Archivo de la categoría: Relatos y Notas

BOBÓ, HA NACIDO VISUALMENTE

BOBÓ, HA NACIDO VISUALMENTE

Bobó es uno de los sie7eduendes. Es el primero presentado al público de modo visual. Irán apareciendo los restantes a medida que el tiempo, las ganas, las ideas y la oportunidad se conjuguen en escenario prudente o desembocado para ello.

Digamos qué, el duende Bobó es el más ingenuo de todos.  Una especie en extinción debido a la profanación de unos cuantos humanos de valores que enaltecen a las personas. Él, es un noble duende, que puede ubicarse en el centro del corazón de cada uno de nosotros, ya que lo que dice, lo dice desde ese lugar.

Además de ser un personaje querible es apabullado por la realidad que lo supera día a día, no solo con las malas noticias de siempre, si no con comentarios soeces y acusaciones procaces de algunos contra otros sin pruebas de ningún tipo; con irresponsabilidades y negligencias a la hora de no saber dar marcha atrás en conceptos que no se tienen claros pero que mantienen a muchos en una posición de soberbia inédita y con la indiferencia brutal de lo que le pasa al otro por gran parte de las sociedades modernas, entre otras cosas.

Infantil, protector, iluso, romántico, pacífico, bondadoso y gentil a la hora de comunicar sus sentimientos y reflexiones.

Amante de las artes todas. Cree que Chaplín inventó la sonrisa, que Marylin la seducción y que la lamparita es el invento de un iluminado. Tiene pensado no crecer debido al temor que le produce perder la honestidad. Sus mejores amigos son los insectos, que nunca dejan de estar cerca de sus observaciones. Supone que el día que se atrape a quien se atrevió a robar la paz del mundo, se acabarán todos los problemas, siempre que no se elimine a esa persona.

Queda presentado el duende Bobó, para que cada uno tome parte y pueda sentirse del mismo modo o de la vereda de enfrente, en esa búsqueda infinita que se tiene sobre la verdad de las cosas.

BOBÓ 1

4 de setiembre (Día de la Historieta) de 2016, en el último día de sus 57 años…

elduendeoscar

LOS ÁNGELES CREIDOS

Los ángeles creídos

“Muchos viven sin pensar en lo que pudiera decirse en sus lápidas”  elduendeoscar ANGEL CREIDO

Llega el invierno y encuentra desnudos a los ángeles creídos. Esos que suponían saberlo todo. Sin poder evitarlo el otoño les quitó las alas, pluma por pluma. Entonces, ya no pueden volar a protegerse bajo el ala de su dios y sin ellas, deben mezclarse entre la gente como uno más, para permanecer a ras de suelo como cualquiera. Deben hacerlo para que no se noten sus grandes diferencias. Ellos eran los que señalaban a los culpables de hechos increíbles o narraban e inventaban hechos increíbles con culpables posibles. Ya venían perdiendo la altura conseguida con aquella sabiduría perenne y cada vez les costaba más sostenerse elevados sobre el resto. Todos nos empezamos a dar cuenta de sus fallas, de sus malos pronósticos. Los que estábamos siempre cerca y atentos a sus dichos, empezamos a distanciarnos. En su depresión solitaria eligieron  distraerse con temas tan poco importantes, que da vergüenza tener que enumerarlos. Todo ello para no reconocer sus propios errores y fanatismos.

Ellos se creían dioses de la verdad. Todo lo que decían era lo más preciado, sagrado e irrefutable.

Ellos se creían dioses del amor. Aun cuando despedían odio en sus afirmaciones y defensas.

Ellos se creían buenos. Tan buenos que podían dirigir los destinos de su patria, cuestionar a los altísimos sacerdotes y darle otro formato a la celestialidad.

Ahora intentan disimular sus viejas muecas de gloria y miran por el rabillo sintiéndose perseguidos, sabiéndose culpables.

Nosotros los de abajo, los de los pies sobre la tierra con sueños incumplidos, les avisamos de futuros, les referimos presentes y les recordamos pasados. Y no escucharon…

Conviven con nosotros casi agazapados esperando de su dios una migaja.

Ellos son los ángeles creídos, los que ya no vuelan.

                                                         elduendevenenoso

IMAGEN: kereszteslp.deviantart.com 

Escrito en La Casa de Oscar el 4 de junio de 2016, luego de leer varios muros de “amigos” en las redes sociales.

14 a 0

14 a 0

«El problema de una gran diferencia es cuando parece indescontable»   elduendedandy

Fútbol de playa

 

Estábamos los siete, reunidos y atentos como todos los domingos. El único que va a misa cada tanto o que mira los discursos religiosos es elduendebobo quien a pesar de sus años  guarda con cierta ternura, algunas de las conversaciones que tuvo con un hombre sobre Dios en su infancia.  Creo que el único que lo entiende perfectamente es elduendedandy y suele escucharlo con verdadero afecto, aunque como digo siempre, él siempre va a escuchar para salvar lo positivo.

Los que no estaban de acuerdo con la juntada y el motivo eran elduendeacido –que no cree en ninguna institución y siempre sostiene que “toda organización creada por el hombre es corrupta”- y elduendevenenoso –que no tiene pelos en la lengua a la hora de devolver irónicamente cualquier ocurrencia.

Mientras elduendeerótico cebaba unos mates con su afán constante de producir una sugerencia hacia el deseo. Devoraba un sacramento con dulce de membrillo luego de lamer su parte interna. Quien no le quitaba la vista era elduendeperverso –a quien le regocijan las imágenes en vivo y en directo de toda obscenidad-  y cada tanto nos mostraba a todos, un vigilante azucarado más grande de lo normal como si formara parte de su cuerpo.

Y como siempre, acompañándolos o llevándolos a todos lados, estaba yo –como siempre tratando de mediar en las discusiones para que no se desbordara la armonía y se perdiera el clima de domingo que habíamos logrado-.

Estábamos listos para escuchar un discurso de la democracia.

Y apareció un recuerdo como si fuese un alfiler pinchándome en el cerebro para compartirlo con ellos.

En mi paso por el fútbol como entrenador dirigí un club al que todavía amo y del que guardo muchas amistades y afectos.

Por entonces estaban a mi cargo púberes y adolescentes con deferentes carencias, las cuales con el paso del tiempo traté de compensar armando un  grupo maravilloso –hoy sigo orgulloso de haber vivido esa experiencia-. Tiempo después me alejo de esa institución y empiezo a trabajar en otra con iguales falencias, hasta lograr de un grupo muy heterogéneo una idea muy homogénea de juego y pensamiento.  Estructura de equipo con la que decidimos enfrentar el torneo. Había inculcado en ellos también, algunos conceptos básicos de la vida en sociedad:

  • Amar a a su familia y hablar sin agresiones y con la mayor tolerancia de los problemas que surgen en ella. Y entender que sus compañeros eran parte de esa familia.
  • Respetar las instituciones como la Iglesia, la Escuela, las Autoridades,  los símbolos Patrios y por supuesto a nuestro amado Club, sus colores, su gente, sus ancestros.
  • Aceptar que debemos ser buenos amigos en las buenas y en las malas y que todos tenemos errores comprometiéndonos a no ser indiferentes si podemos ayudar.
  • Evitar todo tipo de insulto dentro y fuera de la cancha. Y saber pedir disculpas con los exabruptos.
  • Aprender a diferenciar el juego –lo que nos entretiene y divierte- de lo verdaderamente serio –los objetivos personales y sociales de nuestra existencia-
  • Aprender a jugar –que incluye el saber ganar y el saber perder-.

Para lograr todo esto se necesita mucho tiempo de observación y pruebas. Pero quien siembra amor, recoge amor.  Y yo estaba dispuesto a lograrlo.

Y empezó el torneo tan esperado. En la decima fecha teníamos que visitar a mi ex club, para jugar contra el equipo que había dejado armado luego de dos años de intensos trabajos.  Mi deseo era que mis dirigidos adquirieran la mayor experiencia posible, ya que cuando jugaríamos con aquel equipo estaríamos con dificultades y la diferencia iba a notarse.  A mi grupo de jugadores actual, le faltaba rodaje.

Hasta la fecha novena veníamos bien y de acuerdo a nuestros cálculos.  Por entonces el club tenía dinero pero había una gran escasez de jugadores de la categoría juveniles, en este caso la llamada Cuarta Categoría para los Torneos de la Liga Platense Amateur de Fútbol allá por 1996. Y pasó algo que se veía venir y quedamos lo que se dice “destartalados”.

Cuando un equipo de Primera Categoría -sea en el Torneo que sea- tiene problemas entre sus jugadores, y/o los jugadores tienen comportamientos irresponsables, los técnicos -ante las lesiones, expulsiones, ventas,  alejamientos o peleas- hacen lo que dentro del código fútbol se dice “agarran de abajo”, o sea desmantelan las inferiores.  Aclaro que los entrenadores de menores, deben saber hacer un trabajo con sus muchachos pensando en que en cualquier momento “suben o son subidos” a la categoría superior. Y que no se debe negar jugadores a la estructura superior aunque su Categoría esté jugando por el campeonato. Es cruel en cierto modo, pero es así.

Resulta que por ese año el club donde trabajaba peleaba por ser el campeón y había traído a jugadores de distintas partes para lograrlo. Y ese club carecía de divisiones menores de las que me debía ocupar de organizar.

Para la fecha diez, la fecha en que debíamos enfrentar a mi ex equipo, las divisiones superiores, me habían “agarrado” 15 jugadores, a los que tuve que reemplazar con chicos dos años menores a la Categoría del grupo. Y por supuesto sin tanta experiencia.

Antes de empezar el partido fui saludado por todos con besos y abrazos, con risas y cargadas, con recuerdos y lagrimas.  Yo trabajé por esa camiseta –y antes había jugado por ella-, y es muy difícil explicar lo que se siente cuando uno ve los colores que ama, los olores que adornan un viejo momento, la cara de muchos jóvenes felices.  Inexplicable.

Diplomáticamente, fui a hablar con los tres árbitros explicándoles que éramos 8 jugadores solamente y que íbamos a enfrentar a un equipo con 11. También que todos mis dirigidos tenían dos años menos, y que supieran que nuestro equipo iba a jugar a ganar sin pegar una patada. Les pedí, por favor que cuidaran a esos chicos, que nosotros íbamos a aceptar cualquier resultado, pero que no iba a permitir ninguna injusticia. También ingresé al vestuario local con el permiso de mi colega contrario, el Técnico que me reemplazaba –ex compañero en el club-. Hablé con sus jugadores pidiéndoles que se divirtieran pero que no se burlaran y que jugaran a ganar y a tratar de hacer la mayor cantidad de goles posibles. Y les pedí que fueran leales en los contactos con mis jugadores. Ya que la diferencia era de dos años en lo cronológico pero en lo biológico era abismal.

En mi vestuario hablé de la importancia de aprender, de la hermosa posibilidad de jugar y de sentir que estar en desventaja no dice que es imposible.  Y que por supuesto intentarán hacer lo que hasta aquí habíamos aprendido juntos.

El primer tiempo terminó 5 a 0 a favor de los locales, mi ex equipo. Y mis jugadores mostraban el cansancio de haber corrido más por la gran diferencia. Era ya, para mí, una diferencia en goles indescontable. Pero el clima dentro del vestuario era bueno, nos hacíamos cargadas sin acusaciones y hasta resaltando la perdida de una oportunidad de convertir un golcito.

Fui al otro vestuario a agradecer la noble predisposición para un evento sin agresiones de ningún tipo. Saludé a mi colega y hable nuevamente con los referees en tono cordial. Ellos me ofrecieron terminar antes el partido y yo les dije que no. Que lo mejor en todo caso era respetar el Reglamento.

A los diez minutos del segundo tiempo uno de mis chicos se tropezó sólito y se lesionó, debiendo abandonar el juego. Y otro se acalambró y se quedó parado en la mitad de la cancha para tratar de ayudar sin moverse. El equipo se desmoronó.

Perdimos 14 a 0. Pero los jugadores se abrazaron luego del partido mientras yo contenía todas mi lagrimas, no por la derrota si no por la actitud de mis ex jugadores.

Cuando volvíamos en el transporte que nos devolvía a nuestra ciudad había rostros tristes, algunos magullones y algunas sonrisas. Solo atiné a destacar que la diferencia entre los equipos solo se descontaría trabajando y que seguramente este grupo sacaría muchas ventajas al ir madurando la idea de equipo.

La temporada siguiente,  los equipos volvieron a enfrentarse, y logramos ganar por uno a cero en nuestra cancha.

Y ese día lloré. Pero de alegría. Porque no hay fruto más digno que el del trabajo.

Y entendí que dos cosas son posibles. Una es que nunca hay que sentirse humillado sino llamado a estar atento y ser consciente de las diferencias. Y la otra, que para lograr un objetivo hay que trabajar en serio y respetando al otro.

 

elduendeoscar desde el arcón de los sie7eduendes. 1-3-2015

EL 28 DE SETIEMBRE SIEMPRE LLUEVE.

El 28 de setiembre siempre llueve.

                               «El destino tiene dos cómplices implacables; nuestras percepciones y nuestras acciones».      elduendevenenoso

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Habíamos quedado encontrarnos en el Parque San Martín a las 15 hs.  Ese miércoles 5 de setiembre de 1973 yo cumplía 15 años y con los amigos del barrio y de la escuela organicé un pic-nic con fútbol. Cada uno debía traer un paquete de galletitas y yo me ocupaba de llevar las gaseosas. El sol se desplegaba por la ciudad sin pedir permiso a ninguna nube casi como anunciando la llegada de una nueva primavera.

Mientras esperábamos que fueran llegando todos fuimos haciendo pases con la pelota para no aburrirnos. Al rato estábamos todos: El Colo, Poroto, el Pata, Sergio, Oscar, Jorgito, los dos Danis, el Yoni, Leo y yo. Nos repartimos haciendo dos equipos parejos y por una hora nos olvidamos del mundo jugando entre arboles y raíces. Cuando nos cansamos nos sentamos en rueda en el suelo y empezamos a compartir lo traído.

Charlamos de boludeces entre gastadas por el mal desempeño deportivo, las chicas del barrio, algo de música y de las cosas de esa edad. En esos días la vida era más que bella.

Al despedirnos, el Pata me conmovió.  Él era el más chico de todos, tenía 13 años. Al irse me dice; ¡Qué suerte tenés vos que podés festejar tu cumple al aire libre! Yo que no me privaba de recomendar superar los obstáculos le pregunté; ¿Y vos por qué no? Y en una respuesta que se asemejaba a una confesión sin consuelo me expresó que el día de su cumpleaños siempre había llovido. Sin reservas le propuse organizar un cumpleaños igual al mío aunque él era el menos afecto al fútbol de todos y me volvió a repetir severamente; olvídate, ese día llueve.

Ya por entonces, si me ponían una pared enfrente de cinco metros de altura, no me pregunten cómo, pero si tenía que pasar por allí lo hacía. Saltándola o atravesándola. Así que al otro día volví a la carga y le pregunté ¿Cuándo es tu cumple? El 28 de setiembre contestó. Faltaba poco. Le propuse que hiciéramos juntos su festejo, que si quería en lugar de jugar a la pelota escuchábamos música. Luego de dos o tres negativas y de contarme sus experiencias pasadas sin éxito al aire libre, logré convencerlo.

Por ser el más chico del grupo, tenía otros amigos como Guido, Gabi, Leo, Gustavo y Arturo, a quienes agregó a la lista de los que ya habían estado en mi festejo.

El 28 de setiembre de 1973 fue viernes y a las 15 hs estábamos la mayoría de los invitados. Desde la mañana temprano no deje de mirar al cielo y solo pasaban algunas nubes tranquilas. Las amenazas de lluvia para mi, estaban postergadas ese día.

El Pata se había puesto una vincha para atrapar sus largos pelos y estaba entre contento y preocupado. Mi vieja, dijo elevándola al sitial de bruja adivina, me dijo que iba a llover. Déjate de joder loco, no tires tanta pálida, le contesté con mi mejor onda. Estamos acá y vinieron todos. Y nos pusimos a comer las galletitas y a charlar de música sin pensar en la naturaleza.

A la media hora se caía el cielo. Como pudimos nos cobijamos bajo el techo de la estación de servicio que estaba frente al parque, ya empapados y sin dejar de mirar la copiosa lluvia. No sé como carajo se me escapó una lágrima. Miré al cielo buscando a alguien que me diera una respuesta y pregunté desde mi inocente bronca; ¿Qué, no te gusta que se junten los amigos?

El Pata se acercó, colocó su brazo sobre mi hombro y quedamos como dos pendejos húmedos viendo rebotar en la calle el agua que quería romper el pavimento. Manso man, me dijo, en mi cumple siempre llueve.

                                  elduendebobo

Escrito el 1º de octubre de 1973 sobre hechos reales (con arreglos en esta transcripción)

N del A: Durante nueve años seguidos me ocupé de esperar cada 28 de setiembre y siempre lo mismo, en algún momento del día, llovió. El último año que observé este fenómeno a las 23 hs llamé a mi amigo para decirle que no había llovido. Me recordó que el día no había terminado.

Media hora después me devolvió la llamada y con una voz con sorna me actualizó: Viste que está lloviendo…