Crónicas del viaje de un loco…(36) Día 7 de la Travesía…Los Proyectos (4)

Crónicas del viaje de un loco…(36)

Día 7 de la Travesía…Los Proyectos (4)

Tratamos de ponernos a la sombra del mangrullo mientras el sol empezaba a caer. E iniciamos con Rodrigo (el biciviajero) una conversación de lo más interesante. Existe una letra de tango que dice:

Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida.

Tengo miedo de las noches que, pobladas de recuerdos, encadenan mi soñar.

Pero el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar…” (34)

Estamos de alguna manera atados al pasado, a una zona de confort, a costumbres, al lenguaje, a culturas, casi siempre anteriores a nosotros.

Y existen muchas variables entre las actitudes que tomamos frente a tamaña construcción. Algunas son ortodoxas y se remiten a que nada de lo heredado sea removido o tocado, considerándolo sagrado. Otras son intermedias donde se promueve la readaptación o actualización de partes dado el “progreso o evolución humana” y hay otras actitudes más revolucionarias, más relacionadas con cambiarlo todo. Lejos estoy de criticar la posición que tiene cada uno frente a la toma de decisiones que se hacen para definir como integrarse. Una de las cosas más importantes que debe considerar un viajero es la de respetar todo culto, toda costumbre, toda elección y las instituciones de los lugares que visita.

Pero voy a puntualizar una necesidad que tenemos de resolver algunas personas sobre nuestros objetivos. Ante todo, no creo que todos los viajeros huyen, como dice la letra mencionada más arriba. Solo ha sido tomada como referente al iniciar la explicación de esta “Teoría del rumbo”, por la que estoy planteando reflexionar.

Una pregunta que se hace la filosofía entre tantas es ¿Hacía dónde vamos?…

Intentaré con esta idea hacer una analogía de viajero buscando horizontes con la necesidad de acomodar nuestros deseos para encontrar armonía y equilibrio en el vivir.

Rodrigo me hablaba sobre la incertidumbre que se establece cuando uno se ilusiona con algo y ese algo se desvanece. Y todo esfuerzo que se haga por recuperarlo o revivirlo, es al parecer, inválido.

Somos los humanos como los perros, ya que cuando encontramos alguien que nos trata bien, no queremos abandonarlo” dice elduendedandy.

En realidad nunca sabemos hacia donde vamos con una precisión absoluta. Así como el viajero puede ir encontrándose con paisajes nuevos (Que no estaban en sus planes, como me sucede ahora), todos los que despertamos un día cualquiera podemos encontrarnos con una sorpresa inesperada en nuestras vidas. Llámese feliz o triste.

Mi idea sobre el rumbo (camino que debiéramos tomar para seguir nuestros deseos), se centra en tres momentos claves.

El primero es considerarse corporal y espiritualmente en el centro de uno mismo. “Un experimento al que no estamos acostumbrados es a conocernos”, diría elduendebobó. Tratando de elegir en nosotros, elementos que nos ayuden a visualizar necesidades y deseos. O sea; “Qué quiero para mí”.

El segundo, es ponerse a clarificar (siempre uno mismo), cuántas posibilidades o herramientas tenemos para lograr ese deseo o para cubrir esa necesidad.

Y el tercero, o definir el rumbo a tomar para ir detrás de lo que ansiamos.

Dibujé un punto central en la arena y tracé líneas marcando los cuatro puntos cardinales. Hasta aquí tenemos dos líneas que se cruzan en un punto central. Voy a dibujar otras dos líneas que unan de NO (Noroeste) a SE (Sureste) y a NE (Noreste) a SO (Suroeste), estableciendo 8 rumbos posibles (Puede haber más, sin dudas, pero para ejemplificar la idea, bastan estos).

El procedimiento no es simple, pero es el más humano que se me ocurre para enfrentar a la incertidumbre que contiene cualquier destino.

Se basa pura y exclusivamente en lo individual, en eliminar lo imposible que nos genera tantas falsas expectativas. En aprender a valorarnos desde lo que tenemos, desde lo que somos. En poder tomar la decisión de hacía dónde ir o hacía dónde no ir (Muy valioso esto).

Todos estamos obligados a vivir, somos un organismo que late, que respira, que piensa. Debemos, en los peores casos, soportarnos, y en los mejores, disfrutarnos. Es una constante búsqueda de paz, aunque no seamos conscientes.

En este momento está acercándose nube muy oscuras mientras el horizonte se ve impresionantemente raro. Se pronostica una tormenta eléctrica. Rodrigo, que pensaba hacer noche en el lugar, decide tratar de esconderse en algún lugar del pequeño poblado, carga sus trastos y arranca en su bicicleta viajera. Yo me quedo casi solo un rato más, pero ante tanta inmensidad y frente a una gran tormenta, prefiero hacer noche en Playa de las Conchillas, donde el suelo es más seguro y no conozco bien cuánto sube la marea aquí…

La noche que sigue, es la más alucinante de todas la noches de este viaje.

La seguimos…

(34) Tango “Volver” de Alfredo Le Pera y Carlos Gardel.

Imágenes: Todas propias

Acerca de elduendeoscar

Curioso ladrón de palabras en desuso, especialista en rompecabezas con letras y reciclador de lo inhóspito. Todo lo hago para entretenerme mientras voy muriendo. Mentiroso narrador de lo que existe como evidencia y testaferro de la verdad absoluta de las miserias.
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