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ADAPTACIÓN DEPORTIVA

ADAPTACIÓN DEPORTIVA

«Lo sorprendente de cualquier juego libre es cómo nos atrapa» elduendebobó

El equipo estaba haciendo el precalentamiento físico solo por copiar algunas imágenes de jugadores profesionales que lo hacían por entonces. No sabíamos si servía para algo. Era la famosa entrada en calor. Hoy la ciencia lo nombra distinto pero hablando siempre de la misma cosa lo describe como “Acondicionamiento corporal precompetitivo”.  En ese  preciso momento o “trabajo” previo a cualquier partido cualquiera que sea un poco detallista descubre al más rápido, al más estirado, al más lento y… al más vago. Esa frase que dice “en la cancha se ven los pingos” es un perfecto resumen.

El club era un club del pueblo, como casi todos, hecho con el supremo esfuerzo de unos cuantos al principio, sostenidos por sus hijos o admiradores durante años y aprovechado por algún que otro puntero político para los meetings de su partido y para presentar promesas que dormirán en cajones imaginarios. Esa tarde calurosa la gente que nos invitó, había alquilado las instalaciones para recibirnos. Era una invitación humilde, amateur, pero con el corazón. Lo planeado era jugar un partidito y luego comernos un asado todos juntos, como debiera ser. Podría recomendárseles a los grandes cráneos que organizan el fútbol mundial un tercer tiempo, como en el rugby. Cuando el espacio lúdico se termina, cuando el juego se acaba,  la realidad somos nosotros con nuestras miserias y limitaciones. ¿Y porque no juntarnos luego de competir? Tendremos, los futboleros, que aprender de algunas reglas y algunas costumbres de otros deportes para crecer. Mientras tanto el fútbol, será chato. Solo un negocio que no regocija el ocio pero si que alimenta el odio.

El predio tenía, como pocos por entonces, tres vestuarios. Uno para el local, uno para el visitante y otro para el o los árbitros. Nos había tocado jugar en lugares donde había un solo vestuario y el local se cambiaba detrás de una lona. Con solo recordar esas historias no puedo creerlo. Aquella vez que desde antes de entrar al campo de juego soplaba un viento que levantaba las chapas del nuestro vestuario tanto, que parecía lo iba arrancar de cuajo y las otras veces, en que los vestuarios quedaban al cuidado del canchero, sin llaves ni candados. Ahí sí que si nos afanaban las pertenencias teníamos que volver caminado y con botines. El que siempre desconfió de los rateros de vestuarios fue el “Panadero”, apodo surgido por su profesión. Él se escondía toda la guita que llevaba en una bolsita de tela que le había hecho la mujer atada al cordón que ajustaba el pantalón y que quedaba apretada entre la tela y los testículos. Solía decir…”esta guita sí que me costó un huevo cuidarla”, por sobre todo luego de algún pelotazo en la zona.

El cartel pegado en la puerta de ingreso del vestuario del local decía “Acá solo entran hombres que quedarán en la gloria”. Inmediatamente salió de allí un anciano con un balde lleno de agua sucia, un trapo de piso colgado de su hombro y sosteniendo en la otra mano, una rama larga con una sopapa incrustada en una punta. La imagen resultaba tan bizarra que no es necesario explicarla. El alambrado que rodeaba la cancha tenía más agujeros que un queso gruyere atacado por polillas. De las dos pequeñas gradas que se construyeron para acomodar en lo más alto a los simpatizantes locales quedaban solo los esqueletos de hierro. ¿Los tablones? Anda a saber en qué asado terminaron de existir. ¡Y no quieran imaginar el estado del campo de juego!… Y como si esto fuera poco, como dicen los vendedores de variedades en los bondis, la red de los arcos era una falta de respeto a los pescadores. Por el agujero más chico se escapaba un tiburón y su familia. Tampoco puedo olvidarme del banco de suplentes al sol. Un montículo de tierra seca arrancado de la zanja que rodeaba aquella cancha. En fin, lo importante era jugar, lo importante era cumplir con el desafío que había nacido unos meses atrás en un torneo que jugamos en Chascomús. Aquella, había sido una competencia entre varios equipos por un premio importante. Este solo era un partido amistoso, ¡Bah!, amistoso. Eso lo podes decir cuando termina, si fue amistoso o no. Porque cuando la redonda empieza a rodar, se desatan todas las pasiones y todos los talentos. También todas las ganas y todas las impotencias.

Cuando terminamos con aquella entrada en calor, el árbitro, un hombre vestido de camisa a cuadros y vaquero, con mocasines y sombrero, nos advierte que cuando el toca él pito el partido se para y que lo que él dice no puede discutirse. Así la cosa empezó. El tipo caminaba la cancha menos que un elefante por un techo. Y como las líneas estaban descoloridas pidió que fuéramos leales, y que cada vez que se nos fuera afuera la pelota avisemos. Luego de toda esta adaptación deportiva a los recursos, al terreno, al referí y al sol, empezó el partido. Perdón. Creo que no les hablé del balón con que jugamos. Mejor, lo dejo para otro relato, porque estoy seguro, pero seguro de que no me van a creer.

                                                                                             elduendeoscar

Leído al aire en el programa 5 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” por la Locutora Marguy Ibarra el día 12 de abril de 2017 en http://ultra1079.com.ar/

Imagen: Hugo Pata Maceroni

LA PASTILLA

LA PASTILLA

«Eternamente se preocupará el hombre por encontrar la eternidad» elduendeácido

Cualquiera de nosotros sabe inconscientemente que todo se termina, todo tiene un final. El problema es aceptarlo. Es duro entenderlo. Pero todos sabemos que en algún momento de nuestras existencias dejamos de tomar la teta, de jugar con los autitos o las muñecas, de creer en Papá Noel y los Reyes Magos, de cursar la escuela, de descansar para trabajar, de solterear para casarse, de estar solo a tener hijos, de tener hijos a tener nietos, de vivir en casa de mamá a alquilar y otros ciclos que son mayoritariamente comunes. Claro que hay quienes la pasan mejor o distinto. Cada uno debiera obligatoriamente interpretar que la vida es vivir camino a la muerte, esto es de una realidad tan objetiva que nadie escapa. En los diarios hace pocos días apareció la publicación de un descubrimiento con él que, según científicos, se podría detener el envejecimiento y lograr que una persona se mantenga físicamente activa con un cuerpo de 50 años y llegar así hasta los 120. El tema da como para hacer puré.  En un grupo de amigos cincuentones que se juntaban desde hacía 30 años, uno de los integrantes tiró el tema en la mesa de reunión “¿Che, vieron que va a salir una pastillita que te estira la vida hasta los 120?”. Inmediatamente cada uno dio su versión. Alejandro dijo que la vida le parecía aburrida y que ni se le ocurría vivir hasta tan viejo. Leandro se puso serio y dijo “¿Me estás cachando? Si es cierto, que esperen un poco porque a mi suegra no le queda mucha vida, a ver si la toma y vive mucho más”. Algunos rieron. Carlos sostuvo que tampoco la tomaría. Se imaginan dijo casi refunfuniando, “nosotros estamos casamos hace 30 años con Juana y hoy creo que estamos unidos para aguantarnos. Creo que los dos, Juana y yo, queramos vivir mucho más”.  Alberto reía todo el tiempo. Era el único solterón del grupo. Todos lo acusaban de no haber conseguido pareja por ser mentalmente un pendejo. Pero no decía nada. Finalmente Miguel confesó que él si la tomaría. Que su vida es linda y tranquila y que le gusta lo que hace, por lo que estirarla no le parecía mal.  Siguieron esbozando cada uno sus pensamientos y reacciones. Algunos de acuerdo, otros de modo parecido y así por unos minutos. Cada uno había dicho lo suyo espontáneamente reflexiones cortas pero no profundas, como toda charla de un grupo que se junta cada tanto y que si bien las personas se conocen, no se conocen tanto como para establecer parámetros profundos de opiniones. Alberto aprovechó un momento de silencio y metió un bocadillo…”Ustedes me hacen reír” sin agregar más que gestos de cabeceo negando. Todos lo miraron esperando que hable, que aclare sin oscurecer, hasta que Leandro, el más alterable del grupo, le propuso que diera su versión. Y Alberto, dio rienda suelta a su ironía:

Soy el único soltero del grupo. Ustedes siempre me critican y creen que sufro del síndrome de Peter Pan, ese que se diagnostica cuando alguien no quiere envejecer y hasta se viste como si fuera mucho más joven.  Y ahora hay algunos de ustedes que quiere tomar la pastillita milagrosa que les estira la vida.  Déjense de joder. Ya está. Lo vivido…vivido. Fue. Qué sentido tiene vivir 100 años en un mundo en guerra, en un mundo lleno de egoísmos, en un mundo en el que no sabes qué tipo de poder te va a someter, quien va a ser tu asesino, donde va a explotar la próxima bomba. Realmente si no pudieron tener una vida feliz, háganse cargo viejo. Alguno de ustedes hizo algo por los pobres? –preguntó casi enojándose. Alguno de ustedes hizo alguna denuncia de corrupción, alguna protesta contra los genocidios? Alguno de ustedes está dispuesto a dedicarse los próximos cincuenta años a buscar soluciones para la humanidad si es que esa pastillita de mierda funciona?

Entre acusaciones cruzadas de ¿vos qué hiciste? La tranquilidad con que había empezado la reunión se perdió como se pierde un diente de un trompazo. El clima de diálogo se había oscurecido y la tormenta crecía. Las miradas eran rayos casi asesinos y al punto de iniciarse una rueda de insultos, cada unos tomó sus pertenencias y se fue yendo. Por unos días nadie comunicó nada. Ni hubo comentarios en el grupo que tenían en la red del celular. Si podía leerse que los más ofendidos salían de ese grupo de comunicación. Finalmente a las dos semanas, Alberto, el “provocador”, escribió en su muro de otra red social:

“MIENTRAS EXISTA EGOISMO EL HOMBRE VA CAMINO A SER DEVORADO POR LA NATURALEZA DE SUS ACTOS Y MIENTRAS EXISTA NATURALEZA EL HOMBRE SEGUIRÁ SIENDO DEVORADO POR SU EGOISMO”

elduendeoscar

Relato escrito para el Programa 5 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” emitido el 12 de abril de 2017 por la http://ultra1079.com.ar/

Imagen: http1.bp.blogspot…1600 Old-Women-2.jpg

 

ANGUSTIAS DE DOMINGOS

ANGUSTIAS DE DOMINGOS

                                            «Ser salvado de uno mismo es un sueño, solo un fino deseo imposible» elduendeácido

El domingo suele ser un día ideal para relajarse y ocuparse de cosas de las que no podemos hacer durante la semana. Para muchos es un bienvenido día de descanso. Para otros, el momento perfecto para juntarse, para hacer visitas o para conversar sobre temas pendientes. No deben ser excluidos de esta referencia, aquellos que los domingos trabajan. Para incluirlos en lo que voy a decir, basta con pensar que tal vez “su” domingo sea un lunes o un jueves por ejemplo. Pobre de aquel que no tenga un día para descansar de sus obligaciones laborales. La modernidad capitalista no se cansa de fabricar modelos de distintos tipos de esclavitudes como esa. 

Imaginando entonces que todos tenemos un domingo. Y creyendo que lo podemos planear, cada uno tiene sus preferencias. Así las familias numerosas suelen juntarse a almorzar, los jóvenes se invitan a reunirse en algún lugar al aire libre, las señoras a tomarse un té con canasta o escoba, los abuelos solitarios a juagar a las bochas o al truco en los centros para jubilados, los amigos a comerse un asadito, y así, un listado inmenso de costumbres de uso del domingo.

Algunos filósofos, no todos piensan lo mismo, que desarrollan el concepto “angustia” suelen ejemplificar con qué el domingo al atardecer es el mejor momento para sentirla. Y pensando en una patria futbolera como la nuestra, cuando no hay fútbol un domingo, es como comer un pedazo de carne asada sin sal. Y si a esto le agregamos que no tenemos una pareja estable con la que tener sexo, la cosa se complica y la angustia crece a niveles proporcionales al de una nube negra. Entonces ese domingo llega a nuestras vidas, y somos capaces de cualquier cosa con tal de apagar, disimular o esconder la angustia. Somos capaces de  agarrar el control remoto y entramos a darle al zapping hasta detenernos en un partido jugado hace 20 años con jugadores que conocimos y que en la actualidad o son técnicos o no sabemos qué fue de su vida. O nos quedamos mirando un partido de la liga sueca o australiana con tal de ver fútbol. O empezamos a mirar una película ya empezada y el argumento es una pedorrada insoportable. O paramos el dedo en un canal de música donde pasan temas que escuchas en todos lados y que los medios tratan de meterte en la cabeza el ritmo o una frase que se te pega y no sabes ni de qué carajo se trata.  Pero te encontrás cantado esa porquería como su fuera un vicio, repetidamente y sin parar, incluso dos días después de escucharla.

Otra de las cosas que hacemos un domingo para matar la angustia, es hacer visitas o recibir una visita. Y puede pasarte que todo lo bueno que querías contar no podes hacerlo, porque tu invitado o tu anfitrión está deprimido o le anda dando vueltas a un problema como si fuera una víctima del universo. Y vos le prestas la oreja, el hombro, el apoyo, y alguna palabra de consuelo. Pero tu angustia sigue. Es como un punto negro que si no lo reventas a tiempo, se nota cada vez más. Y cuando estás solo, la angustia se hace sentir. Es como si te faltara algo. Como si todo lo que hiciste hasta acá en tu vida, no sirviera para nada.  Y hasta uno carece de inspiración y solo desea que pasen las horas. Hasta que llegué el bendito sueño, el que te hace cerrar los ojitos y te libere de ella. Pero ojo con sentirse ganador. La angustia puede volver en un sueño y dejarte tecleando impotente.

Hay una gran diferencia entre angustia y languidez. Tal vez ambas, nos indiquen ausencia de algo. Pero cuando se confunden y actúan juntas son peligrosísimas. Somos capaces de comernos una docena de facturas de corrido y sin distinguir dulce de leche de crema pastelera, ni de diferencias Bola de fraile con torta negra. Le entramos a dentelladas secas y calientes como diría Miguel  Hernández en la Elegía que canta Serrat. Y taponamos el estómago como si fuera una fosa común. Comer es también una práctica desmedida para enmascarar la angustia.

Hace muchos años que la descubrí tratando de treparse a mi cabeza y quedarse para siempre. Y de aceptarla como parte intermitente de mi vida, que a veces aparece y otras veces no, he encontrado la receta para pintarle la cara. Y de sentir que ya hice todo lo que quería hasta aquí les cuento algunas ideas para tratar de aliviar el peso de la angustia, por sobre todo los domingos a la tarde.

Primeramente tener sexo. No es una recomendación de ir hacia lo manual, eso puede generar más angustia en todo caso.  Pero si no se puede, entonces, mirarse un partidito. Pero si no se puede, ya sea porque el precio del cable es impagable o porque ese domingo no hay fecha oficial, vayamos a otra recomendación. Visitar a un amigo pila pila. Uno de esos que tiene el ánimo en el estante de arriba y siempre te convida para levantar la autoestima. Si tampoco es posible, entonces cocinar algo rico, de modo artesanal y haciendo algún experimento. Mientras eso sucede podes escuchar a tu banda preferida (evita las canciones de amor) Si no tenés ganas de invertir tu tiempo en eso y no tenés ganas de escuchar nada, entonces lee. Elegíte un libro que no sea de política, ni de economía, ya tenés angustia, no te deprimas!. Si no sabes qué libro encarar por tu estado de ánimo, no busques un libro de autoayuda.  Evita leer sobre religiones, filosofía o psicoanálisis. Y si no podes mantener la vista tres renglones seguidos, entonces, salí a caminar, y si está lloviendo y no te querés mojar, escribí lo que te pasa o hace dibujitos en un papel y con cualquier material. Y si no te sale nada, pero nada. Te recomiendo meditar bajo la ducha y bancártela. La angustia finalmente es como una medusa que te pica, primero un pinchazo y luego un ardor que crece y no se termina nunca…por sobre todo si querés lavar la picadura con agua dulce….

elduendeoscar

Texto prog 4, 5 de abril de 2017   “Al Ángulo izquerdo, donde duele”  http://ultra1079.com.ar/

 

 

 

QUÉ JUGADOR!!!

QUÉ JUGADOR

«Debemos dejar que nos sorprenda lo posible» elduendeerótico

Nos juntamos todos los terceros sábados del mes a jugar al Poker, por chirolas, es más juntarse que ganar unos pesos, y siempre en la misma casa, la del Gordo. Es una especie de encuentro para escapar un poquito de la rutina y de paso hacer una falsa noche de solteros…jeje. Estábamos los seis de siempre, Juan, el Tincho, Migue, por supuesto el Gordo, el Flauta y yo. La última reunión fue hace como dos meses, porque justo cuando nos tocaba juntarnos el mes pasado, la mujer del Flauta le dio un ataque de celos y no lo dejó venir. Al parecer al loco lo venía tentando una compañera del laburo con mensajitos tenues y con unos cuantos me gusta y me encanta es su muro de Facebook. Y la Jermu se empezó a perseguir mal. Y lo mejor que se le ocurrió fue decirle, un día antes de nuestra cita “Si es cierto que me sos fiel, mañana quédate en casa”. Y nos cagó la noche. La suspendimos. Fue más injusto que un gol en contra faltando un minuto cuando vas empatando.  El Flauta es un pan de Dios, un tipo al que le confiaría mi mujer. Es tan honesto que no puede poner cara de Poker, y cuando está cargado de cartas, se da cuenta hasta el gato del Gordo, que es tuerto y la última vez que cazó algo  fue un calzoncillo que colgaba del tendedero.

Al rato de empezar a jugar y como tema de fondo y para tratar de hablar de algo, Migue manda una pregunta que nos dejó boquiabiertos. ¿Che, alguno de ustedes fue infiel alguna vez?

No empezamos a mirar sorprendidos como tratando de entender a qué venía la cosa. Ninguno se animaba a decir nada, ni a favor ni en contra. O sea, ni afirmando, ni negando. Creció el silencio mientras el Gordo repartía las cartas y le exigía a Juan que pusiera la luz.

El aire se había enrarecido. El Flauta soltó la primera frase “A mí con una mujer me alcanza”, el Gordo terminó de dar y se fue a buscar una cerveza. Juan dijo que ni siquiera lo había pensado, el resto hizo mutis por el foro.

Inmediatamente se metieron de lleno en ver que cartas le había tocado a cada uno y antes de empezar a apostar, Migue larga un comentario que nos desconcertó a todos: “Disculpen, quería saber si alguna vez fueron infieles, porque yo sí, y quería saber que habían sentido”.

De Migue, el más amigo es el Tincho y lo primero que dijo fue “Ah, vaguito el nene, nunca me contaste nada”. A mí, se me ocurrió pedir que terminara la mano y parar unos minutos para charlar del tema, ya que nos estábamos distrayendo y pintaba para escucharlo. La idea fue aceptada por unanimidad. Y al ratito mirábamos y escuchábamos atentamente al Migue que nos contaba su historia:

-Ustedes saben que me casé muy joven y que hace 20 años vivimos con mi mujer en la misma casa, dormimos en la misma cama y estamos casi siempre juntos, incluso en el trabajo. Y si tuviera que decir algo malo de mi mujer estaría mintiendo. Juro que nunca desee a otra mina que no sea a ella. Por supuesto que estar a dieta no quiere decir que no mires el menú. Pero yo siempre me sentí diez puntos y nunca se me ocurrió ni siquiera pensar en otra historia. Pero debo confesar que ese día me dejé llevar y hasta hoy no sé si estuvo bien o estuvo mal lo que hice. Se acuerdan del día de la tormenta? Esa del viento que volteó arboles, voló chapas y cortó cables? Bueno, yo tenía ganas de comer helado, y bajé a una heladería justo justo cuando empezó a llover. En el local había una señorita muy bella haciendo su pedido. Solo dos gustos; Cereza a la crema y vainilla. Exactamente los mismos gustos que yo iba a comprar. Y lo dije en voz alta “yo venía por los mismos”. Ella me miró y me preguntó: ¿“Enserio”? Jodeme. Si, le dije. Estaría todo el día comiendo esos gustos. Y con lluvia son más ricos, agregué sin saber qué decir. Ella, se quedó en el local mirando como llovía afuera, mientras lamía con unción su helado. Yo la miraba por el espejo, más curioso por la elección de los gustos que por otra cosa. Cuando termino de pagar, me doy vuelta con intenciones de salir y veo que llueve torrencialmente, y me quedé comiendo mi helado y charlando con esa joven desconocida de vaguedades.

Hasta acá escuchábamos su narración casi envidiándolo. Tanto que hasta el Flauta apagó la radio. Y continúo contando:

Terminamos los helados casi juntos. Y llovía menos. Le pregunté si vivía lejos y me dijo que cruzando el parque. Le propuse acercarla y en un minuto estábamos en el auto.  Cuando me dirigía a su casa empezó llover infinitamente y me pidió que estacionara, ella no tenía apuro en llegar. La ciudad oscureció. Me iluminó su mirada. Y empezamos a los besos. Me desprendió la camisa, me dasabrochó el cinto y no la podía parar con nada.  No sé. Me dejé llevar.

Te comieron Migue!, Te  co mie ron!, dijo el Tincho. Y agregó; sos un guacho, yo sé que vos sos fanático  del chocolate y la frutilla al agua….

¡Qué jugador!

Tardamos un rato en volver al paño, pero el recreo, estuvo buenísimo.

elduendeoscar

Leído por la Locutora nacional Marisa Waters en el Programa “Al ángulo izquierdo, donde duele” www.ultra1079.com el 22 de marzo de 2017

IMAGEN: http://fellomix.es.tl/fondos-de-corazones.htm

CAMBIO DE PLANES

CAMBIO DE PLANES

«No es posible predecir a la libido, pero es interesante dejar que nos despierte deseos» elduendeerótico

En una red social se publico un anuncio clasificado que ofrecía un auto con problemas eléctricos, y Julio un electricista calificado -al menos en temas sobre electricidad de obras, casas y comercios- le pareció una oportunidad única para invertir sus ahorros.  Si bien andaba detrás de otros proyectos, este era también un poco de curiosidad, ya que quien hizo ese posteo, era una joven mujer que se mostraba en su perfil con una camiseta de fútbol puesta. Esa vestimenta era la de su equipo favorito. Y ni lerdo ni perezoso, envió su primer mensaje preguntando lo básico: ¿Cuánto pedís? Y ¿De dónde sos? Solo deseaba que no se haya producido la venta, ya que eso cortaría las aspiraciones de acercamiento. El mismo día tuvo respuestas. Y fueron positivas. Ella era del barrio Cementerio y el monto, lo que se dice “charlable”. Buenísimo, respondió, como pibe al que le ofrecen un chupetín bolita y se animó a repreguntar ¿Dónde puedo verlo? Y yendo rapidito al grano le dejó en el muro privado su número de teléfono. Esa tarde la tenía complicada por varias cuestiones, trabajo atrasado, unos traslados familiares al que se había comprometido y un partido de ping pong pendiente por una cerveza con un amigo. Cada vez que recibía un mensaje, casi corría hasta el celular para ver de qué se trataba, deseando, claro, que fuera ella diciendo el cuándo. Llegando a la tardecita y habiendo cumplido con lo laboral y lo familiar, se metió en el baño a darse una reparadora ducha sin dejar de pensar en el último compromiso pendiente… y en ella, que no había escrito nada. Tipo ocho de la noche le envía un mensaje al amigo diciendo “Tuve un día terrible, me voy a desquitar con vos, poné la cerveza en el frízer que en diez minutos te caigo y te rompo el cu…”. Ya estaba manejando para ir, cuando recibe ese tan preciado mensaje: “Hola, soy Eli, la dueña del fitito, si podés ahora y si no mañana, te espero en… ”. Velozmente Julio se pegó un volantazo para cambiar de rumbo con una maniobra parecida a las de “Rápido y Furioso” y los vecinos que lo vieron le mandaron más insultos que al Ministro de Economía. Mientras conducía hacía la cita recién concedida alcanzó peligrosamente a mandar un mensaje diciendo “casualmente ando cerca, voy ahora”. Era ya de noche. Cualquiera en un sano juicio sabe que todos los autos de noche son pardos. Pero Julio iba por más.

Tres minutos tardó en llegar. Tendría que haber sido bombero. En la esquina no había nadie. Solo poca luz. En ningún momento sospecho de nada raro. ¡Lo que hace la necesidad, diría mi abuela! Esperó un minuto y escribió otro mensaje. Se bajó de su auto para tener un panorama visual más amplio.  De una casa muy oscura salieron dos tipos, uno tan alto y tan ancho que para encuadrarlo en una foto tenías que ponerte a 20 metros. El otro de su tamaño. Ambos vinieron hacia Julio. Ahí sí que se le aflojaron hasta las intenciones. Sintió que estaba solo en un desierto frente a dos beduinos violadores. Lo primero que le preguntaron fue “¿Vos sos el interesado por el auto?”. Si, respondió, pero no traje guita-pensando que había caído en una trampa y lo iban a afanar-. Lo llevaron hasta una cochera donde había luz. El auto estaba bajo un potente farol. Y le dijeron “Anda mirando el coche que Eli ya viene para acá”. Recién en ese momento se pudo relajar. Sin dejar de desconfiar todavía, se puso a revisar el vehículo. A los cinco minutos llegó ella. Quedó más impactado que cuando miró su perfil en la red social. Pero no se animó a darle un beso para saludarla, ya que los dos tipos estaban ahí y lo miraban sin disimular. Le estiró la mano, pero ella se acercó y si le dio un beso en la mejilla. Él se quedó tieso, parecía una estatua nueva con la mirada brillosa. Ella, se dio vuelta y les dijo a sus recepcionistas “Todo bien, vayan chicos, yo me ocupo” y los flacos se fueron sin chistar. Se quedaron solos. Julio todavía estaba recuperando el aire y lo primero que dijo fue “Está bueno tener guardaespaldas”. Ella acotó que eran sus primos y que siempre están cerca para ayudarla. Son unos genios, agregó además.

Empezaron charlando sobre el auto. Al que no solo tenía problemas eléctricos sino de motor. Julio hizo como que lo revisaba de punta a punta pero ya había desistido de comprarlo. Era comprarse un problema. Pero al parecer a algunos hombres les gusta el desafío de saber qué onda. ¿Qué hace una tipa sola con un tipo solo a las nueve de la noche mirando un auto destruido? Una pelotita con los colores del equipo de fútbol de ambos colgaba junto a un rosario fosforescente del espejo retrovisor del fitito. Y allí se inició una nueva conversación, que terminó en una tarde de mates, en una tardecita de cerveza y en una noche de cinco estrellas.

Al volver a su casa, encontró en su celular tres mensajes de su amigo que lo esperaba para jugar al ping pong. No eran piropos y daba por perdida la apuesta. Y contestó “Disculpa mi ausencia, pago la cerveza con gusto y te cuento…”

elduendeoscar

 

MARZO 22 de 2017 PARA EL PROGRAMA DE RADIO “Al ángulo izquierdo, donde duele” http://www.ultra107.9.com

Leído al aire por Locutora Nacional Marguy Ibarra

TRAPOS AL SOL

TRAPOS AL SOL

«Lo que amamos es un paraíso terrenal que no queremos perder» elduendeerótico

Sábado diez de la mañana un sol que no tiene desperdicio, subo a la terraza con la malla puesta debajo de la ropa y dos boludeces para colgar en el cordel mientras tomo un poco de sol. Tranqui, siempre lo hago. Pero sucedió algo inesperado. Y baje corriendo desesperada. Despierto a Agus, mi compañera de piso, en medio de una crisis de nervios. Apenas abrió los ojos, pobre, empecé a contarle lo que me sucedió. Me dijo, para nena, para. Dejame lavarme la cara por lo menos. Ponete la pava me gritó desde el baño!

Enfurecida, mientras ella desayunaba su café “antiresaca” con unas tostadas de ayer, le conté lo que pasó.

Te lo juro Agus, fuimos con tu perra Flora como todos los días temprano a la vereda, hizo un pis, una caca, la junté en la bolsita y subí de nuevo. Saque del lavarropas tres pilchas, tres, entendes? Y me fui para la terraza. Las colgué al sol, que está divino. Tiré la loneta, me saque la remera y el short y me puse a tomar sol diez minutos. Diez minutos!!! Viste que me pongo la alarma para no pasarme porque no me gusta usar protector. Bueno. Me visto y me voy hasta la cuerda a buscar la ropa y me faltaba la camiseta. La camiseta!!! Primero pensé que vos me habías hecho una joda. Te juro que no ví a nadie y ni siquiera hay viento. Me la afanaron. Me afanaron la camiseta de Gimnasia boluda. Me quiero morirrr. Espero no ver a nadie con mi camiseta puesta porque le rompo la cabeza. Me querés decir que me pongo mañana para ir a la cancha?

Agus me miraba sin poder reaccionar, mientras tragaba un pedazo de tostada mal masticada, no sé si porque todavía está dormida o porque ella es capaz de asesinar si le tocan su camiseta. Solo se le ocurrió un insulto.

Me abrazo como se abraza al osito de peluche que tus viejos van a regalar porque ya creciste. Si vivo con ella es por algo. Sentimos o podemos sentir lo mismo. Al rato me pregunta ¿che, tu ex, te devolvió las llaves? Digo no sea cosa que el tarado se haya animado…Descártalo, ese salame no puede tener un plan, menos un plan perfecto!

Estábamos comiendo unos fideos como a las tres de la tarde, típico de sábado en que salimos y volvemos a las mil quinientas, cuando nos golpean la puerta. Ninguna esperaba a nadie y menos en la puerta. Tenemos portero. Nos sorprendimos, nos asustamos un poco y encaramos a ver de qué se trataba. Miramos por la mirilla y nada. Qué hacemos le pregunte a Agus que no separaba la oreja de la puerta. Yo no abro me dijo, por las dudas. Esperamos detrás de la puerta como si supiéramos de del otro lado estaba el cuco. No volvieron a golpear. Pasaron como diez minutos. Agus con la cuchilla en la mano como si fuera a matar a Drácula y yo con el palito de amasar como si estuviera esperando a un esposo que llega tarde abrimos. En el suelo estaba la camiseta bien doblada y encima una carta. Miré hacia los dos lados del pasillo y nadie. Abrace mi camiseta como se abraza un borracho a un poste para no caerse.

Nos pusimos a leer la carta que decía:

Me siento mal, sé que lo que hice no estuvo bien, ni fue gracioso, pero antes de juzgarme como un tipo jodido y mal bromista, tendrían que haber visto mi estado de ebriedad cuando subí a la terraza. Ustedes son gansas?. Cómo van colgar la camiseta y dejarla al sol sin vigilar que suba cualquiera como yo y se las afane. Se las devuelvo porque a mi me hubiera jodido que me pasara lo mismo, pero yo no dejaría mi camiseta así…

Antes de seguir leyendo Agus se empezó a reír. Y le dije “de que te reis boluda”? Sin dejar de reírse acotó “Del pedo que tendría el chabón que ni te vio tirada casi en bolas tomando sol y si vio la camiseta colgada. Es un gil”.

La camiseta es un trapo entendes?, no pueden abandonarlo como un repasador…-continua la carta-. Y les aclaro. Supe inmediatamente que se trataba de alguna de ustedes. Y lo primero que hice ni bien me desperté fue escribir esto y dejarles la camiseta en la puerta sin siquiera esperar a que me lo agradezcan…

Para! para!, me dijo Agus…”el tipo se afana una camiseta y la devuelve cuando se le antoja y encima quiere que se le agradezca”? No te digo, es un boludazo. Nos está cagando a pedos a las dos! Es un sacado! Tenés idea de quién puede ser, me preguntó. Yo seguí leyendo mientras ella me hacía el comentario. No sé le dije, pero al final de la carta dejó el whatsap y si queremos la seguimos por ahí.

Dame el número que yo le escribo, dijo Agus media envenenada. Y se fue a la pieza a liberar a Flora, que se quedó encerrada con ganas de mear y no queremos que siga raspando la puerta con las uñitas para avisarnos. Al rato vuelve con cara de vaga y le pregunto qué onda. Nada boluda -me dice- el flaco es un dulce, es uno de los hermanos, los que viven en el 4° g.  Ponete linda que en un rato caen con un par de birras. Para, le digo. Son pinchas esos tipos. Si me dijo Agus, pero los traemos acá, a nuestra cancha. Y la desvergonzada, se metió en el baño a ducharse.

MARZO 15 de 2017 PARA EL PROGRAMA DE RADIO “Al ángulo izquierdo, donde duele” http://www.ultra107.9.com

Leído al aire por Locutora Nacional Marguy Ibarra

Imagen http://www.milideas.net/10-ideas-para-decorar-con-pinzas-de-la-ropa

elduendeoscar

DISYUNTIVA

DISYUNTIVA

«Para los que creen en la suerte, ésta propone tres caminos, uno al cielo, otro al abismo y un tercero de indiferencia» elduendeácido

Estaba esperando el bondi que me lleva desde casa hasta el Bosque. Termo en bolso con yerbita orgánica para unos buenos mates frente al Lago. Tal vez me encuentre con mi amiga “La Turca” y hablemos de la murga donde baila. Que tipa copada! Ojalá venga así le cuento que anoche conocí un flaco que me dejo temblando y de paso me da algún consejito para no perderme la oportunidad porque la verdad, es que anoche me hubiera lanzado de una y el descontrol no me ha dado muy buenos resultados.

Alguien me había contado que un domingo a las dos de la tarde el micro pasa menos seguido que la suerte. Ya hace cuarenta minutos que espero. Decí que el clima ayuda y que no estoy apurada que si no arranco a caminar despacito. La cagada de eso es que te moves cincuenta metros de la parada y aparece y después tener que correr 150 metros para ver si lo alcanzas, y si no lo haces, te querés matar. Mejor, espero.

Al toque se me acerca un flaco, lindo, buen lomo, pero tenía la camiseta puesta del equipo rival de toda mi familia, y del mío, por supuesto. Me dije, menos mal que es hincha de Gimnasia, mejor sigo pensando en el flaquito de anoche que me dejo como una estrella, titilando. Claro que eso me duró medio minuto. El tripero se me acercó y me pregunto por cuánto hacía que esperaba. Y dato va, dato viene, nos pusimos a charlar. Lo que más me impacto eran dos cosas. Primero que me hablaba con respeto, y eso es esencial. Segundo que tenía un perfume el guacho que me aflojaba las rodillas. Y ya estábamos entrando en confianza, hasta le dije, mirá que yo soy pincha. Estaba en la peor de las disyuntivas, este flaco o el otro? Carajo!. Hace siete meses que no tengo una historia y en menos de 12 horas se me aparecen dos candidatos. Cómo me gustaría estar hablando con La Turca para que me ayude.

Subimos al bondi juntos. Y yo pensé que se quedaba con otros dos flacos que venían viajando, que también tenían la camiseta puesta y lo habían saludado, pero no, el tipo se me puso al lado y siguió hablando conmigo como si nos conociéramos de toda la vida. Me relaje. Deje que fluya como dice mi maestra de Yoga y cambiábamos palabras y miradas.

Qué maldito es el tiempo!. O qué tirano!. No digo nada nuevo. Albert Einstein decía “Cuando un hombre se sienta con una chica bonita durante una hora, parece que fuese un minuto. Pero déjalo que se siente en una estufa caliente durante un minuto y le parecerá más de una hora. Eso es relatividad.”

Esperamos casi 50 minutos el colectivo y llego a destino en 15. El último minuto lo usamos para pasarnos el número del celular y me bajé primera. Al saludarlo, sin querer, lo juro, le bese la comisura izquierda de los labios.

Volví a mirar el bondi irse como si fuera una caja de bombones, y por la ventana trasera pude ver…que me tiraba un beso.

Al rato de no encontrarme con mi amiga, me tome unos mates sola pensando. Qué carajo hago? Mientras tanto escucho que El Bosque vibra mientras miles de personas gritan un gol. Qué bueno, me dije, si gana Gimnasia y lo veo esta semana, va a estar con buena energía.

La Turca no me contesta los mensajes, tal vez, se quedó sin crédito. Me vuelvo a casa tranqui, antes que termine el partido y la indiada salga de la cancha.

Me río. Me imagino llevando un novio del Lobo a casa….la cara de mi viejo!!! jajaja

 

MARZO 15 de 2017 PARA EL PROGRAMA DE RADIO “Al ángulo izquierdo, donde duele” http://www.ultra107.9.com

Leído al aire por la Locutora nacional Marisa Waters

Imagen Vivencias y ocurrencias de una coccinellidae – blogger

elduendeoscar

EL FÚTBOL NO EXISTE SIN ÍDOLOS

NO EXISTE EL FÚTBOL SIN IDOLOS

En algún momento de toda su obra Umberto Eco, el escritor y filosofo italiano, un tipo mordaz, capaz de hacerte pensar con sus definiciones más de la cuenta, dijo: “Sabiduría no es destruir ídolos, sino no crearlos nunca”.

Muchos interpretes de la Biblia, llámense pastores, curas, párrocos, obispos y demás, suelen repetir de algún Salmo “Cumplan las órdenes de Dios y no adoren ningún ídolo”.

Lamentablemente para la filosofía y para la religión, el fútbol ha creado un problema: No existe sin ídolos. Repito, por si no escuchaste: NO EXISTE EL FÚTBOL SIN ÍDOLOS.

Y cada simpatizante de un equipo, cualquiera que alguna vez se haya puesto una camiseta, ya sea la que te compraste en la feria paraguaya, copia fiel de la copia fiel, o la que te hayas puesto para jugar un partido con tu selección, o la que te hayan regalado, que tiene escrito un nombre y un número de quién la usa cuando los papeles queman, cuando docenas de cámaras lo persiguen para mostrarlo desde que lleva arrastrando la pelota con su perfil divino hasta para hacerte ver que ese tipo transpira, escupe, se saca los mocos y hasta se rasca los testículos.

Es un testimonio constante el que dan los jugadores cuando se les hace un reportaje donde se le pregunta ¿Quién es tu ídolo? Pregunta que tiene la más fácil de las respuestas, ya que con solo acordarse de sus comienzos en el deporte, sus primeras acciones, sus primeros deseos, la respuesta aparece sola. Y la pucha que los argentinos tenemos jugadores para tirar para arriba cuando hay que elegir uno. Si hasta muchas veces nos ponemos como estúpidos a discutir las diferencias entre el tuyo y el mío, casi hasta enojarnos. Alguna vez maduraremos y entenderemos que tu ídolo es tuyo y está bien, y el mío, es mío, y también está bien. A quién se le ocurre decir que los ídolos no tienen errores. Estamos hablando de ídolos humanos. A mí que me importa lo que hace fuera de la cancha un jugador de fútbol? A mí, me importa lo que hace adentro, las imágenes que me llevo para siempre. Esa es la más bella eternidad que tiene un ídolo, hacer algo que vos soñas. O que no te imaginaste nunca, pero el tipo se le prendió la lamparita y le tapo la boca a un montón de giles que hablan y escriben de fútbol pidiéndole y exigiéndole cosas que ellos jamás pudieron dar. Exigencias morales que en su vida simple no son capaces de proponerse.

Tal vez mi mirada sea de lo más romántica y a vos que vas a la cancha a putear a la madre que no conoces y que sos capaz de tirar piedras a los jugadores finalmente digas “que tipo boludo”. Y si, decime boludo, no me jode. Pero yo sería incapaz insultar a tus ídolos.  Podre en todo caso hacerte una gastada porque ese no fue su mejor día, pero nunca un insulto. El insulto trae odio, luego violencia y casi siempre tragedia.

Al fútbol hay que disfrutarlo y tener ídolos es una buena manera de depositar la fe en algo que muchas veces nos decepciona menos que los dioses, que los que gobiernan el mundo, que los que tienen poder.

Como decía al principio: NO EXISTE EL FÚTBOL SIN ÍDOLOS.

Y para el caso de que se encuentre la formula exacta para desterrar mi opinión, yo seguiré diciendo lo mismo, hasta el último día de mi vida.

Hace unos días se cumplió un nuevo aniversario del debut de un genio. Tuve la suerte de verlo jugar, de tocarlo, de hablar con él.

Existe eternamente para mí.

Gracias Diego.

 

MARZO 15 de 2017 PARA EL PROGRAMA DE RADIO “Al ángulo izquierdo, donde duele” www.ultra107.9.com

Imagen Labombonera.com.ar 

elduendeoscar

VERDAD Y CONSECUENCIA

VERDAD Y CONSECUENCIA

«Cuando te rías de tí mismo más que de los demás estarás disfrutando de la vida y sus maneras de mostrarse» elduendedandy

Este verano me comprometí con unos amigos a cuidar su casa, alejada de la ciudad de donde vivo. No tanto por la inseguridad existente sino por la sola idea de mantener las plantas sin secarse, el correo sin amontonarse y otros detalles que propone un hogar sin nadie por un mes.

Una vez instalado en ella. Procuré reconocer la zona y sus comercios. Hacerme ver por los vecinos saludándolos como viejos amigos y estableciendo lazos de amistad con algunos perros no tan simpáticos.

La primera mañana de domingo desperté temprano. Preparé mi desayuno en medio del profundo silencio de lugar.  Acostumbrado al ruido del tránsito de mi calle habitual no tardé en hacerme una simple pregunta ¿Cómo hago para convivir diariamente con tanto bullicio? Creo que me he convertido en un bicho de ciudad.

Luego de desayunar, me propuse leer un libro que llevé para entretenerme entre otras cosas. Paradójicamente me encontré con el primer inconveniente al tener un desencuentro. Mis anteojos y yo nos habíamos separado la noche anterior luego de algún momento de lectura y no dormimos juntos. Luego de 15 minutos de búsqueda, creí que implacable, no pude dar con ellos. Así que sin ofuscarme me propuse leer 10 minutos y no perder más tiempo. Sabía que mis gafas no caminan ni piensan por lo que me dije que ya las iba a encontrar.

Habiendo visto u escuchado gente decir que no encuentra sus anteojos y los tenía colgados de sus cuellos o colocados sobre sus flequillos, siempre me parecieron personas disparatadas o distraídas. No era mi caso pero pensé que había llegado la hora de sumarme al grupo.

Con 10 minutos de lectura sin mis anteojos para leer, que solo los uso para ello, no tendría problemas de enfocar a distancia visual cualquier objeto. Siempre había funcionado así. Igualmente voy a contar una intimidad. Por más que uno tiene los anteojos cerca, a veces uno no se los pone. Y los ojos, ya cansaditos, ya viejitos o enfermitos, te lo dicen muy rápidamente.

Luego del desayuno como decía más arriba me puse a leer. Me prometí sólo 10 minutos y luego salir a hacer los mandados. Pero soy un hombre muy cumplidor cuando prometo algo a los demás y muy incumplidor cuando me prometo algo para mí. ¿Cuántas veces me prometí empezar una dieta,  visitar a alguien, o limpiar mi habitación? Confieso y me hago cargo.

La cuestión que el texto resulto ser más entretenido de lo esperado. Es un libro que habla muy didácticamente de la relación entre lo que dice la Justicia o las Leyes y lo que dicen los medios masivos de comunicación. Entre otras cosas muy interesantes. Con este dato justifiqué seguir leyendo casi por 40 minutos sin darme cuenta del paso del tiempo. Fueron mis ojos los qué me avisaron de cierta molestia y allí tomé conciencia de que debía abandonar mi lectura sin lentes.

Pensé entonces en organizar el resto del domingo, que tenía un pronóstico de 36 ° por la tarde. Evalué qué comer, en qué lugar de la casa, ya que podía optar por hacerlo dentro o fuera de ella.

Revisé las provisiones y resolví salir a comprar algunas cosas. Algo para “tirar” a la parrilla y alguna bebida para acompañar.

Tomé las llaves de mi auto y me dirigí a los mercados.

A poco de empezar a andar sin conocer profundamente el barrio, y contando con tiempo de sobra para cumplir con los mandados, tenía dos alternativas. Una de ellas era para preguntarle a algún vecino dónde quedaba la carnicería o dónde quedaba el almacén. La otra era andar y descubrir. En todo caso el tiempo no sería perdido, sino entretenido.

Cuando tomé la primera calle asfaltada rumbo a la avenida más cercana vi un cartel en un negocio que decía “Aluminio para mascotas” e incrédulamente me dije, qué raro anuncio. ¿Será un lugar donde venden las medallitas identificadoras de los perros? Lo relacioné inmediatamente con eso. Y casualmente una amiga esta semana, encontró un perro muy bien cuidado sin identificación y puteaba contra los dueños por ello. Y propuso por las redes sociales identificar a las mascotas para su pronta devolución. Lo que reforzaba mi interpretación.

No me pareció una zona de perros de raza, ni vi muchos canes callejeros. Pero bueno, cada uno pone el negocio que quiere y vende lo que puede.

Pero como resulta que no me gusta quedarme con la curiosidad, inmediatamente seguí buscándole la vuelta al intríngulis, se me ocurrieron algunas ideas que podrían ayudarme a resolverlo.

Los perros no son los únicos animales considerados mascotas. Están los gatos por ejemplo, los pájaros y hasta las tortugas. Y todos ellos también pueden llevar colgado de su cuello una chapita de aluminio con su identificación. No se me ocurre buena idea colgarle una placa a un pez. Dudo que se escape corriendo.

Estando en Barcelona, aprendí que los gatos tienen en alguna de sus orejas aplicado un microchips y que éste da información útil a quien lo encuentra para devolverlo a su real dueño. También para acusarlo por los daños o molestias que tal mascota pudiera provocar.

Pero el cartel no hablaba de microchips y creo que como sociedad estamos bastante lejos de tal avance.

Pensé en los gatos, porque justamente cuando hacía dos días colgaba de un clavo en un árbol la bolsa de basura, uno de ellos me espiaba desde una rama más alta. Y no tenía ninguna identificación colgando. Y parecía un gato sin malos tratos. Al menos a la altura a la que había llegado, los posibles perros sueltos no llegarían a maltratarlo. Pero ese cuidado no lo habían tenido sus posibles dueños, sino su instinto.

También pensé en pájaros. Me llevó a ello el recuerdo de no mucho tiempo atrás y en otra casa muy cercana el paso de un vendedor de loros. Y al loro si no le cortas las alas, se te vuela. Pero prontamente me di cuenta de algo que dejaría en segundo plano el negocio sobre la necesidad de comprar una medallita identificatoria para un  loro. Descubrí de la posible existencia de un ave mucho más masivo que los loros, las palomas. Sí, me dije. Debe haber personas que crían y mantienen palomas por aquí. Los llamados colombófilos. Y estos cuidadores suelen tener de a decenas de aves. Y suelen identificar a su bandada con un anillo de aluminio en alguna de sus patas.

Igualmente me pareció un negocio de poco rédito. Por último pensé en las tortugas como mascotas. Pero a quien se le escapa la tortuga, no merece ser el dueño.

Seguí mi camino, siempre obsesionado por descular aquel cartel y su implicancia comercial. Hice mis compras y pegué la vuelta. No sin antes proponerme bajar en el comercio en cuestión y preguntarle a que se refería su cartel de “Aluminio para mascotas”.

Estacioné en la puerta misma y bajé.

Antes de ingresar al comercio en cuestión, volví a releer el cartel.

Esta vez decía con mucha, muchísima más claridad  “Alimento para mascotas”.

Dicen que del ridículo no se vuelve…

elduendebobo

Escrito en el Retiro, en la casa de MV y FP el 24 de enero de 2016, luego de hacer los mandados…

PICAZÓN DE ARREPENTIDO

Picazón de arrepentido

 Ayer domingo, mientras disfrutaba del solcito otoñal tirado sobre una loneta en el parque, tuve una experiencia horrible.

Casi dormido percibo que una cosquilla pequeña y casi imperceptible recorre por mi tobillo suavemente. Confiado en que tal vez un pastito un poco largo estuviera contactando con la zona, me mantuve extendido y relajado. Pero, tuve una sensación de desconfianza a la naturaleza, ya que el cosquilleo cambiaba de rumbo ascendiendo hacia mi rodilla izquierda.

De cualquier modo, me mantuve con los ojos cerrados para mantener ese bello estado de descanso. Decidí girarme y frotar la rodilla con la colcha apretándola contra el suelo para que desapareciera ese cosquilleo persistente. Unos instantes después sentí que aquella molestia había desaparecido, por lo que me reacomodé para seguir en mi descanso merecido luego de una semana de mucho trajín.

Lamentablemente ocurrió lo que no hubiera deseado y ahora estoy arrepentido.

Sentí una fuerte picazón en la rodilla involucrada y me levanté sorpresivamente para ver de qué se trataba. Una hormiga negra estaba prendida a mi piel como una garrapata y lo primero que atiné fue a pegarle un cachetazo para que volara. Y así fue. Cayó sobre mi cobija e intentó correr caminado, cosa que evité poniéndole un pie encima aplastándola. Hice presión para que muriera asfixiada de este modo y no picará nunca más. Levanté mi pie para verla y se retorcía como una lombriz sacada de la tierra. Con mi puño le pegué tres veces hasta que se quedó completamente quieta. Luego para asegurarme tomé del suelo una rama y empujé a la hormiga hasta lo más profundo que pude en la tierra. Acto seguido, saqué la rama y tiré en el agujero agua caliente que tenía en el termo para mi merienda. Y luego de ahogarla y quemarla, arrojé tierra para sepultarla, no sin antes pisar el lugar y poner un cascote presionado para que no pudiera escaparse.

Me sentí por un momento poderoso sin darme cuenta que había un montón de personas viendo mi accionar en medio de los insultos que le profería al insecto que me acababa de picar.

Esas personas empezaron a alejarse, a dejarme solo con mi odio.

Hoy estoy arrepentido y para consolarme me digo, bueno era una hormiga.

Pero luego de encontrarme con un abuelo vecino al que le conté lo sucedido me dijo:

-Tal vez te hayas acostado interrumpiendo su camino de regreso. Aunque lo más grave es que has perdido el equilibrio…

elduendeoscar

            Luego de leer muros con mucho odio sobre la legitimidad de defenderse ante un acto delictivo en Facebook, 18 de setiembre de 2016. En LCDO