Uno de ellos notó que faltaba el abuelo aventurero y se imaginó el recorrido. Y allí estaba el abuelo, a punto de zambullirse. Y Sanseacabó.

Go home (vuelve a casa) como dicen las paredes de los pueblos invadidos.

A seguir participando como dicen muchas promociones…

elduendeoscar

Relatos escritos al fin de cada evento de Bodegón en setiembre y octubre de 2015 en La Casa de Oscar.   Leídos en el programa cultural llamado «Al ángulo izquierdo donde duele» por Radio la Plata 90.9 15° Aniversario (parte 4) emitido el 20 de octubre de 2020

Restos del Bodegón. Presentación…

Les convido con lo que quedó de algunas noches…

RESTOS DEL BODEGÓN (1)

                                                Presentación…

Mucha gente suele decir “Este será un año difícil” tratando de anticiparse a lo que va a pasar y de alguna manera con cierta visión negativa. Tengo más años que el perejil y ningún año de mi vida lo he empezado creyendo qué “Este será un año facilongo”. El pobre que está condenado a laburar, más o menos, no dejará de hacerlo. Los pobres no suelen salir del fango sin haberse ensuciado bastante. El rico tampoco puede decir este año va a ser tranquilo. El rico está condenado a no perder ni una gota de su riqueza, ni un gramo de su stock. Y para cómo le está gustando girar al mundo en los mercados financieros, cualquiera es puré en cualquier momento. Ya lo dice un refrán popular “No es más pobre el que menos tiene”.

Hago esta introducción para decir que sea el año que sea, hay que animarse. Y si se aprende a no tenerle miedo al precipicio, a las sombras, a la lluvia, a las cucarachas, al agua fría y a otras cosas, ya podemos decir que estamos preparados para emprender camino. Lo central es perder el miedo. No se dejen embaucar por los militantes del miedo. El mundo no es fácil.

Hace un tiempo que venimos charlando entre nosotros de empezar a abrir las puertas a gente que no puede acceder a “La Casa de Oscar” si no tiene la contraseña del grupo que realiza un evento. Creemos que el espacio está hecho con tanta buena intención que no convidarlo es un principio de egoísmo. Somos conscientes de las escasas propuestas familiares y de buena onda que se imponen en nuestra ciudad a fin de juntar gente para entretenerse y comer con poco dinero. Entonces fue cuando decidimos agarrar la pala como negritos que somos y empezamos a construir nuestro Bodegón en las arenas de la realidad, tratando de qué se convierta en tierra fértil para sus aventuras.

El primer fin de semana estuvo genial. Les pasó contar las atrevidas y sexuales historias de dos ancianos en sillas de ruedas, la odisea de Marcos mientras repartía la guía telefónica y la visita de la quebrada con toda su voluntad de seguir siendo inquieta.

Estábamos debutando como Bodegón y queríamos dejar la mejor imagen en todos los aspectos. Ese día incluso, me bañe. En una de las mesas cuatro personas dialogaban de lo más divertido en plena cena. Parecía ser una de esas conversaciones donde uno quiere estar. Sigilosamente y con la excusa de preguntar si la comida estaba rica (típica pregunta para ganarse la confianza y la propina), me fui acercando como quien no quiere la cosa. Y de paso tratando de escuchar si el tema en cuestión era de mi agrado. Hay gente que se ríe de temas serios y suelo ponerme de mal humor. A esa mesa había llevado una milangas de pollo que se caían del plato y que estaban hechas con tanto amor como huevo.

A mi pregunta de ¿Todo bien? La respuesta fue “perfecto”. Velozmente me introduje en la conversación (no voy a contar el secreto de cómo ingresar a una conversación de otros sin ser visto, eso se cobra aparte) y en quince segundos empecé a enterarme…

Seguiremos con las historias….

Publicidad del Bodegón setiembre y octubre de 2015
Relatos escritos al fin de cada evento de Bodegón en setiembre y octubre de 2015 en La Casa de Oscar.   Leídos en el programa cultural llamado «Al ángulo izquierdo donde duele» por Radio la Plata 90.9 15° Aniversario (parte 4) emitido el 20 de octubre de 2020

Los primeros pasos (La Casa de Oscar 2005)

Relatos de la primera noche de apertura…

Desde “La Casa de Oscar”, octubre de 2005

Los primeros pasos…

No se imaginan lo torpe que me he sentido, deambulando por el salón con la bandeja de mozo.

No se imaginan lo que me pesaba la camiseta cuando tuve que salir a la cancha.

No era miedo, era temor a que panda el cúnico.

Me veía cayéndome con la bandeja llena de comida y de bebida sobre algún comensal, desparramando una preciosa picada sobre el piso o reventando vasos contra el suelo.

Un borracho diría: “mientras no se rompan las botellas”.

No se imaginan el susto que disimule con mi cara de mimo experto en incomunicar tragedias.

Y puedo confesarles que tuve más talento que suerte.

Podía escucharse desde las mesas “ta’ lento el mozo”.

En uno de los pedidos me olvide de ordenar una picada. El hambriento y paciente cliente luego de varios minutos de espera, con cierta ironía me dijo “perdón, la picada, ¿la estás calentando?.

Pero hubo otro que me alentó diciendo: “relajate, estás entre amigos”.

Desde allí todo fue mas calmo, pero con las antenitas paraditas por las dudas.

Otra cosa que me pasó, es que jamás había preparado un Fernet con cola.

Me acordé de la propaganda del dandy de Cinzano, me acerqué al que lo pidió y le dije canchereando: ¿Cómo te gusta? ¿Fuerte, suave, dulzón?, y no sé si saben, los fernecoleros lo toman cada uno a su modo, y el tipo me explicó: Dos dedos de Fernet, un hielo y coca hasta espumar.

Lo preparé, se lo traje, dije “a su gusto”, y me quedé a esperar a que lo pruebe. Lo probó, como un experto, y dijo: “muy bueno”. Salí caminado como un fisiculturista trabado, y me dije, prueba superada.

Las picadas que se hicieron tenían talle 53, y les quedó grande a todos.

Y hablar a un público tan emotivo y sensible, como pueden ser los amigos, para contarles desde Euladia Blázquez honrar la vida, o desde el Nano Serrat, que hay un tipo feliz cerca de Uds., o recordar anécdotas del viejo y necesario Copetín, fue un orgasmo.

Y ver jugar a niños disfrazados de grandes en los cuerpos que deforman los tamaños de la edad, a las figuritas, al dado y a las cartas, ha sido un regocijo mayor.

La oferta de muchos a cooperar con la decoración que falta y los piropos a la hora de la despedida, me emocionaron.

La dinámica de trabajo que logramos en el adentro con Vani-Mari-Gloria, un hallazgo.

El fin de semana que llega desde el 6 de octubre, les prometo, el corazón a cien latidos, las manos más aptas y algunas sorpresitas, pero…

Sólo para amigos!!!

Escrito y enviado por email a los primeros amigos de «La Casa…» en octubre de 2005.

Leído en el programa 3 del Aniversario en «Al ángulo izquierdo donde duele» el 13 de octubre de 2020 por Radio La Plata 90.9 de La Plata.

Cumpliendo del sueño al hecho

La Casa de Oscar; 15 años, son todo…

Estos textos corresponden a los primeros dos enviados a mis amigos en 2005, contando lo hermoso que ha sido tener un sueño y la historia de búsquedas hasta conseguirlo…

Desde la Cima Feroendormónica, a los 237 días de 2005*

Quería contarles lo hermoso que es tener un sueño.

Todo parece imposible, difícil e inalcanzable.

Sepan que no es cierto, que es potencialmente posible.

Cuando me decidí a despertar en él, me di cuenta que era, lo que necesitaba para seguir viviendo; tener y cumplir un sueño.

Alguna vez soñé con enamorar a la mujer más hermosa. Creo que lo conseguí.

Alguna vez soñé con ser padre, y lo he sido.

Soñé con un título y llegué.

Y tuve algunos sueños más, y aunque algunos no los logré, me hicieron vivir.

Me dieron emoción, me inquietaron, me pusieron a prueba, me desafiaron.

Sueñen por favor, les pido que sueñen. No dejen llevarse por el pesimismo.

No permitan que la tristeza los apague.

No dejen pasar el tiempo, envejezcan soñando.

Ahora sueño, con que este mensaje les toque el corazón.

Pronto les contaré de qué se trata…

*Así se llamaba mi casa desde donde escribía. El nombre se debe a que estaba por encima de muchas casas y la mezcla de feromonas y endorfinas no debe faltar en las vidas. El día 237 de ese año, fue el 25 de agosto.

Y dos días después, cuento…

Ciudad de La Plata, 27 de agosto de 2005

Amigos:

Desde hace muchos años, que tenía ganas de tener un bar.

En 1996 estuve a punto de comprar la vieja Trattoria, de 10 y 47. pero mi padre, gastó un dinero que le pedí que guardara celosamente.

En 1999, tuve intenciones de comprar El copetín, de diag 74 entre 58 y 59, me costó encontrar un socio, y el día que conseguí el dinero, se había vendido al mediodía. Segunda chance perdida.

A fines de 2001, se realizaron las Fiestas del Muñeco de 17 y 53, en un local de un amigo personal, ubicado en diag 74 entre 57 y 58. Luego de esas fiestas, le pedí a mi amigo que me reservara el local, para abrir un bar, luego de un viaje por Brasil. Al volver, la esposa de mi amigo, había alquilado sin que el marido lo supiese. Hoy en ese lugar se levanta El pueblito. Tercer traspié.

Posteriormente, se realizaron algunas charlas entre amigos, para abrir algo inmenso donde hoy funciona El Corralón. Pero no se llegó a nada. Unita más…

Desde entonces busqué y busqué. Y el que busca encuentra y por seguir participando: “ABRO MI BAR”.

Pero he visto que un bar lo abre cualquiera. Como negocio para sobrevivir o por que a otros les va bien, para aprovechar el rebote. Como si fuera la moda.

Yo, abro un Bar para mis amigos, que va a ser tan íntimo como mi casa. Y se va a llamar “La Casa de Oscar” y será ¡Rosca para amigos!. Ubicada en Diag 74 Nº 2264, entre 58 y 59 (en mi barrio por supus).

Háganse amigos desde ahora

El 29 de setiembre abre para siempre…

 

Sin la muerte en la mochila

«La Casa de Oscar» 14                                                     8 de junio de 2006

Sin la muerte en la mochila

¡Hola hibernadores terrenales! Uds., los que me conocen, saben que he perdido el miedo. Para los que me conocen poco, eso ha sido en el siglo pasado.

Fue durante una disputa con la muerte misma.

Ella se me presentó, diciendo que debía hacer un viaje, como su acompañante. Como me sentía joven, me dije, perdido por pedido, con la parca, me peleo.

Según ella, yo estaba jugado. La miré fijo, mientras ella me indicaba el camino. Cuando pude, y sacando fuerzas desconocidas, le arrebaté la guadaña, y le asesté un guadañazo. Cayó sorprendida y maldiciendo. Sin certificar su estado, empecé a correr.

Estuve tres noches sin pegar un ojo. Sabía que podía estar escondida sin que la vea. Y que sería tan traicionera como lo había sido yo. Pero no podía vivir de esa manera. Pensando que se me aparecería para capturarme para siempre.

Reflexioné acerca de que sin dudas, alguna vez tendría que llegar ese momento. Que nadie tiene certificado de eternidad. Y que muchos ni siquiera de trascendencia. Entonces se me ocurrió un plan.

Vivir y disfrutar cada momento.

Compartir mis éxitos y aprender de las derrotas.

Cuidar el cuerpo que me lleva y que me trae.

Dedicar mi tiempo a construir afectos.

Y tan a rajatabla persigo ese plan, que me he olvidado de la muerte.

Tanto que ya no le tengo miedo.

Por que sé, que ella evitará que yo siga viviendo

Pero hasta que eso pase, yo vivo.

elduendeoscar

Este pequeño relato, es para homenajear a Marcos, que tal vez muchos de Uds. no han conocido. Y que tan joven, ha sido conducido hacia lo incierto, dejándome preguntas sin hacer. Y haciéndome ver, que mi plan, debe seguir vigente.