Boludo lustroso

Boludo lustroso

Cinco años pueden ser un siglo, una condena o un signo” elduendevenenoso

Ayer me senté en un bar, llamé al mozo y le pedí una ginebra doble.

La ginebra me ayuda a dos cosas, no sé si se los dije; Los dos primeros vasos a recordar… y los dos siguientes, a olvidar.

Antes de empezar a olvidarme o hacerme el boludo con lo recordado, tuve la accidental y ocurrente idea de escribirlo. Para algunas cosas soy inteligente, ustedes sabrán qué solo es en algunos momentos.

A los cinco años mi madre me muestra una foto de cuando era bebe y estaba mamando con la cara inundada de teta y babeando leche. No tardé en reaccionar de modo cínico, acusando al bebe que había sido, cómo queriendo marcar una distancia.

¡Qué boludo era!, pensé. Chupaba teta, me cagaba encima y no embocaba la cuchara con puré en mi boca. Entre otras cosas.

La cuestión es qué llegué a creer que si uno hace un analisis mirando cinco años para atrás, nunca de deja de ser un boludo.

A los diez años, me dije: ¡Qué boludo era cuando tenía cinco años! ¡¡¡No sabía andar en bicicleta, ni cruzar la calle solo, creía en Los Reyes Magos y en Papá Noel !!!

Del mismo modo a los quince años sentí que a los diez años era un boludo…perdón un boludito, por qué no sabía nada de sexo, ¡Nada!. Y además creía que mi acné era producto del chocolate!

Pero hasta acá yo mismo me lo perdono si les parece . Cuando uno habla de adolescencia, habla de algo de adolece. En mi caso de cierta humildad.

A los 20 años, me dije:-Qué boludo era a los quince! Todavía guardaba mis juguetes, era tímido, virgen y me masturbaba!

Todo siguió por el mismo carril para mi desgracia. A los veinticinco años, pensé: -Qué boludo era a los veinte. Dormía con la luz prendida porque le tenía miedo a las tormentas y a las arañas, Mi novia se fue con mi mejor amigo para tener mejor sexo, según me dijo, y aún debía tres materias del secundario.

Pero tengo más. Cuando cumplí los treinta años, creía que a los veinticinco, era un verdadero boludo. Todavía no había terminado la facultad, Seguía sin tener novia, amontonaba revistas de mujeres en bolas debajo de mi colchón y no tenía experiencia alguna como para llenar un curriculum para algun trabajo.

Sigo…

-Cuando ya tenía 35 años, me dije, siempre mirando hacia atrás: -Qué boludo era yo a los treinta años. No me había casado, era un soltero alcohólico adicto al porno, fumaba porritos a escondidas y en el trabajo me pagaban dos pesos.

Pero luego de soplar las velitas de mis cuarenta años, me pregunté si a los treinta y cinco no seguía siendo un gran boludo. Por entonces me había metido en un crédito impagable, llegaba tan cansado después de trabajar que lo único que tenía ganas al llegar a casa era mirar el noticiero, creyendo… que el mundo iba a cambiar. Qué boludo…

A los cuarenta y cinco años me dije: Pero qué boludo era a los cuarenta. Mi mujer me engañaba y yo ni lo sospechaba. Volví a fumar cigarrillos después de diez años. A mi hijo no pude manejarlo nunca, y hasta mis viejos, con sus setenta años, me preguntaban; ¿Vos sos boludo?

Tal vez había otras cosas, pero bueno. Siempre tuvimos una relación dificil, lo reconozco. Ellos fueron boludos a su manera. ¡Me tuvieron a mí!

Bien. Exactamente el día que cumplí los cincuenta años, deduje que a los cuarenta y cinco, era un boludo por qué nunca había podido cumplir ningun sueño. Además jamás pude hacer una dieta durante más de un mes, y además, vendí todos mis ahorros en dólares tres días antes de la devaluación. Qué boludo. Creí que por la edad uno zafa, pero no.

Hice otros analisis a los cincuenta y cinco, a los sesenta…

Pero en lugar de escribirlos para no olvidarlos, me tomé el segundo vaso de ginebra.

elduendeoscar

Adaptado como “Boludo lustroso (Pequeño relato de diván)” para el programa 45, T2 E5 “La boludez: Por Naturaleza o por conveniencia. Emitido el 2 de junio de 2020 por Radio L Plata 90.9

Acerca de elduendeoscar

Curioso ladrón de palabras en desuso, especialista en rompecabezas con letras y reciclador de lo inhóspito. Todo lo hago para entretenerme mientras voy muriendo. Mentiroso narrador de lo que existe como evidencia y testaferro de la verdad absoluta de las miserias.
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