Crónicas del viaje de un loco…(43) Día 9 de la Travesía…El optimismo (2)

Crónicas del viaje de un loco…(43)

Día 9 de la Travesía…El optimismo (2)

Al llegar al pueblo, me sentí muy bien. Con un creciente optimismo respecto a mi intenciones viajeras de llegar a cumplir la meta. Puse en marca un mecanismo de auto cuidado mental. Me propuse no pensar en mi problema inguinal, no darle lugar en mis pensamientos. No sé cómo les va a ustedes con esto de hablar sobre un dolor que se tiene todo el tiempo. Creo que hace que el dolor dure más, sea más intenso, que tarde en calmarse o curarse. En cambio, me hice una caminata sin tiempo, haciendo un recorrido que incluía pueblo y playa, disfrutando de cierta soledad que propuso el clima, algo lloviznoso y fresco. Y cargando mi mente de sensaciones positivas.

Reconstruyendo un viejo dicho popular, se me ocurre creer que “Más vale optimismo en mano que cien volando”

Mi paseo, estuvo poblada de sorpresas. De Puerto Pirámides puedo decir muchas cosas lindas, aunque…Si bien se considera un Municipio “NO TÓXICO”, no discrimina la basura, no la separa. O sea que, paradójicamente, contamina en medio ambiente. Lo que convierte la frase en Demagogia pura.

Si bien es un pueblo en constante crecimiento y dependiente exclusivamente del turismo, intenta mantener ciertos rasgos naturales que lo hacen visitable. Es un área costera de grandes bardas con una bahía muy tranquila donde se puede ingresar para hacer distintas actividades náuticas. En este lugar la vida nocturna frente al mar es imperdible, pero recomiendo conocer la subida y bajada de las mareas. Sobre todo si nos apartamos de zona de playa de arena y caminamos por la costa de piedras con los altos paredones de un lado.

En 2007, hice un viaje también solitario, pero con solo una mochila. Y sin conocer bien la región y las mareas, me interné por la tarde varios kilómetros por la playa de piedras, que tenía algunos agujeros llenos de agua con cangrejos. Mi idea era ver el atardecer allí y pegar la vuelta. Pero el mar empezó a crecer y el retorno se me complicó. Ya casi a oscuras logré trepar unos tres metros por una abertura en la piedra y quedarme allí a pasar la noche. En mi mochila tenía una vela, dos panes y una botella de agua. El nivel del mar subió casi un metro y medio golpeando contra el murallón natural. Incómodo, casi parado, dormite algo hasta que amaneció y el agua empezó a bajar. Recién allí, pude volver al poblado. Aquella vez pude haber perdido la vida. Pero acá estoy, vivito y contando historias.

El lugar el bellísimo. Creo que todas la veces que tenga que ir para el sur, lo visitaría. Es lo que estoy haciendo, aunque ya lo conocía. Se puede recorrer con mucha seguridad. Lo más peligroso fue que puberes y niños, manejaban cuatriciclos, cosa que no está permitido. Y sin casco, cosa que tampoco. No me gustó eso, y les cuento que es fácilmente controlable, ya que hasta los mismos habitantes, con quienes tuve buenas charlas, lo desean.

Al final de mi caminata, me aposté con el hotelito viajero frente a la bahía, en un lugar destinado como mirador/estacionamiento. El plan era ver como atardecía. Esta vez hice lectura y empecé a escribir esta crónica.

Hoy es 5 de enero de 2020.

La seguimos….

Imágenes: todas propias, excepto la satelital de Google Maps (modificada).

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