ANÉCDOTAS DE PLAYA

ANÉCDOTAS DE PLAYA

Quienes me conocen saben de mi placer de estar frente al mar. Desde que lo descubrí a los 8  años ha sido para mí, un paisaje misterioso, fascinante y poderoso. En mi visita por las playas suelo escribir describiendo un poco las costumbres, un poco hechos, personajes y casualidades que se dan en las playas. Les convido algunas…

Esta serie de relatos tiene como destino hacer de la cultura pagana de vacacionar en las playas, el rescate de alguna historias para entretenerse y pensar en que todo es posible. Son experiencias personales en distintas costas mezclando realidades y ficciones junto a relatos de terceros.

elduendeoscar

 GROSO-GROSO

Ayer en la playa, el viento hizo volar una sombrilla que le pegó en la cara a un tipo muy musculoso que se estaba yendo.

Sorprendido, se quedó paradito en el lugar donde estuvo clavada, junto a objetos cubiertos por una pequeña loneta.

Cada tanto se tocaba la cara como para aflojar el dolor del golpe. Mirando para todos lados, insultaba en voz baja. Muchos testigos sin moverse de su lugar estaban esperando el desenlace.

Una hora después llegaron los propietarios.

Dos ancianos de unos setenta años que caminaban muy despacio.

El fornido tipo beso a la señora y saludo con un leve apretón de manos al abuelo.

Pude escuchar que dijo “me quedé cuidando sus cosas para que no se vuelen”

Groso

(Anécdotas de playa, San Clemente del Tuyú Romano)   21 DE ENERO DE 2018

PELUQUÍN

Cuando instalamos nuestra media carpa a unos 30 metros de la orilla del mar, en plena arena blanda, no nos dimos cuenta. Nos pareció extraño que hubiera ese hueco de arena habiendo tanta gente. Luego de acomodar los bártulos playeros empezamos a visualizar al “vecindario” que nos rodeaba. Familias con hijos, adolescentes con música, parejas grandes solas y algunos solitarios eran los pobladores de esa tarde. Sumados los carritos de venta de panchos, choclos, prendas, licuados, gaseosas, agua caliente, helados y los infaltables churros y bolitas rellenas. Así la playa es una analogía transmutante de lo que es una ciudad y nunca entendí a qué se le llama vacaciones en la playa. Ese gentío y todos sus ruidos son parte indisoluble del paisaje de los descansos veraniegos de los pobres.

Luego de un rato nos dimos cuenta. A dos metros de nuestra pequeña carpita había tirada sobre la arena un peluquín de pelo negro. Inmediatamente supusimos que un viento fuerte podría haber deschabado a alguna cabeza pelada o que alguien habría hecho un festejo la noche anterior y ese adminiculo hubiera formado parte de un disfraz. Hasta ahí todo bien. Pero nos empezamos a preocupar, ya que la gente al verlo, lo esquivaba como con asco y miedo. Y se nos cruzó la idea de que pudiera ser parte de algún ritual maléfico. Creo que como parte de mi neurosis llegué a pensar que tal vez hubiera alguien enterrado y que no sería un peluquín, sino, el pelo emergiendo a la superficie. Casi contaminados por las conductas del resto, charlamos la idea de movernos de allí seriamente. Pero no lo hicimos.

Una paloma lo picoteó varias veces, lo atrapó en su pico y se lo llevó. Tal vez para su nuevo nido.

Anécdotas de playa, SAN CLEMENTE DEL TUYÚ ROMANO, 22 DE ENERO DE 2018

SOBREPESO

Un hombre de unos cuarenta años caminaba con gran dificultad por su sobrepeso rumbo al mar. La tarde era calurosa y una buena refrescada se hacía innegable. Ingreso al agua hasta cubrir su cintura. Las olas, a pesar de su alta talla y gran porte, igualmente lo desestabilizaban. Durante unos cinco minutos esa escena ocupó mi atención y la de otros. En lo particular se me ocurrió pensar en cómo haría el guardavidas, para sacar a ese hombre del agua, si hubiera que hacerlo para salvarle la vida. Y se lo cuento a un amigo guardavidas de la playa de Ostende.

Y él me cuenta que “…una vez un habitante de Europa del Este -según se pudo interpretar el idioma con que se manejaba- vacacionaba junto a su familia en una playa española. Este hombre pesaba alrededor de 150 kilos. Ingreso al mar como cualquiera hasta que empezó a tener dificultades para salir y empezó a tragar agua y dar manotazos. Allí, los dos guardavidas que vigilaban a los bañistas, salieron corriendo en su dirección y en un santiamén llegaron a él. Pero se encontraron con una dificultad inesperada. Habitualmente para sacar a alguien del agua, se lo toma por los brazos con una mano y con la otra se nada hacia la orilla junto al pataleo casi frenético para acelerar el auxilio. El diámetro de los brazos de este hombre en problemas era un impedimento, por lo que tuvieron que abrazar cada brazo (uno de cada lado) y empujar con sus pies hasta salir. Tanto fue el patear el agua que terminó agotándolos, pero lograron salvar esa vida. Este hombre, luego del auxilio, se sentó en una reposera en estado de shock y permaneció unas tres horas con los ojos abiertos y sin hacer ni una mueca”. Su familia mientras tanto, seguía jugando en la arena.

Anécdotas de playa. Ostende enero 23 de 2018. Escrito en base a un hecho ocurrido en San Clemente y el relato de WA junto a JJ de su anécdota en Torrevieja, España.

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Acerca de elduendeoscar

Curioso ladrón de palabras en desuso, especialista en rompecabezas con letras y reciclador de lo inhóspito. Todo lo hago para entretenerme mientras voy muriendo. Mentiroso narrador de lo que existe como evidencia y testaferro de la verdad absoluta de las miserias.
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