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¿Qué sueñan los perros que sueñan?

Historia de mis perros… 

Mi primer perro se llamó Diógenes. Raza canina, seguro. Puedo jurar que por entonces no sabía del antecedente de ese nombre, que refiere a un Filósofo historiador griego de apellido Laercio. Cuando elegí llamarlo así, tomé en cuenta a unos dibujos muy filosóficos (justamente) que aparecían en la última página de un diario, donde se leían interesantes diálogos entre un Linyera y su perro llamado Diógenes. Su autor es un uruguayo llamado Tabaré. Y pueden encontrar muy bello material en su web (que figura debajo del primer cuadro de los dibujos)

Todo coincidía. Teníamos charlas, él era un perro y yo era un ciruja, un linyera. Como no me alcanzaba el dinero de mi trabajo para mantener a mis padres, de noche, salía a buscar botellas vacías o cables, para vender en las chatarrerías. Nunca me sentí abrumado por ello. Lo hacía para sostenerme dentro de la dignidad de la pobreza.

Mi gran confidente Diógenes, falleció víctima de un Parvo virus, cuando ya mi situación económica estaba mejor. Y en lugar de arroz partido con huesitos, ya comíamos rico rico.

Luego apareció otro perro de la calle, y sin dudarlo lo llamé Linyera. Y tambien tuvimos una hermosa relación. Una tarde lo descubrí bostezando, y cámara en mano, pude sacarle una foto que publico dentro del texto, y se me ocurrió preguntarme ¿Qué habrá soñado?, y lo escribí.

Lamentablemente una tarde Linyera me fue robado.

Traté de criar a un último pichicho, “Rosca”, pero traía en sus genes un ser muy, muy travieso, y decidí liberarlo de mi mala mirada. Y desde entonces he decidido no tener más perros. Aunque ayudé a criar a “Cera”, una perra Collie, y a un Dálmata de manchas marrones llamado “Yaco”. Ambos nombre elegidos por mi hija.

Me golpeó el pecho para definir a los perros como seres extraordinarios.

Vamos a lo escrito….

¿Qué sueñan los perros que sueñan?

Pregunto interesado en saberlo, pues a veces, me siento perro.

Perro que sueña…

¿Soñarán con una perra?

¿Con una buena comida?

¿Con una caricia de su…amo?

¿Soñarán en sus siestas que viajan por el mundo conociendo otros arboles?

¿Sonarán en sus noches la pesadilla de ser bañados?

¿Soñaran acaso un mundo con humanos que no encuentren piedras que tirarles?

¿Soñarán que alguna vez serán los amos del mundo? Y proponer desde ese lugar, hacernos nuestra comida con las sobras de las propias.

¿Soñaran con ser inventores de un rascador eléctrico automático que los libere de las pulgas?

¿O acaso soñaran con que nos arrojan un billete y contentos lo vamos a buscar y se lo dejamos a sus pies?

¿Soñaran que podremos andar por el mundo descalzos?

¿Qué sueñan los perros que sueñan?

Pues, debe haber perros como hombres..

Algunos que sueñan, otros que no…

¿Y por qué no sueñan algunos perros?

Será que sus amos jamás les dejaron ser traviesos y creativos…

Y entonces, soñar es en vano…

¿O es que estos perros, imitan a sus dueños, para serles fieles?

¿O es que no sueñan por que creen, que no hay ni siquiera en los sueños, la posibilidad de escaparse?

¿Qué sueñan los perros qué sueñan?

En que no se los coma la realidad de la pobreza…

En que no los aburran los relatos de su amo…

En que no se mueran los borrachos que siguen…

En que den resultados las vacunas, para no tener que repetirlas…

En que nadie, nadie, los separe cuando sexualixan…

En que nadie les dé de comer con venenos…

En la profusa desaparición de las gomeras…

En la alegría de la abolición de las perreras…

¿En qué sueñan los perros que sueñan?

Se me ocurre la pregunta, pues a veces me siento perro.

Perro que sueña…

Linyera, mi gran compañero…Bostezando

elduendeoscar

Escrito en La Isla de Terebinto el 30 de mayo de 2002.

Leído en el Programa cultural de La Casa de Oscar “Al ángulo izquierdo donde duele” T2: E13 emitido el 28 de julio de 2020 por Radio La Plata 90.9

Rezo por ustedes…

Rezo por ustedes

«La amistad no se inventó para tenerla en un portaretrato» elduendevenenoso 

Estoy hecho de abrazos y de encuentros, de confidencias y secretos.

Me crié inventando juntadas, escuchando tristezas, alentando ilusiones.

Crecí sabiendo cuán importante era contar con ustedes.

Fui capaz de viajar una gran distancia para hacer una visita.

Me propuse ser fuerte y compañero en la difícil, y no molestarlos nunca, cuando les iba bien.

He sido capaz de poner la vida en juego en algún entuerto por ustedes.

Yo, que la única cosa que alguna vez extrañe, fue verlos.

Yo, que les he ofrecido techo y pecho, préstamos y orejas.

Y que he vaciado mis bolsillos para compartir un pedazo de carne o de pan.

Sepan, que no saber de ustedes, me opaca.

Yo, que por conocerlos más, los lleno de preguntas importantes.

Por lo tanto…

Quiero confesarles públicamente a todos ustedes, mis amigos…

Que sigo esperando el momento de volverlos a encontrar para abrazarlos.

Y que seguiré organizando juntadas.

Además, guardaré viejos secretos como siempre, y creando nuevos.

Sigo estando en las gateras para cuando me necesiten.

Y sigo pensando y sintiendo lo importantes que son en mi vida.

Sería capaz de caminar de espaldas y en chancletas hasta donde estén.

Les advierto, qué estoy más fuerte que nunca y que sigo siendo compañero, fiel y discreto.

Qué si tengo que darles sangre, tiempo, dinero, fuerzas…cuenten conmigo.

Qué los extraño. Que los necesito. Que los aliento.

Qué deseo seguir conociéndolos, profundizar nuestras alianzas y seguir creciendo.

Y para qué vuelva a suceder, rezo por ustedes.

Si, rezo…

Para mi, la amistad que nos une, es la única religión de la que soy devoto, gracias a qué en ella, todos somos, dioses y pecadores.

Amen y buen provecho!

elduendeoscar

Escrito en LCDO el 18-7-2020 para saludar a los amigos por las redes y la radio el 20 y 21 de julio de 2020.

La María

La María

Antes de contarles esta anécdota quiero ubicarlos geográficamente en el lugar donde ocurrió, para que por una vez y por todas, sepan que a veces se puede cometer un crimen perfecto. Tal vez con esto no estoy diciendo nada nuevo para ustedes, que en más de una ocasión habrán cometido alguno, solo que este suceso se realizó a la vista de muchos testigos y nadie, pero nadie, se dio cuenta.

Casi todas las esquinas tienen cuatro ochavas en esta ciudad de la Plata, pero las hay de dos, tres y hasta seis en un cruce de calles. Describo la esquina de 20 y 50 en momentos previos a la Dictadura Cívico Militar que arrancara en 1976. Fue un día de marzo caluroso del 73. En esas cuatro esquinas se ubicaban; el corralón municipal con oficinas de la Dirección de Tránsito; la casa de los Pereyra; el Regimiento 7 de Infantería Coronel Conde y el bar “El resorte”.

El movimiento era constante de autos sobre el empedrado de grandes adoquines de la calle 50 que venía del centro de la ciudad hacía Gambier y que se ensancha solo 100 metros desde la 19 a la 20, donde vuelve a angostarse. La calle 20 que iba de norte a sur no estaba asfaltada todavía de 49 a 50, y era muy poco transitada. Era un cruce de calles vigilado desde la Garita del Ejercito, muy visitada por los infractores de transito que venían a pagar sus multas o retirar su vehículos del galpón municipal y la esquina más tranquila era donde vivía aquella familia. Pero el movimiento más sospechoso de gentes, sin duda se producía en el bar y otras yerbas, para parroquianos y visitantes casuales.

Aquel bar se llamaba “El resorte” y la verdad es que no conozco el porqué, pero adentro se podía comer una rápida minuta, tomarse una caña o una ginebra en vaso corto, jugarse un truco o un mus por ejemplo. Pero tenía un plus. Sobre la misma calle 50, este bar, agregaba a su edificio una habitación con ventana balcón de vidrios recortados. Colgaba de ella, una cortina de tela blanca con encajes, siempre tapando las miradas hacia adentro. Puede deducirse con lo dicho, que la ventana estaba casi siempre abierta dejando entrar luz a su dependencia. El ingreso a esa habitación era por una puerta lateral del interior del mismo bar. Allí sucedían consuelos a largas soledades por unos pocos pesos. Y he visto hasta cinco hombres esperando turno, copa en mano a las tres de la tarde.

Pegado a este anexo vivía la vieja María, hay quienes dicen que era parienta cercana al muy conocido abogado platense Víctor José Francisco Roberts Alcorta, creador de una frase muy conocida entre los leguleyos y que lleva el nombre de un stud, que fuera de su propiedad: “Mate y venga”. Frase acuñada para demostrar que pagando cualquiera salía rápidamente de la cárcel gracias a su habilidad con el uso de las leyes a favor de los delincuentes.

Esta María, era una mujer solitaria de pelos canosos, muy flaca, que se destacaba particularmente por la cantidad de tiempo que se pasaba barriendo su vereda. Varias veces se paraba al borde de esa ventana con la espalda apoyada sobre una vieja pared de ladrillo sin revoques. ¿Tal vez para escuchar alguna conversación o los sonidos de los encuentros pagos?

Con mi familia vivíamos a 50 metros por la calle 20 a la altura del 878 y como la calle tenía un mejorado imperfecto por donde el tránsito era casi nulo, la usábamos con mi hermano para jugar a la pelota casi todas las tardes. Un día, nos sentamos a descansar en la esquina familiar y descubrimos que María barría y miraba para un lado, barría y miraba para otro, y solo paraba de barrer cuando alguien pasaba por el frente de su vieja casa. Y allí, paraba de barrer y miraba a quien pasaba. Como si sacará fotos o filmara una película. Ella era una perfecta chusma. Solía dejar la escoba apoyada en aquella ventana e ir hasta su puerta -siempre abierta- ubicada a unos cinco metros y quedarse allí parada con los brazos cruzados acompañando con su mirada algún auto que pasará por el lugar. Y todos los datos que juntaba luego los comentaba con alguna otra vigilante del barrio en horarios de la tardecita. Evidentemente, la solitaria María, se excitaba más estando fuera que dentro de su casa. Su vida era importante a partir de la vida de los otros.

Ese día se me ocurrió un plan y mi hermano se plegó enseguida. Éramos dos púberes con una historia de travesuras capaces de sorprender a cualquiera.

La esquina estaba poblada con una veintena de personas, ubicadas dentro y fuera del bar y en la vereda de las oficinas municipales, cuyo amplio portón, por donde entraban vehículos, se mantenía abierto ofreciendo más testigos que trabajaban allí. La idea era robarle la escoba a María y estuve tres días estudiando sus movimientos y los tiempos de acción, sin importarme los testigos. ¿Quién miraría a dos pibes jugando con una escoba?

Mi hermano se ubico escondido detrás de un árbol a unos diez metros de la casa de María para no ser visto. A mi señal, él caminaría hacia la puerta de la casa de la chusma e intentaría entrar aprovechando su apertura, simulando que se le escapó un ratón. María intentaría evitar qué él entre y yo aprovecharía para acercarme por detrás a tomar la escoba y esconderme a la vuelta, en algún portal de la calle 20. Y así lo hicimos. Una maniobra perfecta de los dos. Contó mi hermano que ella le recriminaba tener una mascota tan asquerosa y le dijo “sos un nene villero”, mientras yo le escamoteaba su herramienta diaria, su excusa para salir a la vereda. Luego de mi acción, mi hermano se cruzó para casa sin discutir, ni buscar el inexistente ratón. Yo escondí la escoba en un hueco de un portón de chapa y también volví a casa. Allí vimos cómo María intentaba encontrar su escoba, buscando y buscando.

Nadie, nadie, de entre tantos testigos posibles, ofició de chusma para contarle de nuestra travesura.

Un crimen perfecto a plena luz del día, que acabo de develar con este relato.

elduendeoscar

Escrito para el programa 22 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” del día 16 de agosto del 2017 por la ultra1079.com.ar

Rutina normal y de cualquier vecino.

Rutina normal y de cualquier vecino.

Me despierto. Desayuno. Hace frío y tengo un turno en el banco para desbloquear mi tarjeta de débito. Aprovecho a ir caminando. Hago cola. Salgo. Vuelvo a casa. Me preparo para almorzar.

Todo este pequeño relato, parece una rutina normal y de cualquier vecino. Marca un contexto y una acción de una normalidad tal, que ningún episodio ligado a la locura parecen existir, pero lo voy a relatar de un modo más detallado. Y si aparecen eventos ligados a lo loco que está el mundo, sean ustedes, jueces críticos y aporten alguna reflexión.

Los únicos eventos que me preocupan resolver, son aquellos en los que me comprometí, del modo que fuera, presencial o virtual. Hoy parece un castigo divino, que personas poco virtuosas tengan que vivir a través de la virtualidad. Pero que quede claro, o uno se presenta y cumple o uno se las arregla vía internet o telefónicamente.

Tres semanas atrás, fui al cajero a retirar unos pesos y al terminar mi operación bancaria, me pide que cambie la clave de ingreso. Bien. Lo que entendí es que en algún momento debía hacerlo, Minga. La siguiente vez que lo intenté, el visor me informa que no puedo ingresar. Ni siquiera para cambiar la contraseña. Cosas del sistema de cuentas, que tal vez deba hacerme cargo de mi cierta inexperiencia o de mi mala interpretación. Era la primera vez en cinco años que me pasaba. Me desvirgó con esta situación. Si bien manejo el home banking, esto de tener la cuenta en el celular o la computadora, no me es difícil, pero es algo engorroso.

Hice una consulta entre amigos para ver cómo se solucionaba, y finalmente lo mejor era, sacar un turno en el Banco a través de la pagina que ofrecen. El día 15 de junio vía web, me ofrecen un turno para el 6 de julio, pero no en mi sucursal cercana, si no, en la sede central. O sea, no solo más lejos, tambien 21 días para poder volver a operar con mi tarjeta de débito. Y yo sin un billete para pagar lo cotidiano. Y con fondos en la cuenta. El turno me indicaba puntualidad a las 10.30 de este lunes. En lo posible, presentarme 15 minutos antes.

Como soy bastante devoto de la puntualidad, me desperté solito a las 8.56 de esta mañana. No es de esperarse a mis 61 años, que me despierte mi madre con la leche en la mesa. Quise decir «solito», sin ayuda de un despertador, que me desarmoniza.

Mientras desayunaba, me aseguré del permiso para transitar. Parece mentira, pero hay que pedir permiso. Y me propuse ir caminado los tres kilómetros de distancia, ida y vuelta. Simplemente porque el encierro solo me hace caminar por las paredes.

Documentación en mano y barbijo en boca, arranqué 9.30 hacia mi destino. No parece que estuviéramos en fase 5. Interpreto que debiera haber menos circulación y gente en la calle. Pero, suelo hacer malas interpretaciones. En el camino, gente fumando con el tapabocas en la pera y gente con el barbijo, solo tapándose la boca.

No es necesario que les cuente que vi personas con gafas, con máscaras sobre barbijos, con delantines y con ambos descartables. Algo extraño, no vi, ni de ida ni de vuelta, niños. Ni de a pie, ni en vehículos, ni en las ventanas. Era de pandemias…

Llegué a las 10.05 y me informé de qué cola me correspondía. Mientras esperaba leyendo unos artículos sobre la locura, unas quince personas diciendo que no tiene turno, le preguntan a la oficiala de policía que los recibe y los informa muy atentamente. La persona que tengo adelante, se da vuelta como buscando un cómplice y me dice “Estos vigis ahora se hacen los buenitos desde que los aplaudimos”. No digo nada. El joven de detrás, sin dejar de moverse por el frío, me comenta que no va a esperar diez minutos más. Tampoco hago comentarios. La impiedad de uno y la rispidez del otro no me permiten empatías. 10.35 ingresé al banco, previo control en la muñecas y en la frente de la temperatura, alcoholizado de manos y de ver cómo fumigaban el piso de la linea de lugares que ocupaban las personas, a las que se les pedía gentilmente que se corrieran un instante. Resuelvo mi trámite en dos minutos. Y vuelvo a casa por otro camino para curiosear la ciudad. En una esquina de poco transito y con semáforos, casi chocan dos autos. No hay impacto, pero se putean como si fuera la última vez. Un mendigo acomodaba sus bártulos. En el suelo, un colchón de cartones donde seguramente se enfriaron los sueños, y una fuente enlosada y oxidada, exhibía tres papas y un pedazo de pan. Un joven caminando a la par, vende unas berlinesas, esas bolas que siempre llamamos de Fraile, y me las ofrece.

Un Buzón en épocas de virus…

Cruzo una plaza vacía. En otra esquina un anciano doblándose en su columna no puede cruzar la calle. En dos verdulerías separadas por 200 metros se ofrecen los mismos morrones rojos, en una $190 y en la otra $140 el kilo. En muchas veredas, basura sin levantar y en muchos canteritos de arboles, botella vacías de bebidas alcohólicas.

Llego a casa. Prendo el horno para calentar comida. Empiezo este texto y me pregunto, o les pregunto…

¿El mundo, tiene todos los tornillos ajustados?

Escrito para el programa cultural de La Casa de Oscar llamado “Al ángulo izquierdo donde duele” T2: E10 “Locuras o delirios” a emitirse el 7 de julio de 2020 por Radio La Plata 90.9

Una pila de recuerdos

Una pila de recuerdos

Amontonados pero nunca olvidados, se juntan en un rincón del cerebro, momentos de todo tipo y factor, a la espera de un disparador que los libere, para hacer si es necesario alguna reflexión íntima, para adornar de detalles algún texto o para desparramar en una charla a boca de jarro.

Amigos, parientes, personajes, compañeros de trabajo y de estudio, jefes, profesores, amores, empleados, clientes y un inmenso listado de personas, que han sido parte de algún buen o mal momento de la vida, están atentos a lo que se dice de ellos, en cada remembranza.

Juguetes, prendas de vestir, medios de transporte, regalos, joyas, libros, objetos de todo tipo que han pertenecido a las distintas etapas del recorrido de la vida para acompañarnos, en esto de transcurrir en el tiempo.

Lugares, escenarios, luchas, juegos, encuentros, fiestas, deportes y otras tantas actividades que nos han entretenido y construido, no pueden olvidarse.

Una frase de otros, que nos obliga a ejemplificar nuestros actos.

Una canción que nos evoca sensaciones imborrables.

Un olor que traen los vapores de comidas, de perfumes, de estaciones…

Una mirada haciéndote sentirte humano…

Y están allí, a la espera de salir a dar un paseo nuestras ancestrales mascotas, de volver a mostrar sus flores aquellas plantas, de repetir su sombras ese árbol, de iluminarnos aquel amanecer, de volver a abrazarnos con quienes no están..

Cuendo era un pequeño duendecito…1962

Todo lo vivido es una pila de recuerdos, a la espera de volver a orearse, para volver después a descansar en nuestro corazón esperando otra oportunidad.

Con ellos necesariamente organizamos el presente y lo que quede de futuro. No hay manera de evitar que floten en un limbo sin juicios, en una atmósfera de nostalgia, en un estante de afectos…

Somos capaces de revivirlos, recrearlos, de sostenerlos, de revalorarlos, de invocarlos cuando se nos da la gana, así como de no refrescarlos ni de volver a nombrarlos.

Los hay bellos, intensos, inmejorables, valiosos…

Y los hay de los otros, los que preferimos callar y silenciar para siempre.

Resulta imposible decir cuál es el mejor, cuál es el primero, cuál es el sobresaliente…Simplemente porque en cada etapa de la vida vamos siendo otros, y valoramos distinto, necesitamos diferente.

Para quienes tienen el don de almacenar recuerdos y cada tanto convidarlos, dispongamos de tiempo, de disposición y de buenos deseos.

Si tuviéramos que elegir una síntesis de estas reflexiones sobre los recuerdos, Tal vez se nos ocurra ser agradecido por tenerlos.

Podría pedir entonces, que no nos olvidemos de ser conscientes de qué cada momento es un cuadro en el que intervenimos, que posiblemente vaya a ser colgado en las paredes del alma o arrojado a la habitación del olvido.

elduendeoscar

Escrito para la editorial del programa radial cultural de “La Casa de Oscar” llamado “Al ángulo izquierdo donde duele” T2: E9 “Los Recuerdos”, ha emitirse el 30 de junio de 2020 por Radio La Plata 90.9

 

 

 

Hoy estreno los Oxford

Hoy estreno los Oxford

Eran los Carnavales del año 1980 y la barra del barrio apuntaba a ir de gira por alguno de los Clubes, que organizaban festejos masivos.

Habíamos pasado la semana anterior por el Teleclub, allí en la 137 de Los Hornos. Y la semana anterior a eso, estuvimos en el Club Brandsen de la calle 60.

La pasábamos bomba. Era un grupete muy unido y estábamos al tanto de cada uno de nosotros. Tratábamos de ver en qué o dónde andaba cada uno durante toda la salida, si estábamos en la barra tomando un Cinzano con Esperidina, un Gancia, un vino o una cerveza. O si estábamos bailando y curiosear con quién. O para dar vueltas juntos para sacar chicas a bailar. O por si caía una razia, de las que abundaban.

Por suerte ya se había superado esa época en qué las nenas, iban con sus mamis, y la cosa se resolvía de acuerdo a la parla o a la pinta para levantar algo.

Esa semana, a alguien se le ocurrió la idea de ir a los bailes de carnavales que organizaba el Club Estudiantes de La Plata. La onda era, un show y mucha gente caminado por el playón que mira a la cancha por la 57. Para entrar había que transitar unos cien metros paralelamente al alambrado. Una vez que terminabas ese recorrido, ibas para donde querías. Contra la 115, estaban las barras, que además te vendían sandwiches.

Todos coincidimos en ir juntos, Oscar, los dos Danys, el Pata, Sergio, y yo. Por entonces yo trabajaba de 4 a 9 de la mañana y de 15 a 20 de la tarde, aún los domingos. Mi labor de canillita no me daba mucho respiro, y menos francos.

Con unos pesos ahorrados con gran esfuerzo, me fui a comprar un pantalón Oxford blanco, Que pensé en acompañar con unos zapatos negros y rojos, con plataforma completa y una camisa floreada, que ya tenía.

A mis 22 años, tenía mucha más fibra muscular que grasa, pero me faltaba altura.

La cita era a las 10 de la noche en 1 y 57, y cuando estuviéramos todos, entrábamos. Estoy hablando de una era sin celulares. Había que tratar de no perderse el 214 para llegar mas o menos en punto. Se daba qué hasta podíamos encontrarnos en la parada o arriba del bondi cuando íbamos a algún lugar. Vivíamos todos cerca del Parque San Martín.

Ni bien llegué de mi trabajo, me empecé a preparar. Tenía unos pelos largos, rubios y lacios envidiables, que se apoyaban en los hombros. El pantalón y la camisa que quedaban como si fuera un maniquí del Siglo o de la Beige (viejas tiendas de 7 y 54 y de Diagonal 80 y 48). Me calcé los zapatos y crecí 8 centímetros de golpe. Me miré al espejo y me dije, esta noche somos protagonistas. Me guiñe el ojo de manera cómplice y me fui hasta la cocina a picar algo. Estaba mi vieja haciendo comida sobre la mesada. La saludo. Ella no conocía mis atuendos, siempre me veía con ropa de trabajo. Para los que no la conocen, ella tiene unos bellos ojos celestes claros. Cuando me vio los abrió tanto que casi me encandila. Sus primeras palabras fueron. Vos estás loco, cómo vas a irte vestido así?

Así cómo mamá? Le pregunté.

Y no se le ocurrió otra cosas que decirme…”No te enojes, pero pareces una mina”…

No le respondí. Agarré mis documentos, la llave y algún billete.

Ni beso de despedida.

Me fui entre caliente y feliz, pensando…

Hoy estreno mis Oxford…

elduendeoscar

Escrito para el contenido cultural del Programa “Al ángulo izquierdo donde duele” que se emite el 23 de junio de 2020 por Radio La Plata 90.9

Reflexiones sobre el día del Padre…

Reflexiones sobre el día del Padre…

Es posible darnos cuenta de nuestros errores como padres, pero imposible evitar que nuestros hijos los tengan cuando sean padres.

Como ser padre no viene con un manual de instrucciones, hay que tratar de que los hijos salgan, al menos, mejor que uno.

Si logramos como padres que los hijos usen las alas y vuelen, podemos estar satisfechos.

Ser padre da algunos derechos y obligaciones, pero no eternidades.

Aprendí siendo hijo, que mi padre no era perfecto. Al menos, en lo que creí que debía serlo. Y ese aprendizaje me permitió crecer. Siempre se lo agradezco. Hubiera sido muy difícil crecer de lo contrario.

Tengan un bello día del padre, y si pueden, equivóquense…

                                                                                                                    elduendeoscar

Junio de 2020 LCDO

La mosca en la sopa (Ejercicio mental I)

La mosca en la sopa

(Ejercicio mental I)

«Quién no intenta ver todo un escenario, no puede disfrutar de toda una obra»  elduendedandy

 

Un hombre se encuentra sentado frente a un plato de sopa.

Exactamente en el centro, una oscura mosca semi hundida propone varias reflexiones.

A modo de detective Ud. debe encontrar pistas del hecho.

En el lugar no había más de una persona. Podemos deducir que hay tres alternativas.

a) La mosca fue colocada por esa persona.

b) La mosca fue colocada antes que esa persona la descubriera.

c) La mosca se zambulló o cayó sola.

Veamos las derivaciones de cada una de estas posiciones.

a) Si la mosca fue colocada por la única persona que había en el lugar, se presentan variables;

La colocó viva.

La colocó para matarla y luego sacarla para tomar la sopa.

La colocó para comerla viva o muerta junto a la sopa.

La colocó para verla morir y no comerla..

O la colocó muerta.

La colocó muerta y pensó en comerla.

La colocó muerta y pensó en no comerla.

La colocó muerta y luego la saco para comer la sopa.

Sigamos…

b) Si la mosca fue colocada por una tercera persona…

Esto debió ser sin dudas, antes de que la otra persona la descubra.

Varias intenciones…

Poner la mosca viva en la sopa pensando en que no se ahogaría (ensuciaría la sopa y volaría).

Dejar una idea de qué se puede pasar antes y meterse una mosca en la sopa.

Dejar la mosca en la sopa y ver la conducta de quien la va a tomar.

Estas pueden ser…

Ver la mosca y comerla.

Ver la mosca sacarla y comer la sopa.

No ver la mosca y comer la sopa.

No comer la sopa.

c) Por último, Si la mosca se zambulló o cayó.

Puede deberse a…

La edad de la mosca.

Insecticida en el ambiente.

Torpeza de la mosca.

El hambre de la mosca.

Suicidio.

Entonces:

¿Puede haber mas de un sospechoso o culpable?

Para Ud. ¿Cuántos sospechosos hay?

¿Es posible alguna otra coartada?

 

Este problema sirve para qué Ud. Agilice su mente.

Trate de darse cuenta que nunca hay un solo sospechoso.

Qué un hecho puede determinar varias verdades.

Qué para culpar a alguien es necesario tener buenos argumentos.

Y que a veces una mosca, puede distraerlo didácticamente.

elduendevenenoso

Escrito en LCDO en cuarentena, como herramienta para compartir con aquellos que se animan a analizar los problemas para resolverlos en lugar de complicarlos.                                        junio de 2020

La risa como un virus contagioso

La risa como un virus contagioso

El gran problema que enfrenta alguien que investiga un tema es el de atomizar, hacer un punto desde donde partir para decir algo. Encontrar el corazón donde late el sentido de la búsqueda de tal trabajo. 

Y podemos decir, que cuando lo que se trata de encuadrar en un plano que resuma, que sintetice, que aúna y que explique algunos porqué, es la risa. Estamos en un laberinto de respuestas que con mucha dificultad y por supuesto tratando de dejar la menor cantidad de agujeros, trataremos de dar. 

Primeramente diferenciar risa de la sonrisa.

La sonrisa es un gesto que suaviza la imagen de una cara seria, tanto sea para expresar complicidad de algún acto o mirada; para demostrar simpatía; para ironizar como respuesta a algo que no nos parece bien y para establecer cierta empatía con algo que nos parece bien o bueno. Puede usarse como una foto de perfil para crear un espectro de atracción de los demás.

La risa, es una expresión generalmente ruidosa como respuesta a algo que nos sorprende gratamente, que nos una genera alegría o felicidad espontánea no controlable, como una descarga sonora que se manifiesta de acuerdo al estimulo que la provoca. Es difícil de esconder y con seguridad contagiable, como el bostezo, el llanto o el vómito.

Cada persona tiene su manera de reír, algunas pueden causar gracia en los demás y provocar con sólo eso, qué el otro ría. Los ruidos que emite una risa muchas veces determina cuán intenso es lo que ha despertado el motivo que la provoco. No es lo mismo una risa suave como un jejeje, que una carcajada a dentadura suelta. También depende de las ganas de reírse que tenga uno.

Aclarado ésto, el primer asunto a resolver es ¿Qué nos provoca risa?

En una respuesta rápida y sin dudarlo, lo que la provoca es lo cómico. La comicidad es propiamente humana. Le otorgamos un carácter cómico a lo que no deseamos que nos pase. Solemos reírnos de quién se cae, de quien se golpea, de quien es víctima de una acción que deja al otro en ridículo o en inferioridad de condiciones. La risa estaría provocada por alguien que padece un hecho qué es para sí, hasta desagradable.

También nos reímos de las diferencias físicas. Un león no se ríe de una gacela renga, se la morfa. Nosotros nos reímos de la mecánica del movimiento que hacen aquellos, que tienen algún impedimento para lograr lo que a cualquiera le es fácil.

La risa es provocada por un relato que señala una exageración, una salida de las normas, un descubrimiento inesperado, una escena irónica, algo que no encaja, y otras cosas. Ese relato, puede ser un chiste, cuya característica esencial es su brevedad y su efecto es inmediato. Puede ser un cuento, que tiene un armado más argumental, con más detalles, más extenso en su duración y que apunta a provocar una risa. Puede ser una historia casi real, posible y hasta referenciable. Y puede ser absoluta ficción. Pero ambos, el chiste y el cuento, deben tener un contenido efectivo para provocar la risa. Sus personajes, los paisajes, lo sorprendente de los hechos, lo que se dijo, y muchos otros detalles.

Nos reímos de cómo se viste el otro, de cómo habla, de sus dimensiones y de sus torpezas.

Pareciera que lo cómico es aportado por los que están al margen de cierta normalidad humana.

Por suerte, mucho del humor para organizar lo cómico que se escribe para hacernos reir, apunta al poder. Y cuando los poderosos, los políticos, los famosos, cometen actos que van desde las equivocaciones culturales a las acciones delictivas, y de las desubicaciones contextuales a las exhibiciones obscenas de sus riquezas, se encienden las risas de los que jamás podrán llegar a semejante ridículo.

Qué alguien diga que hoy los dinosaurios están vivos…

Qué a alguno se le ocurra ir a una marcha para decir que hace 80 días que no la pone…

Qué alguien exprese dolor por la muerte de alguien que no se murió…

Nos causan risas.

Ahora, tambien nos reírnos con mucho goce y sarcasmo de la sexualidad.

Nos reímos de cómo le metieron los cuernos a alguien, pero paradójicamente, no nos gustaría que eso, nos pase a nosotros.

Nos reímos de los tamaños, de las impotencias, de las incongruencias…

Finalmente debiéramos aprender a reírnos de nosotros mismos, que lo hacemos poco, es una tarea filantrópica y en cierto modo terapéutica.

Saber reírse de los propios defectos, de lo errores que cometemos, de lo que a veces decimos y de nuestras características, es sanador por un lado, y por el otro, es una manera de evitar el tormento de los chistosos (amigos y enemigos), que siempre recurren a la misma cargada, apodo o recuerdo. SI ya no nos molesta, Lo que digan, nos resbala…

El creador con toda seriedad construyó un mundo durante seis días, al séptimo, decidió descansar. Allí fue cuando apareció el más malvado de todos los seres, e instaló la risa como un virus contagioso para siempre.

elduendeoscar

Escrito para ser leído en “Al ángulo izquierdo donde duele” T2 E6 programa emitido el 9 de junio de 2020 por Radio la Plata 90.9

Diferencias entre el chiste y el cuento (Pequeño ensayo coloquial)

Diferencias entre el chiste y el cuento. 

Pequeño ensayo coloquial


El chiste es un dicho, una frase o una idea graciosa que induce a reír provocando la risa de quien lo ve, lo escucha o lo lee.
Pueden estar organizados en dos elementos, uno describe lugar, momento, personaje u hecho y el segundo, el remate.
Para tipificarlos si fuera necesarios, hay que tener en cuenta dos cosas:
Primero, de la calidad en su construcción y sus efectos: Pueden ser buenos, malos, exagerados, tendenciosos, participativos y más.
Segundo, de acuerdo a la intensión y modos de hablar de determinada manera de algo.
Allí podemos destacar…
Los de Salón: Son inofensivos y aceptados por la mayoría.
Los irónicos o sarcásticos: Plantean una situación perfecta, pero luego expresan un cambio transformador.
Los chistes negros: Son crueles, tocan temas como la muerte, el racismo, la discapacidad, el género y otras cosas.
Los zoológicos: En los que se humanizan animales.
Los absurdos: No tienen sentido de lo común, pero causan risa.
Los esperados chistes verdes: Hablan de la sexualidad generalmente, o tienen palabras de tono elevado no apto para niños.
Los de raza o por nacionalidades: Que siempre exagerando, destacan elementos físicos o de las costumbres.
Los chistes Inteligentes: Son los que tienen en su organización datos reales y cierres reflexivos.
Inocentes: Aprovechan el lenguaje para su fin.
Religiosos: Incluyen a la iglesia y a sus componentes u ordenes.
Borrachos: Temática del alcohólico y sus anécdotas…
Personajes: Toman a personas muy conocidas de algún lugar o famosas como figuras centrales y le acreditan algo humorístico.
De escenario: Son los que se desarrollan vía actos.
Los Idiomáticos: Utilizan los distintos modos de decir o lo que dicen las palabras de distintos idiomas.
Los sorprendentes chistes de Jaimito: Son chistes con una cierta picardía donde el personaje es un niño que se sale de escena.
Podemos escribir un largo listado agregando, chistes de viejos, de tontos, de economía, políticos, de matrimonios y muchos mas.
Pero para muestra basta este botón.

Los cuentos tienen una construcción donde prevalecen tres momentos. La escena inicial, el desarrollo de la idea, y el remate.
Pueden tener una extensión corta, llamada microcuentos, y una extensión larga, que presupone unas diez carillas.
El contenido puede llevarnos desde un lugar desconocido, con personajes de ficción a un cierre risueño, moral o de final abierto.
Para nuestro análisis, nos quedamos con el final que provoca risa.
De a poco, el cuento va cargando elementos de paisaje, de identidades, de personajes, de lugares y otros aportes, que van redondeando un ambiente donde el cierre es elemental. Cuanto más bien relatado o escrito está un cuento, mucho mejor es el resultado. Sus herramientas pueden ser las mismas que las del chiste, solo que al disponerse de más tiempo para ser contado o leído, debe tener un buen clima para mantener atento a quien lo esta escuchando o leyendo. Suelen incluir chistes cortos dentro de su despliegue.
En este contexto pueden incluirse los textos de stand up, donde el comediante invoca un problema o narra una historia y relaciona una serie de hechos divertidos en torno a ellos.
Argentina es un gran productor de creadores de humor, en el plano de lo visual y auditivo mencionamos a algunos.
Los humoristas gráficos, que tambien nos hacen reír con sus producciones, los dejamos para otro momento.
Cacho Garay, Enrique Pinti, Nini Marshall, Luis Landrisina, Les Luthiers, Adrían Stoppelman, El Rubio Peronista, Juan Carlos Calabro, Tato Bores, Guinzburg, Gasalla, Perciavale, Alberto Olmedo, Dalia Gutman, Hugo Varela, Altavista, Capusotto, Pepe Biondi, Ana Molina, Verdaguer, Alejandro Gardinetti entre muchos otros, son un ejemplo para esta oportunidad..

elduendeoscar

Escrito para el programa Cultural “Al ángulo izquierdo donde duele” T2 E6 emitido el 9 de junio de 2020 por Radio la Plata 90.9