La María

La María

Antes de contarles esta anécdota quiero ubicarlos geográficamente en el lugar donde ocurrió, para que por una vez y por todas, sepan que a veces se puede cometer un crimen perfecto. Tal vez con esto no estoy diciendo nada nuevo para ustedes, que en más de una ocasión habrán cometido alguno, solo que este suceso se realizó a la vista de muchos testigos y nadie, pero nadie, se dio cuenta.

Casi todas las esquinas tienen cuatro ochavas en esta ciudad de la Plata, pero las hay de dos, tres y hasta seis en un cruce de calles. Describo la esquina de 20 y 50 en momentos previos a la Dictadura Cívico Militar que arrancara en 1976. Fue un día de marzo caluroso del 73. En esas cuatro esquinas se ubicaban; el corralón municipal con oficinas de la Dirección de Tránsito; la casa de los Pereyra; el Regimiento 7 de Infantería Coronel Conde y el bar “El resorte”.

El movimiento era constante de autos sobre el empedrado de grandes adoquines de la calle 50 que venía del centro de la ciudad hacía Gambier y que se ensancha solo 100 metros desde la 19 a la 20, donde vuelve a angostarse. La calle 20 que iba de norte a sur no estaba asfaltada todavía de 49 a 50, y era muy poco transitada. Era un cruce de calles vigilado desde la Garita del Ejercito, muy visitada por los infractores de transito que venían a pagar sus multas o retirar su vehículos del galpón municipal y la esquina más tranquila era donde vivía aquella familia. Pero el movimiento más sospechoso de gentes, sin duda se producía en el bar y otras yerbas, para parroquianos y visitantes casuales.

Aquel bar se llamaba “El resorte” y la verdad es que no conozco el porqué, pero adentro se podía comer una rápida minuta, tomarse una caña o una ginebra en vaso corto, jugarse un truco o un mus por ejemplo. Pero tenía un plus. Sobre la misma calle 50, este bar, agregaba a su edificio una habitación con ventana balcón de vidrios recortados. Colgaba de ella, una cortina de tela blanca con encajes, siempre tapando las miradas hacia adentro. Puede deducirse con lo dicho, que la ventana estaba casi siempre abierta dejando entrar luz a su dependencia. El ingreso a esa habitación era por una puerta lateral del interior del mismo bar. Allí sucedían consuelos a largas soledades por unos pocos pesos. Y he visto hasta cinco hombres esperando turno, copa en mano a las tres de la tarde.

Pegado a este anexo vivía la vieja María, hay quienes dicen que era parienta cercana al muy conocido abogado platense Víctor José Francisco Roberts Alcorta, creador de una frase muy conocida entre los leguleyos y que lleva el nombre de un stud, que fuera de su propiedad: “Mate y venga”. Frase acuñada para demostrar que pagando cualquiera salía rápidamente de la cárcel gracias a su habilidad con el uso de las leyes a favor de los delincuentes.

Esta María, era una mujer solitaria de pelos canosos, muy flaca, que se destacaba particularmente por la cantidad de tiempo que se pasaba barriendo su vereda. Varias veces se paraba al borde de esa ventana con la espalda apoyada sobre una vieja pared de ladrillo sin revoques. ¿Tal vez para escuchar alguna conversación o los sonidos de los encuentros pagos?

Con mi familia vivíamos a 50 metros por la calle 20 a la altura del 878 y como la calle tenía un mejorado imperfecto por donde el tránsito era casi nulo, la usábamos con mi hermano para jugar a la pelota casi todas las tardes. Un día, nos sentamos a descansar en la esquina familiar y descubrimos que María barría y miraba para un lado, barría y miraba para otro, y solo paraba de barrer cuando alguien pasaba por el frente de su vieja casa. Y allí, paraba de barrer y miraba a quien pasaba. Como si sacará fotos o filmara una película. Ella era una perfecta chusma. Solía dejar la escoba apoyada en aquella ventana e ir hasta su puerta -siempre abierta- ubicada a unos cinco metros y quedarse allí parada con los brazos cruzados acompañando con su mirada algún auto que pasará por el lugar. Y todos los datos que juntaba luego los comentaba con alguna otra vigilante del barrio en horarios de la tardecita. Evidentemente, la solitaria María, se excitaba más estando fuera que dentro de su casa. Su vida era importante a partir de la vida de los otros.

Ese día se me ocurrió un plan y mi hermano se plegó enseguida. Éramos dos púberes con una historia de travesuras capaces de sorprender a cualquiera.

La esquina estaba poblada con una veintena de personas, ubicadas dentro y fuera del bar y en la vereda de las oficinas municipales, cuyo amplio portón, por donde entraban vehículos, se mantenía abierto ofreciendo más testigos que trabajaban allí. La idea era robarle la escoba a María y estuve tres días estudiando sus movimientos y los tiempos de acción, sin importarme los testigos. ¿Quién miraría a dos pibes jugando con una escoba?

Mi hermano se ubico escondido detrás de un árbol a unos diez metros de la casa de María para no ser visto. A mi señal, él caminaría hacia la puerta de la casa de la chusma e intentaría entrar aprovechando su apertura, simulando que se le escapó un ratón. María intentaría evitar qué él entre y yo aprovecharía para acercarme por detrás a tomar la escoba y esconderme a la vuelta, en algún portal de la calle 20. Y así lo hicimos. Una maniobra perfecta de los dos. Contó mi hermano que ella le recriminaba tener una mascota tan asquerosa y le dijo “sos un nene villero”, mientras yo le escamoteaba su herramienta diaria, su excusa para salir a la vereda. Luego de mi acción, mi hermano se cruzó para casa sin discutir, ni buscar el inexistente ratón. Yo escondí la escoba en un hueco de un portón de chapa y también volví a casa. Allí vimos cómo María intentaba encontrar su escoba, buscando y buscando.

Nadie, nadie, de entre tantos testigos posibles, ofició de chusma para contarle de nuestra travesura.

Un crimen perfecto a plena luz del día, que acabo de develar con este relato.

elduendeoscar

Escrito para el programa 22 de “Al ángulo izquierdo, donde duele” del día 16 de agosto del 2017 por la ultra1079.com.ar

Acerca de elduendeoscar

Curioso ladrón de palabras en desuso, especialista en rompecabezas con letras y reciclador de lo inhóspito. Todo lo hago para entretenerme mientras voy muriendo. Mentiroso narrador de lo que existe como evidencia y testaferro de la verdad absoluta de las miserias.
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Una respuesta a La María

  1. Daniel Héctor Pais dijo:

    Ja já!! Donde duele!!😆

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